martes, 21. mayo 2013

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Preocupa a las autoridades la proliferación de los perros copuladores en Salta

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El problema de los perros callejeros de Salta es bastante más serio que lo que sugiere el cariñoso término de "mascotas", que la prensa local emplea para referirse a unos animales que se hallan completamente fuera del control humano.

Si por mascota se entiende "un animal de compañía", es bastante dudoso que esos canes asilvestrados que circulan por nuestras calles céntricas, haciendo ostentación pública de su exacerbada sexualidad, puedan ser considerados animales de compañía de ningún ser humano. Más bien lo que buscan es la compañía de otros perros o, para mejor decir, de una buena perra o de una "zorrita".

Las investigaciones oficiales dicen que la gran mayoría de esos perros tiene dueño y que es precisamente la irresponsabilidad de sus propietarios la que favorece la incontrolada deambulación de los animales por las calles de la ciudad.

El problema de los perros copuladores vagabundos no solo está relacionado con la propagación de enfermedades y con el aseo urbano, sino que es una cuestión de seguridad de los viandantes y, en última instancia, una cuestión de buen gusto urbano.

Es una cuestión de seguridad porque más de uno se lo pensaría dos veces antes de atravesar un piquete de perros en celo que esperan con los dientes afilados y las mandíbulas babeantes poder acceder a la perra que los convoca.

Y es también una cuestión de buen gusto urbano, pues una ciudad que vive del turismo y que aspira a atraer a la mayor cantidad de visitantes posible, no puede darse el lujo de ofrecer, en sus calles principales y frente a sus bellezas arquitectónicas, el espectáculo gratuito de decenas de perros entregados al frenesí reproductivo.

Las autoridades competentes intentan concienciar los ciudadanos acerca del peligro que representa para el conjunto social la proliferación incontrolada de animales y exaltan los beneficios de lo que denominan "tenencia responsable de mascotas".

Pero las medidas sugeridas -como la esterilización de estos animales- siguen teniendo en nuestra ciudad carácter meramente voluntario.

Desde luego, no falta quien atribuye el desorden sexual de los perros al instinto de imitación que algunos de estos animales tienen respecto de las conductas de sus propios amos. "Así como hay personas que de tanto convivir con sus perros terminan pareciéndose físicamente a éstos, también hay perros que imitan los vicios y las virtudes de sus amos", dicen.

La solución al problema municipal parece entonces clara: los ciudadanos deben criar mejor a sus perros y, en lo posible, educarlos "en valores".

Una de las medidas más interesantes que se han propuesto en Salta para encauzar a la población perruna descarriada, es crear cuerpos de policía canina cachorril, una solución probadamente eficaz para controlar la marginalidad desde sus brotes más verdes.

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