Crítica política

Urtubey (h), a la cabeza de la procesiónComo bien es sabido, la ciudad termal de Rosario de la Frontera, cabecera del Departamento del mismo nombre, se encuentra ubicada en el sur de la Provincia de Salta. Es decir, no forma parte del «Norte», a que se refiere el artículo 1º de la ley provincial 7.691; ni se halla, como es obvio, en los departamentos de Orán, San Martín y Rivadavia, ámbito de aplicación del llamado “Fondo de Reparación Histórica del Norte de la Provincia de Salta”, creado por la citada ley.

Foto: Cámara de Diputados de SaltaLa concesión del derecho de sufragio activo a los mayores de 16 años y su configuración como una facultad y no como una obligación cívica es algo que está directa y estrechamente relacionado con la madurez del sistema político. Requiere, entre otras cosas, de un sistema educativo muy eficiente, no tanto en la formación de los valores de la ciudadanía (que también) sino especialmente en el conocimiento de la realidad.

Es de lamentar que una muy buena iniciativa como ésta haya sido totalmente desfigurada en Salta, al caer en manos de un minúsculo grupo de activistas con un currículum bastante dudoso en materia de defensa de las libertades públicas.

Parece lógico, pues, que frente a la intensidad de la campaña desatada en favor del voto joven, a su carácter invasivo y a la profunda irracionalidad de sus argumentos, los auténticos interesados -los jóvenes- reaccionen con recelo y desconfianza.

Así ha sucedido en la reciente jornada de Recinto Abierto, organizada por la Cámara de Diputados de Salta, en cuyo transcurso los jóvenes consultados se pronunciaron, por abrumadora mayoría, en contra de la iniciativa. El varapalo a los activistas y defensores acríticos del proyecto gubernamental ha sido sin dudas formidable.

Los propios jóvenes fueron los encargados de desnudar las carencias formativas de un sistema educativo público (gestionado por el propio gobierno que intenta seducirlos), cuya calidad ya no es, como antaño, homologable a la de los países más avanzados, y que arrastra muy serios problemas de autoritarismo, dentro de las aulas y fuera de ellas.

Pero lo que con más claridad expresaron los jóvenes salteños que se sentaron a debatir en los escaños legislativos fue su rechazo a lo que ellos claramente perciben como una «iniciativa del poder». De un poder que -en este asunto, como en otros- los trata como ganado e intenta llevarles y traerles por una senda ideológica bien definida, sin permitirles ejercer su libertad; esto es, sin reconocerles ese espacio natural que los jóvenes tienen para expresar su rebeldía y su disconformidad frente al poder establecido.

Los manipuladores -en un claro error de cálculo- habían apostado todas sus fichas a la seducción de los jóvenes, a pesar de que el gobierno al que apoyan viene dando repetidas muestras de intolerancia frente a la libre expresión juvenil.

Algunos de aquellos activistas progubernamentales habían llegado al inmoral extremo de ofrecer viviendas públicas y otras prebendas oficiales en mítines y asambleas de estudiantes secundarios y universitarios. Su recortada visión de la democracia les había conducido a pensar incluso que era suficiente con que los interesados se pronunciasen sobre el derecho al voto desde los 16 años para que la iniciativa pudiera prosperar.

Pero los propios jóvenes, más prudentes y más democráticos, les han recordado que el voto joven no es solo una cuestión de ellos, sino que es asunto que atañe al conjunto de la sociedad política, y que ni las manipulaciones ni los plebiscitos sectoriales -especialmente cuando vienen impuestos desde afuera- son suficientes para resolver una cuestión que afecta a los cimientos más profundos de la ciudadanía democrática.

En resumen, que un grupo de jóvenes salteños, en debate abierto, sereno y reflexivo, ha sacado los colores a los pequeños manipuladores de conciencias y puesto en evidencia, otra vez más, la sesgada parcialidad y la parvedad de los fines que persiguen.

Patronales en El CarrilEl Vicegobernador de Salta instrumentaliza el sentimiento religioso para conseguir fines políticos. Desde que Zottos recorre los pueblos de Salta durante los fines de semana, procesiones y misachicos, santos y vírgenes, vicarías y parroquias, pensados originalmente para honrar a Dios y a su Santa Iglesia, se han convertido en poderosas herramientas de fidelización ideológica y electoral.

Lo más llamativo del asunto es que esta descarada invasión sobre las conciencias de los fieles se produce con la aquiescencia del Arzobispo, del Vicario General y de los párrocos locales, que parecen ver el avance de la potestad temporal sobre los asuntos divinos como una oportunidad de «devolver la gentileza» y ocuparse, también ellos, de los asuntos cívicos y políticos, valiéndose de la autoridad moral que les confiere su investidura eclesiástica.

Ha sucedido otra vez el pasado fin de semana, durante las celebraciones de la Virgen de la Merced, en la localidad de El Carril, un feudo «zottista», en el que, a juzgar por las cédulas parcelarias de los asistentes, la fiesta patronal no tuvo por objeto honrar a los «patronos» sino a los «patrones».

Allí, entre fortines, guardamontes, misachicos y sotanas, un encanecido Zottos desplegó nuevamente su arsenal de recursos propagandísticos, pero no en favor de la Virgen de la Merced, ni de Jesucristo o sus Apóstoles, sino en favor del gobernador Urtubey y del suyo propio.

Los santos y las obras públicas son como el agua y el aceite pero el poder de turno -con Zottos como estandarte- no ahorra ocasión para jugar con ambas cosas, sin la más mínima seriedad.

Prueba de esta mezcla irreverente, rayana con el sacrilegio, es la siguiente frase pronunciada por Zottos durantes la celebración religiosa: “Estamos aquí para honrar a la Virgen de la Merced y para dar testimonio de nuestro compromiso de trabajo conjunto con el pueblo de El Carril y de todo el Valle de Lerma”.

Cómplices de esta vergonzosa degradación de la solemnidad religiosa y de la no menos abominable manipulación de las conciencias son el señor Arzobismo, Mario Antonio Cargnello; la diputada nacional Cristina Fiore, el senador provincial Luis D'Andrea, la diputada provincial Virginia Diéguez, los intendentes Esteban D'Andrea, Esteban Ivetich y Mario Aramayo y el párroco de El Carril, Luis Nanterne.

Urtubey y RomeroEl espíritu justiciero del actual Gobernador de Salta es sin dudas digno de encomio. Si lo que de verdad se propone Urtubey es impulsar el juzgamiento de su predecesor por los delitos que éste pudiera haber cometido durante sus larguísimos doce años en el poder, los ciudadanos no podemos hacer otra cosa más que aplaudir este empeño.

Imagen ilustrativaDe profundas raíces salteñas (como lo demuestra su puntual asistencia a las fiestas de la Pachamama y a las cacharpayas cafayateñas), la jueza del Tribunal Administrativo de Faltas de la Municipalidad de Salta, señora Gisella Ivana Moreno, eligió sin embargo la Provincia de Córdoba para pasar las salteñísimas fiestas del Milagro.

Placa de Río PiedrasLo de las placas del gobierno de Salta es un asunto que está pasando de castaño a oscuro. El culto a la personalidad ya no tiene límites de ninguna naturaleza, porque no hay una ley que regule esta materia, no hay norma moral que consiga llamar a la reflexión a los figurones y porque el mal gusto forma parte de su esencia cívica.

Intendente de Río PiedrasPara el Intendente de Río Piedras, señor Gustavo Dantur, a los hechos ocurridos durante el combate de Río Piedras (librado hace 200 años) "les faltó difusión". Por tanto, el jefe municipal ha tomado sobre sí la tarea de corregir, dos siglos más tarde, los fallos de comunicación que en su momento impidieron a los generales Belgrano y Díaz Vélez dar una adecuada "difusión" a los pormenores de la batalla.

“Es una tarea que nos convoca; debemos difundir qué es lo que sucedió”, dijo el señor Dantur, para quien seguramente los libros de historia no reflejan con total exactitud lo que de verdad sucedió en el campo de batalla de Río Piedras. ¿Tal vez hay algún detalle de la historia que el intendente Dantur conozca y que no esté en los libros?

Es de todo punto de vista lamentable que el General Belgrano, entre sus petates, no llevara un iPhone, pues de haberle proporcionado uno ese grupo de tacaños que integraban Chiclana, Paso y Sarratea, seguramente todo el mundo se hubiera enterado a tiempo real de lo que realmente sucedió en el campo de batalla de Río Piedras.

¿Tan atareado estaba Belgrano que no pudo ni siquiera contratar a un estudiante de tercer año de comunicaciones sociales que pudiera oficiar como su jefe de prensa?

Gobernar es difundir, piensa el intendente Dantur y por ello se ha propuesto inundar las redes sociales, las salas de cine y los salones de actos de las escuelas con la recreación del combate de Río Piedras. Muy victorioso pudo haber sido Belgrano, mucha tumba puede tener en Santo Domingo, pero su fracaso comunicacional es evidente, y para solucionarlo ha nacido otro prócer en la figura del intendente Gustavo Dantur, quien no solo volverá a expulsar a los realistas de su territorio sino también, esta vez, de la historia.

Para comenzar con su demoledora tarea de difusión, en el bicentenario del combate, el intendente se ha calzado un estupendo saco blanco de patrióticas proporciones, como para que ninguno de los mordaces ministros del gobierno de Urtubey diga luego en voz baja lo que se escuchó ayer en el palco oficial durante el desfile: que el intendente, entre tanto gaucho marrón y gris, parecía "helado de crema americana de diez kilos".

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