Crítica política

Evidentemente Urtubey no es Obama ni el gobierno de Salta se parece al de los Estados Unidos de América. Las comparaciones, cuantitativas y cualitativas, no son en este caso odiosas sino que resultan imposibles, cuando no inútiles.

En tiempos de campaña electoral no siempre es fácil distinguir entre la información y la propaganda. A los partidos políticos -a las pequeñas sectas, valdría mejor decir- les está permitido mezclar una cosa con la otra. Pero no al gobierno, que si no tiene derecho a hacer campaña electoral, mucho menos derecho tiene a intoxicar la información pública con propaganda proselitista.

Entre los llorisqueos federalistas más recurrentes de los salteños se cuenta la histórica queja de que los políticos "nacionales" visitan poco o nada nuestra Provincia y dedican, en general, una escasa atención a nuestros problemas.

A pesar de este resentimiento acomplejado, las figuras nacionales siguen siendo decisivas para darle cierta coherencia a las disputas locales, para reforzar la identidad de ciertas tribus,

El cargo de concejal, otrora devaluado, se ha venido apreciando con el correr de los años y el aumento de las partidas presupuestarias que, de un tiempo a esta parte, permiten generosos gastos de personal en el seno de los concejos deliberantes municipales.

Uno termina acostumbrándose a las cosas buenas. Es lo malo que tiene lo bueno. Y cuando alguien se acostumbra a hacer algo bueno durante un largo periodo de tiempo -como votar por ejemplo- sucede lo de siempre: cada vez nos interesa menos.

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