En Salta, las exhibiciones obscenas son competencia de la Fiscal de Violencia de Género

La Policía de Salta informa hoy de un curioso caso de exhibiciones obscenas que al parecer ha tenido lugar en la ampliación del barrio Los Ceibos de la capital provincial.

El caso es curioso, decimos, porque según la propia Policía ocurrió de madrugada cuando sus agentes de desplazaron al lugar y constataron «la presencia de un hombre que fue reconocido por los vecinos como exhibicionista».

Es decir, que si nos dejamos guiar por el parte oficial de la Policía, ésta no recibió ninguna denuncia ni petición de auxilio desde el barrio Los Ceibos, sino que sus efectivos se trasladaron a este lugar en donde los vecinos, al ver pasar a la patrulla, señalaron a un hombre como exhibicionista. "Pssst. Miren, ese de ahí es un degenerado exhibicionista".

El parte policial no indica en ningún momento que los agentes se hayan preocupado por averiguar si el hombre señalado por los vecinos era efectivamente un exhibicionista. Lo que dice el parte que, al advertir la presencia policial, el «reconocido exhibicionista»  emprendió la fuga hacia el interior de una vivienda, que al parecer no era la suya propia, y a la que habría entrado como Perico por su casa.

Los agentes se dirigieron entonces a esta vivienda, a la cual pudieron acceder con la autorización del propietario (un propietario especialmente tolerante, pues ya antes se le había colado el presunto degenerado), y procedieron a detener al hombre, que «se encontraba en el patio en forma agazapada».

En principio, el hombre fue detenido por exhibicionista y no por allanamiento de morada, por agazapamiento agravado o por otra infracción penal, aunque la información policial no indica en ningún momento que los agentes hubieran sorprendido al hombre realizando actos obscenos (es decir, un supuesto de flagrancia).

Esta peculiar forma de proceder quiere decir, que en Salta si alguien desea que metan preso a un vecino indeseable, no le hace falta molestarse en acudir personalmente a la comisaría para denunciarlo; ni siquiera necesita levantar el teléfono para llamar a la Policía: es suficiente con esperar que pase la patrulla y decirle a los agentes "Pssst. Miren, ese de ahí es un degenerado exhibicionista".

Inmediatamente las fuerzas del orden, sin darle ninguna oportunidad al presunto denegerado, lo perseguirán a toda carrera, saltando todas las tapias que se interpongan en su camino, y no se detendrán ni ante la sagrada inviolabilidad de los domicilios, hasta lograr echarle el guante.

Y lo más curioso de todo: pondrán al supuesto exhibicionista a disposición de la Fiscalía Penal de Familia y Violencia de Género, en la firme creencia de que los atentados al pudor y las buenas costumbres solo ofenden a las mujeres, y poco o nada a los hombres, a los que al parecer les encanta que tipos sin educación y sin vergüenza muestren sus genitales en público.

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