Adoctrinamiento infantil en Salta: De La Cámpora al Fondo de Reparación Histórica

Imagen ilustrativaLa infancia salteña es, desde hace bastante tiempo, el botín de guerra del combate ideológico. La escuela pública, un lugar en donde nuestros niños deberían ser educados en libertad y en igualdad de condiciones, se ha convertido en el terreno preferido por los manipuladores de turno (sean estos religiosos o laicos) para llevar a cabo este verdadero crimen institucional que atenta contra los derechos fundamentales de los niños.

En Salta no solo hay cuerpos de policía infantil y hasta de tránsito, sino que no falta quien proponga extender este pernicioso modelo de manipulación de conciencias en formación hacia otros puntos del país.

Una reciente sentencia judicial ha puesto sobre el tapete la confusión reinante en Salta entre la enseñanza religiosa reglada -a la que todo el mundo tiene derecho- y el adoctrinamiento compulsivo, a través de actos y manifestaciones de culto que, bajo el pretexto de la "tradición", sobrepasan antijurídicamente los marcos académicos.

Los niños nacen con derecho a que se les eduque, pero constituye una flagrante violación de sus derechos y de los de su familia sembrar doctrinas ideológicas en sus conciencias o forzar en ellos simpatías políticas que excedan los contenidos mínimos y necesarios para una elemental formación cívica.

Por esta razón, es sorprendente que un diputado provincial -concretamente el señor Javier David- haya presentado un proyecto para pedir al gobierno de Salta que informe sobre "eventuales actividades militantes de la agrupación kirchnerista La Cámpora en escuelas de Salta".

La reacción del diputado es buena, pero sin dudas insuficiente y -hasta cierto punto- ofrece reparos en cuanto a su sinceridad, ya que tenemos la tendencia de sentirnos agraviados cuando el que adoctrina es el antagonista ideológico, pero no cuando lo hacemos nosotros mismos.

Si la actitud del diputado David fuese sincera y valiente, debería igualmente pedir explicaciones al gobierno por la descarada propaganda que realiza el Fondo de Reparación Histórica en fiestas patronales y en desfiles de niños de muy corta edad, a quienes no solamente se exhiben en forma gráfica las supuestas bondades de las obras, sino también la figura de su realizador, expuesta en carne mortal.

Los niños de todo el mundo -los de Salta también- tienen derecho a no ser utilizados ni manipulados en ningún sentido por el poder político; a no ser obligados a agitar banderitas frente a funcionarios de cualquier rango; a no reverenciarlos como si fuesen semidioses o símbolos de la patria; a no escuchar sus discursos sin darles siquiera la oportunidad de negarse a hacerlo.

Los niños de Salta tienen derecho a crecer y a desarrollarse en libertad, sin ataduras ni bridas ideológicas o religiosas no deseadas. Para ello, los adultos tienen el deber de exigir que estos derechos sean respetados y que, en lo posible, se sancione una ley que no solo prohiba sino que castigue el adoctrinamiento infantil y juvenil de cualquier especie, signo u orientación.

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