Columnas

La Casa Rosada está agitada por vientos cambiantes. Por momentos la Presidente avanza, lanza en ristre, y embiste contra molinos de viento o se empeña en comparaciones que la dejan mal montada (por caso, los forzados paralelos con países como Canadá y Australia),en otros casos se muestra resignada y parece dar por sentado que será reemplazada por gente de otro palo ("Veremos cómo defiende a la industria el próximo gobierno", les dijo el miércoles en Río Gallegos a sus interlocutores, las corporaciones que ella ve como “los dueños de la pelota”).

Aunque la señora de Kirchner venía reclamando “una década más” de gobierno y algunos de sus seguidores le enmendaban la plana y pedían no una, sino cinco décadas de kirchnerismo o propiciaban una “Cristina eterna”, antes de que hablaran las urnas el domingo 11 cualquier observador objetivo comprendía que los sueños re-reeleccionistas eran ya una quimera y que la Argentina estaba viviendo un fin de ciclo.

¿Se puede ganar perdiendo? Apenas el reloj marcó las 6 de la tarde del domingo 1 y teóricamente ya estaban cerradas las urnas de las Primarias, el oficialismo salió a sostener su relato postelectoral: “Amplia ventaja del Frente para la Victoria a nivel nacional”, proclamaron los muchachos y muchachas K de 6-7-8; casi textual la coincidencia con el mensaje que twiteó Luis D’Elía: “El kirchnerismo primera fuerza en todo el país. Amplísima victoria”.

A una semana de las elecciones primarias, el oficialismo protagoniza un interesante repunte en el decisivo distrito bonaerense: varios estudios demoscópicos revelan que Martín Insaurralde ha logrado reducir a unos cinco puntos la distancia que lo separa de Sergio Massa. La Casa Rosada sufre porque, pese al esfuerzo, un segundo puesto (y hasta un empate) en la provincia de Buenos Aires equivale a la derrota ilevantable e indisimulable de las ilusiones re-reeleccionistas. Argumentar que “la verdadera elección es la de octubre” es un razonamiento para consolar a la tribuna: los jugadores principales saben que la secuela de una caída en las primarias es un derrumbe en octubre.

Esta semana la atmósfera espiritual y política de la Argentina estuvo impregnada de la presencia y la palabra del Papa; aunque físicamente Francisco se encontrara del otro lado de la frontera, en Brasil, su figura y su prédica llegaron sin anestesia a su propio país, donde su censura a la ostentación, a los falsos dioses, al poder autorreferencial, a la droga, a la corrupción y a la exclusión y su convocatoria a la humildad, al amor, a la unidad y al sentido de comunidad fueron interpretados por millones de oídos receptivos. “Hagan lío”, les recomendó a los jóvenes. “No se callen”, exhortó a los ancianos. “¡No se dejen excluir!”, reclamó a todos.

“Pasamos de chavistas a vendepatrias en un día", declaró el viceministro de Economía, Axel Kicillof en relación con el pacto entre YPF y el gigante petrolero estadounidense Chevrón, suscripto el martes 16. La frase quiso ser un sarcasmo sobre la oposición (a la que la mismísima Presidente acusó de gataflorismo), pero en boca de Kicillof hasta podía interpretarse como una autocrítica: él había sido uno de los atizadores del retórico (dizque épico) nacionalismo petrolero con el que hace 14 meses se presentó la confiscación a Repsol de su mayoría accionaria en YPF. Aquel vocabulario inflamado (“chavista”) no parece demasiado compatible con el acuerdo que abre las puertas de los yacimientos no convencionales de Vaca Muerta a la segunda empresa energética estadounidense (cuarta del mundo), a la que se le ofrecen condiciones mucho más benignas que las que gozaba o pretendía Repsol, sin excluir la jurisdicción judicial estadounidense o francesa.

Las encuestas no le anticipan buenas noticias al oficialismo. El vicegobernador bonaerense, Gabriel Mariotto, expresó el sábado su deseo de superar la última performance kirchnerista en elecciones legislativas, la del año 2009, cuando en Buenos Aires, con Néstor Kirchner encabezando la boleta, el gobierno perdió con el 32 por ciento de los votos. “En esta, el proyecto nacional tiene que tener arriba de 41 puntos”, se ilusiona Mariotto.

La demorada (pero, si se quiere, inevitable) decisión de Sergio Massa de encabezar la boleta de candidatos de su Frente Renovador en la provincia de Buenos Aires terminó de transparentar la crítica situación que atraviesa el oficialismo, a veces designado “cristinismo”.

Ricardo LorenzettiComo era previsible, antes del feriado largo que cerraba esta semana decisiva, la Corte Suprema se pronunció sobre la ley de reforma del Consejo de la Magistratura que el gobierno hizo aprobar por el Congreso con el voto disciplinado de sus huestes legislativas. Como también era previsible, el fallo del Tribunal fue negativo para la Casa Rosada: consideró inconstitucional la reforma, centrándose en cuatro artículos decisivos.

Carlos S. Fayt, el centenarioSeguramente esta semana, la Corte Suprema clausurará definitivamente la aventurada apuesta oficialista que pretendía simultáneamente subordinar al Poder Judicial e introducir de rondón una reforma electoral que desvirtuaría los próximos comicios y perjudicaría arbitrariamente al conjunto de las fuerzas opositoras.

Juan Manuel Abal Medina (h)Esta semana, cumpliendo con retraso su deber de informar al Congreso, el jefe de gabinete Juan Manuel Abal Medina (h) aseguró a los senadores que el gobierno no registra ningún fracaso. Textualmente: "No escondemos fracasos del presente, porque no tenemos fracasos". Si bien se mira, la frase es digna de un informe del INDEC.

"Déme dos" era una frase proverbial con la que alegres consumidores festejaban la época (para algunos fructuosa) en que Alfredo Martínez de Hoz dirigía la economía del país. La Presidente la evocó involuntariamente el 25 de mayo cuando afirmó no estar satisfecha con una década de kirchnerismo y reclamó diez años más (aunque aclaró que no aspira a la eternidad que le desean sus seguidores más, digamos, fervorosos).

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