Crítica política

El Gobernador de Salta pertenece claramente al grupo de los que piensan que la creciente criminalidad y la alarmante inseguridad ciudadana se combaten poniendo más policías en las calles; pero no para enfrentar a los que transgreden la ley y atacan la convivencia, sino para amedrentar a los ciudadanos.

La pregunta -y obviamente, su respuesta- no tiene nada que ver con la legitimidad del señor Urtubey para ejercer el gobierno de Salta. Es decir, no está relacionada ni con la pureza del título jurídico que lo respalda ni con los niveles de obediencia o de aceptación de su ejercicio por parte de los gobernados.

Cuando los partidos políticos no existen o no aciertan a desempeñar la función para que se supone fueron creados, el que tiene la tarea de gobernar se enfrenta al dilema de convocar para la tarea de gobierno a amigos de su confianza más cercana -generalmente inútiles de solemnidad- o de llamar a personalidades independientes que, por lo general, no comulgan con su credo.

Los resultados de las elecciones celebradas ayer en Salta obligan a reflexionar sobre el fracaso de una clase dirigente vertebrada alrededor de los intereses comunes del dinero y el poder absoluto.

Me ha llamado mucho la atención el tuit de un entusiasta seguidor del senador Juan Carlos Romero, en el que exhorta a éste a 'recuperar la Provincia'.

Mientras pensaba en lo inquietante que resulta -al menos para mí- descubrir que alguien concibe como un objetivo político de primera magnitud el que Romero (o cualquier otro)

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