Crítica social

La sectorización de los Via Crucis en Salta es un hecho alarmante que cuestiona la unidad misma de la vasta grey católica. Antiguamente, la representación de la pasión y muerte de Jesucristo, con sus estaciones e incidentes particulares, constituía un ejercicio piadoso que abrazaba a todos los cristianos por igual, sin distinguir entre clases, oficios y profesiones.

La larga lista de palabras polivalentes que nuestros comprovincianos suelen emplear para adornar los discursos más huecos pero que carecen de un significado preciso tiene, indudablemente, un vocablo rey: institucionalidad.

El pasado mes de octubre de 2013, nuestro sitio web publicó un artículo titulado «La salud moral de Salta, a través de los ojos de la justicia provincial» en el que se enumeraba una serie de graves casos de abusos sexuales a menores de edad ocurridos en la Provincia de Salta, que habían llegado a conocimiento de la justicia y se habían saldado con la condena a prisión de sus autores.

El siguiente artículo fue publicado en nuestro sitio web el pasado 2 de enero de 2012. A pesar de que han transcurrido dos años desde aquella publicación, la vigencia de estas líneas permanece intacta. Queremos volver a compartir con nuestros lectores las reflexiones críticas acerca de la obsesión salteña por medir, con precisión milimétrica, la hora de nacimiento del primer bebé del año.

Cualquiera que efectúe un ligero repaso sobre las «noticias»  que por estos días difunden el gobierno provincial y la Municipalidad de Salta puede darse cuenta de que la nota común y, al mismo, tiempo más saliente de estas informaciones es el extraordinario refuerzo de los controles que la autoridad lleva a cabo sobre la actividad de los ciudadanos.

La corrupción es un complejo fenómeno social, político y económico, que afecta a todos los países. Por ejemplo, socava las instituciones democráticas al distorsionar los procesos electorales, pervertir el imperio de la ley y crear atolladeros burocráticos, cuya única razón de ser es la de solicitar sobornos. También atrofia los cimientos del desarrollo económico, ya que desalienta la inversión extranjera directa y a las pequeñas empresas nacionales les resulta a menudo imposible superar los «gastos iniciales» requeridos por la corrupción.

Los intentos por someter a la estética, la belleza y la esencia filosófica del arte a la ideología han fracasado sistemáticamente. Al igual que sucede con otras inclinaciones del alma -como el amor- la percepción y el disfrute de la belleza no son sensaciones que puedan imponerse por decreto; ni siquiera por un gobierno que presume del apoyo del 57 por ciento del electorado.

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