El Obispo de Orán abre el curso académico 2014 de la Escuela de la Magistratura

A pesar de que en la Argentina existe una separación formal y funcional entre Iglesia y Estado, la influencia de la prelatura católica sobre el funcionamiento de las instituciones públicas parece cada vez más intensa.

Ahora le ha tocado el turno a la Escuela de la Magistratura de Salta, lugar en donde reciben formación los futuros jueces, magistrados, funcionarios y empleados judiciales, cuyo curso académico 2014 ha sido inaugurado por el Obispo de la ciudad de Orán, señor Gustavo Zanchetta.

Hasta hace poco, en inauguraciones como estas los obispos se limitaban a agitar el aspersorio y a repartir bendiciones, pero el señor Zanchetta ha preferido en esta ocasión dejar de lado el agua bendita y las hornacinas para tomar el micrófono y dirigirse a los magistrados en progreso de construcción en una interesante conferencia sobre 'Justicia y sociedad'.

Mientras en Salta se desarrolla un juicio en el que la figura ya de por sí evidente del presidente del tribunal aparece empequeñecida por un enorme crucifijo que cuelga a sus espaldas, tal como si la sentencia fuese a ser pronunciada por el mismísimo Jesucristo y no por jueces letrados en carne mortal, al presidente del Consejo Académico de la Escuela de la Magistratura, señor Fabián Vittar, le ha parecido mucho más pedagógico dejar que la idea de Justicia sea expuesta a los alumnos (futuros jueces) por un experto en cuestiones religiosas.

El juez de la Corte ha convertido así a la neutral y equidistante Escuela de la Magistratura de Salta en una especie de asociación de jueces católicos, sin que en ningún momento haya consultado esta decisión con los interesados.

Las primera palabras del señor Zanchetta fueron bastante contradictorias, pues el obispo consideró “imprescindible asegurar la independencia del poder judicial respeto del poder político y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia”, algo que se da de narices con la injerencia de la jerarquía católica en los cenáculos formativos de los jueces de Salta; unos jueces que no dictarán sus fallos con arreglo a las leyes de Dios sino a las de los hombres y que muchas veces -pese a la dimensión de ciertos crucifijos- ni siquiera son creyentes.

Zanchetta exhortó a los presentes a involucrarse para “poner límite a todas las miserias que nos destruyen como sociedad”, considerando que “no nos merecemos vivir así”. El obispo no pudo evitar que sus palabras sonaran en algunos oídos como una sincera admisión de culpas.

La ronda de discursos finalizó con la exposición del propio señor Vittar, quien no ha querido quedar a la zaga prelado en materia de contradicciones, pues dijo que si algo distingue al Consejo de la Magistratura de Salta esto es «la pluralidad de personas», un pluralismo en todo caso desmentido rotundamente por la elección de un obispo católico para la inauguración formal de unas actividades académicas que ponen en seria duda la laicidad de algunas instituciones del Estado provincial salteño.

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