Columnas

Cristina Fernández de KirchnerEn los últimos días empieza a quedar claro que la cosa no es solamente con Scioli o con Moyano: el gobierno de la señora de Kirchner aprieta las tuercas sin excepción a todos aquellos que aspiran a moverse con alguna autonomía, y es especialmente celosa de los jefes políticos territoriales que gobiernan distritos importantes y muestran ambiciones presidenciales. “Busca someter al que piensa distinto”, diagnosticó Mauricio Macri. “La raíz del problema” està en la Casa Rosada, puntualizó José Manuel De la Sota.

Axel KicillofEl decreto que dos días atrás creó la Comisión de Planificación y Coordinación Estratégica del Plan Nacional de Inversiones de Hidrocarburos, un ente que estará bajo la batuta del viceministro de Economía, Axel Kicillof, es una nueva aplicación de la consigna “vamos por todo”, que la señora de Kirchner ha lanzado a sus fieles en esta etapa.

Cristina F. de KirchnerEn la última semana la Casa Rosada se inclinó por el revisionismo. No por el revisionismo histórico, sino por el de decisiones y declaraciones recientes y propias. Contra lo que la Presidenta anunció dos semanas atrás con tono desafiante (“no voy a permitir que ningún gendarme salga más”, había dicho) y al revés de lo que había ratificado el secretario de Seguridad, Sergio Berni (“cada jurisdicción deberá resolver sus propios conflictos"), varios centenares de efectivos de la Gendarmería, la Policía Federal y la Prefectura fueron despachados a Santa Cruz para cubrir el vacío creado por una huelga de más de dos semanas de la policía local.

Daniel Scioli y Hugo MoyanoApenas a siete meses de que la señora de Kirchner asumiera su segundo mandato (el tercero consecutivo de la familia), puede decirse que se han iniciado los trabajos de la sucesión. El tema nunca es menor para los regímenes hegemónicos: la prueba del ácido para este tipo de dispositivos reside en garantizarse la permanencia o, al menos, determinar la supervivencia del sistema a través de la elección del heredero. Sólo se permiten pensar en términos de -como se decía en tiempos de la llamada revolución libertadora- “quedantismo” o “continuismo”. En aquellos tiempos los términos aludían a que el gobierno militar permaneciera en el poder hasta “profundizar el modelo” (entonces se hablaba de “erradicar totalmente la dictadura”) o llamar a elecciones para que ganara un caballo del comisario y garantizara, con otro rostro, “el cumplimiento de los objetivos” del poder reinante.

Crisstina Fernández de KirchnerLa pacífica sublevación de la policía de Santa Cruz –la provincia emblemática de la era K-, la extensa y hasta ahora irresuelta situación del yacimiento chubutense de Cerro Dragón, las movilizaciones por la inseguridad en el conurbano bonaerense, la sequía financiera y el bombardeo político al que se somete desde el gobierno nacional a Daniel Scioli son otras tantas fotografías que revelan el progresivo debilitamiento del poder central.

Daniel Scioli y Hugo MoyanoLa movilización auspiciada por Hugo Moyano, el discurso del jefe de los camioneros en Plaza de Mayo, la errática intervención de la señora de Kirchner en la cadena nacional del martes 26 y el demorado y mezquino monto que la caja central le giró a la provincia de Buenos Aires constituyeron, en la semana que concluye, pruebas insoslayables de la desagregación de la coalición oficialista. No fueron las únicas.

Hugo Moyano y Cristina KirchnerEl gobierno prefirió incrementar la tensión a concederle a Moyano algo a lo que ya está resignado: modificar la aplicación del impuesto al salario. La tensión dañó al oficialismo, que se mostró incoherente, conspirativo y débil. La crisis fiscal (y la voracidad de la caja central) se proyecta en el horizonte sumada al paisaje de alta inflación, al aislamiento, a las fisuras que sufre la coalición oficialista, a la pérdida de instrumentos de disciplinamiento que el gobierno empleó en otros momentos y a un agravamiento de los conflictos.

Daniel ReposoLa coalición oficialista, que (aunque con desorden interno) logró superar exitosamente la prueba electoral de octubre de 2011, muestra señales de “desagregación” creciente, exhibe un déficit cada vez más notorio de conducción y sólo parece capaz de enfrentar los problemas que aquejan al llamado “modelo” creando problemas mayores.

Aníbal FernándezConvendría registrar la última semana de mayo como un momento de inflexión en la trayectoria del gobierno, el instante en que la consigna de “ir por todo” pretende transformarse en argumentación ideológica y, como paso complementario, en policía del pensamiento. El vocero más explícito (no el único) de esta nueva instancia fue el senador Aníbal Fernández: “Vayan haciéndose a la idea de que la Argentina tiene que pensar en pesos”, advirtió esta semana.

Guillermo MorenoEl país ingresa al último mes del primer semestre con una brecha creciente -la última semana superó el 30 por ciento- entre el valor “oficial” del dólar y la cotización paralela. Con una singularidad: a los ahorristas se les hace imposible acceder a los dólares “oficiales”, porque la AFIP –árbitro de las operaciones en el sistema de control de cambios que se practica desde octubre de 2011- rechaza más del 90 por ciento de las operaciones. Ya se ha verificado que la abrumadora mayoría de las compras son de escala menor (un 52 por ciento, inferiores a 10.000 dólares; un 33 por ciento, inferiores a los 5.000), es decir que no son iniciativa de grandes especuladores ni -mucho menos- parte de alguna acción hostil de intención “destituyente”: se trata simplemente de una masa de argentinos con capacidad de ahorro que no tienen confianza en el peso; es decir, en las prácticas económicas vigentes.

Cristina Fernández de KirchnerPostales de la semana que concluye: durante unas horas la senadora Beatriz Rojkés de Alperovich se ejercitó en la Presidencia de la Nación (la señora de Kirchner volaba a Angola y el vicepresidente se encontraba en Suiza); el dólar “blue” trepó a 5,65 pesos; un paro de subtes inmovilizó nerviosamente a Buenos Aires y el conurbano durante un día y medio; el fiscal Carlos Rívolo, que investigó con empeño la causa que involucra a Amado Boudou en el llamado “caso Ciccone”, quedó apartado de esa causa, pero el juez Ariel Lijo hizo lugar a toda la prueba que aquél había acumulado y el nuevo fiscal, Jorge Di Lello, abrió una investigación sobre enriquecimiento ilícito al vicepresidente: el juez Norberto Oyarbide dictó prisión a los hermanos Sergio y Pablo Schoklender por el desvío de fondos públicos entregados por el Estado a la Fundación Madres de Plaza de Mayo, pero no imputó ni a la presidente de esa organización ni a los funcionarios que derivaron esos fondos y debían controlar su adecuado uso; hasta las siempre vidriosas cifras del INDEC dieron cuenta del parate de la economía (y especialmente de la industria). En fin: la semana estuvo atravesada por la excitación y el desasosiego.

Cristina Fernández de KirchnerEsta semana la Casa Rosada insistió en el tono fuertemente confrontativo que le es típico y que sólo suspende por cortas temporadas. En principio, volvió a la carga contra el gremialismo peronista.

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