Opinión

Cuando faltan apenas unas horas para que la señora de Kirchner se reintegre -así sea en sosegado modo antiestrés- a sus funciones presidenciales, por las encogidas filas de sus seguidores sobrevuelan ominosos nubarrones de incertidumbre.

Varias horas después de la visita que la señora de Kirchner hizo a la Fundación Favaloro el viernes 8 por la noche, el vocero de la Presidencia ofreció una pieza informativa ambigua. Los médicos, decía el texto, decidieron “otorgar el alta neurológica y neuroquirúrgica” a la señora debido “a la favorable evolución posoperatoria”. El relato era marcadamente elusivo acerca de las preocupaciones cardiológicas que el estado de la Presidente despertó en el equipo médico, aunque el tema parecía emerger a través de la interdicción (mínimo un mes) de los traslados aéreos y la noticia de que se evaluarán los efectos de su retorno a la actividad, que se recomienda gradual y excluyente de esfuerzos físicos y exposición al estrés. Más allá de que la observación médica será cotidiana, se prevé un nuevo examen amplio a principios de diciembre.

La señora sentada frente a una Godeco arreglaba una parva de ropa de niños; se da vuelta y mira a la cámara: “Ya no quiero más ropa parchada. ¡Quiero ropa nueva!”. El spot publicitario del MID –con tonos de pintura de Sívori- concluía con el jingle  “¡Sepa qué hacer, vote al MID!”.

Apenas dos días duró en las primeras planas la pesada derrota electoral del oficialismo en las legislativas del 27 de octubre (perdió cuatro de cada diez votos obtenidos dos años antes, quedó al filo de verse privado del quórum propio en ambas Cámaras, fue ampliamente derrotado en los distritos más numerosos). La Corte Suprema le tiró una cuerda (no exclusivamente propagandística) el martes 29, al instalar una nueva y resonante noticia en los titulares con su pronunciamiento sobre la Ley de Medios. Para la mayoría del alto tribunal los cuatro artículos cuestionados por el Grupo Clarín de esa norma pergeñada por la Casa Rosada resultaron no ser inconstitucionales. El gobierno obtenía así una inopinada victoria en un asunto al que siempre le otorgó un valor estratégico.

Los resultados de las elecciones celebradas ayer en Salta obligan a reflexionar sobre el fracaso de una clase dirigente vertebrada alrededor de los intereses comunes del dinero y el poder absoluto.

Nadie es capaz de aventurar hoy si dentro de treinta años habrá hemerotecas digitales que documenten lo que está sucediendo en estos días o, si por el contrario, los registros informáticos de hoy perecerán mañana a causa de un gran cataclismo tecnológico que convertirá en humeante chatarra a miles de millones de discos duros en todo el planeta.

Me ha llamado mucho la atención el tuit de un entusiasta seguidor del senador Juan Carlos Romero, en el que exhorta a éste a 'recuperar la Provincia'.

Mientras pensaba en lo inquietante que resulta -al menos para mí- descubrir que alguien concibe como un objetivo político de primera magnitud el que Romero (o cualquier otro)

Evidentemente Urtubey no es Obama ni el gobierno de Salta se parece al de los Estados Unidos de América. Las comparaciones, cuantitativas y cualitativas, no son en este caso odiosas sino que resultan imposibles, cuando no inútiles.

Dentro de dos domingos, cuando los argentinos vuelvan a las urnas, la señora de Kirchner ya estará considerablemente repuesta de la operación que le practicaron el martes 8 de octubre en la Fundación Favaloro. Sin embargo, es probable que su ausencia de la Casa Rosada se extienda más allá de aquella fecha: le tocará a Amado Boudou, formalmente a cargo del Poder Ejecutivo por el forzado reposo de la Presidente, dar la cara a la hora de la derrota electoral. Ya hay equipos del oficialismo dedicados a elaborar interpretaciones reconfortantes de esa caída anunciada. Le tocará a Boudou recitarlas, la Señora se ha autoprescripto abstenerse de esa tarea amarga y sin duda poco saludable.

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