Marcelo Lami, un Jefe de Policía 'pechador' de la retaguardia

La imagen del Jefe de Policía de la Provincia de Salta empujando desde atrás a sus subordinados para contener a un piquete de docentes enfurecidos, pero inermes, frente al poder ofensivo de los antidisturbios, se ha ganado a pulso un destacado lugar en la historia de la psicopatología institucional de esta Provincia.

Es cierto que la actitud del Jefe no parece muy valiente que digamos, al menos no en el sentido sanmartiniano de la expresión.

Pero no es menos cierto que el Jefe no parecía especialmente preparado para una acción antidisturbios, a juzgar por su vestimenta casual y desenfadada.

Sin embargo, la foto (reproducida aquí con la mejor intención y reconociendo plenamente los derechos de su genial autor) da la medida exacta de la patética desorganización que impera en la casi bicentenaria institución que, para suerte o para desgracia nuestra, es la responsable de la seguridad de la vida, los bienes y el orden público de los salteños.

Porque, si miramos bien la escena, veremos que el caso del Jefe parapetado detrás de la tropa, empujando a los suyos por la espalda y no en el papel de adalid, como mandan los cánones e impone la responsabilidad de su alto cargo, no es el único signo de desestructuración moral y funcional. Un caso muy parecido al del tristemente célebre capitán Schettino, el hombre que abandonó el Costa Concordia antes que los pasajeros y el resto de la tripulación cuando el barco comenzaba a hundirse.

Es llamativo también que los policías antidisturbios que llevan chalecos antibalas y cascos protectores se encuentren detrás de los policías con uniforme de calle, que no llevan protección ninguna.

Más inexplicable todavía, es que uno de estos robocops  de reluciente armadura se encuentre parapetado detrás de una mujer policía de escasa envergadura física, que además solo viste la camisa y el pantalón reglamentarios.

Jerarquías invertidas

Las jerarquías parecen invertidas en la Policía de Salta, excepto en cuanto hace a los sueldos, ya que el Jefe marcha en la retaguardia cuando debió hacerlo al frente y las fuerzas de choque, en vez de chocar, se protegen detrás de la blandura de otros policías menos preparados para las operaciones cuerpo a cuerpo.

En la realidad, para completar el retrato de las jerarquías trastrocadas, faltó en la imagen el Ministro de Seguridad empujando desde atrás al Jefe de Policía, y al Gobernador de Salta empujando a su vez al ministro por la espalda. Es decir, todo un «scrum institucional», al mejor estilo del Chipi Figallo.

Lo peor del caso es que en frente solo había maestras y maestros insatisfechos, cuyo único poder ofensivo consiste en el conocimiento y, si acaso, en alguna tiza que pueden arrojar de tanto en tanto.

Con esta prístina demostración de valentía y organización, es lógico que el narcotráfico y la delincuencia concertada que azotan a Salta se froten las manos.



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