Un cuarto de siglo después de nuestro nacimiento, la web es muy distinta a como la concibieron sus inventores, allá por 1989. El sueño de una web abierta y para todos, que inspiró a muchos de los que nos esforzamos por adoptar tempranamente sus estándares, es -por razones tecnológicas y políticas que son de todos conocidas- cada vez más difícil de alcanzar.
Lo mismo que a comienzos de 1997, quienes hacemos Iruya.com queremos en 2022 una web que, como espacio de libertad sin fronteras, sea la base de la democracia universal y no solamente una herramienta al servicio de la economía globalizada y de los negocios. Trabajamos todos los días para ello.
Nuestros objetivos apenas si han cambiado y, en buena medida, se han vuelto cada vez más necesarios para la convivencia, en un mundo amenazado por las mentiras y la deformación interesada de la realidad.
El desafío es doble, por cuanto en todos estos años nuestra contribución a la libertad y a la democracia ha tenido como principal estímulo y objeto de preocupación a la situación política y social de Salta, un lugar en el mundo en plena transformación y muchas veces inexplicablemente urgido de explicaciones que casi nadie se anima a dar.
Aquella frase de Tolstoi («pinta tu aldea y pintarás el mundo») ha sido y sigue siendo para nosotros una bandera y un símbolo de inspiración para la lucha contra la injusticia, los abusos de poder y el menoscabo de la dignidad humana.
Estos males no solo afectan a Salta sino que, desgraciadamente, se encuentran en casi todos los rincones del mundo y hacen la vida más difícil a miles de millones de personas.
Concentrar los esfuerzos en Salta es una forma, tan válida como las demás, de contribuir a erradicar las injusticias del mundo.
Veinticinco años es muy poco tiempo para alcanzar un objetivo tan ambicioso como este. Que nuestro esfuerzo sirva, no obstante, para demostrar que, frente a determinadas amenazas, frente a ciertos desafíos, retroceder no es posible, rendirse no es una opción.
Que estos veinticinco años de «admirable constancia» sirvan para llenar de optimismo a quienes sueñan con un mundo mejor y sirva también para que aquellos que desde hace tiempo se empeñan en sepultar esos sueños bajo tierra se vayan enterando del trabajo que les va a costar desalojarnos del campo de batalla.
