Crítica política

El viejo recinto de la Legislatura de Salta, lugar en donde cada cierto tiempo se realizan simulacros de sismos y evacuaciones controladas, ha sido escenario anteayer de otro simulacro, pero esta vez de carácter político.

Una de las cosas más estúpidas que he escuchado en esta campaña electoral es que los legisladores que hayan de ser electos por la Provincia de Salta para integrar las cámaras del Congreso Nacional, además de dedicarse a su cometido específico de contribuir a hacer las leyes de la Nación, deben hacer «gestiones».

Establecer con certeza quién o quiénes representan y ejercen la oposición política en Salta es una tarea tan complicada como encontrar a Wally.

El asunto no tiene una importancia menor si se tiene en cuenta que para los ciudadanos normales es muy importante saber quiénes son los que gobiernan (por aquello de la obediencia debida)

Los esfuerzos del actual Gobernador de Salta por imitar las acciones y los logros de su antecesor en el cargo y antiguo mentor no han sido vanos. Al cabo de un tiempo razonable y a base de empeño y perseverancia, Juan Manuel Urtubey ha conseguido alcanzar la doble aunque contradictoria condición de político exitoso y de líder de un gobierno desastroso, que con envidiable maestría supo ostentar el exgobernador Juan Carlos Romero durante doce años.

El marketing y la ingeniería electoral han alcanzado entre nosotros tales niveles de sofisticación que la mayoría de ciudadanos comunes ya no es capaz de distinguir entre un político genuino, inclinado hacia el servicio público, y un millonario que solo instrumentaliza la política para aumentar su poder y hacer más cuantiosa y perdurable su fortuna.

Que el gobernador Urtubey y el vicegobernador Zottos coincidan en la procesión de la Virgen del Perpetuo Socorro es una burla sangrienta; una ironía mordaz y cruel.

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