Carnaval salteño: 'Una abierta, llana y absoluta omisión'

Hasta hace poco se pensaba en el carnaval salteño como una 'marca' destinada a competir en prestigio con otros carnavales renombrados a nivel mundial, como el de Corrientes, el de Río de Janeiro o el de Venecia.

Los esfuerzos por conferir a nuestro carnaval una identidad distintiva, basada en la riqueza de sus aportaciones culturales transfronterizas, han resultado del todo inútiles, hasta el punto que hablar hoy de «carnaval salteño»  comporta -al menos para Municipalidad de Salta- referirse a una realidad recortada e insuficiente, que posterga injustamente a los «pueblos hermanos»  que vienen a compartir la fiesta con nosotros.

Esta tremenda injusticia nominal no ha pasado desapercibida para el responsable del área de Cultura de la Municipalidad de Salta, el poeta Hugo Ovalle, quien entiende que la salteñización del corso es «una abierta, llana y absoluta omisión de la riqueza que aportan los pueblos hermanos de Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y otras comunidades latinoamericanas radicadas en nuestro medio».

Así lo ha expresado el señor Ovalle en una declaración de prensa oficial dada a conocer esta tarde por la Municipalidad de Salta.

Es así que el ocurrente e inspirado poeta ha decidido acabar -por las suyas, sin consultar más que con su espejo- con esto del carnaval salteño, que tanto esfuerzo había costado instalar en el imaginario colectivo nacional, y sustituir así su indigno nombre por el de “Salta: Carnaval de la Patria Grande”.

El poeta sigue así la línea de quienes han eliminado el nombre de Salta de la comunicación oficial y llaman al Intendente Municipal "Jefe de la Ciudad" (de una ciudad sin nombre), y de quienes experimentan un intenso placer echando abajo monumentos y renombrando las calles con la misma facilidad con que se bautiza a una mascota.

Por consiguiente, a partir de ahora nuestro carnaval, nuestro histórico y colorido carnaval vallisto, dejará de ser único para pasar a ser una manifestación cultural variopinta, mixta e internacional; dejará de ser «salteño»  -por aquello de la abierta, llana y absoluta omisión de la riqueza- y aunque se haga aquí, en nuestro mejor corsódromo, con los impuestos de todos los hermanos de la Patria Grande que habitan la muy noble y muy leal ciudad fundada por Lerma, el carnaval lugareño eliminará de su nombre el gentilicio que identifica (por no decir que llena de orgullo) a los nacidos en esta ingrata y omisiva tierra.

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