Hay noticias que, por debajo del enstusiasmo contenido que rezuman, sólo producen perplejidad, angustia y desasosiego en los lectores. Es el caso de la que da cuenta de la inauguración de un 'moderno servicio' funerario en la tradicional iglesia de La Viña, ubicada en la esquina de las calles Alberdi y San Juan de la Ciudad de Salta.
La parte 'buena' de la noticia es que, al parecer por razones de humanismo cristiano, esta iglesia ha tomado el toro por las astas y se ha dispuesto a poner su granito de arena para reconducir el problema -ciertamente grave- de la saturación y el abandono de los cementerios municipales.
Pero, como suele ocurrir en algunos casos, la forma de presentar la noticia (al menos como lo ha hecho un diario local) nos deja la impresión de que la novedosa forma de dar a los muertos de Salta una última morada digna, puede ser anunciada y 'vendida' como si fuera un nuevo teléfono celular o un atractivo producto financiero.
Para empezar, sorprende la existencia de una 'Pastoral de Turismo de Salta', cuyo cometido espiritual es mayormente desconocido para el gran público y no demasiado justificable para la mayoría de los feligreses católicos, que espera que los esfuerzos pastorales se concentren en la superación de las amenazas que se ciernen sobre la sociedad (como la pobreza o la ausencia de valores en la juventud), y no en el turismo, que a simple vista aparece como una actividad pacífica, moderadamente lucrativa y hasta piadosa, si bien se la mira.
Para continuar, sorprende más que se presente la idea como 'una nueva forma de tratar a los muertos', ya que la incineración es vieja como el andar a pie, así como antiguo es el trato respetuoso que se dispensa a los difuntos. Si esto último es lo que ha cambiado, seguramente la noticia se refiere a que, a partir de ahora, dejaremos a tratar a los muertos 'de usted' y hasta podremos dirigirnos a ellos diciéndoles ¡Che!
Pero lo preocupante se halla en los siguientes párrafos:
Continuando con una tendencia que hizo eclosión en Buenos Aires, la iglesia de La Viña, ubicada en San Juan y Alberdi, recibirá las cenizas de los difuntos en un espacio conocido como cinerario. Se trata de una moderna construcción en la que están dispuestos muebles tipo placares con casilleros para colocar las urnas.
Los deudos contarán con espacios para rezar. Es una iniciativa moderna y novedosa, impulsada por la Pastoral de Turismo de Salta y financiada con fondos genuinos de la parroquia. “Para darles una idea, se trata de un minitemplo ambientado para la disposición de las cenizas y la comodidad de la gente. Además, se ofrecerán servicios religiosos”, explicaron desde la parroquia.
Placares y casilleros
Lo que ofrece La Viña, al parecer, es un moderno servicio de "ash housing" o de "ash farming", dispuestos en no menos modernos racks, en armarios normalizados, con cableado estructurado y UPS, una 'tendencia' que, como dice la crónica, ya ha "hecho eclosión" en Buenos Aires, tal como si fuera un modelo rompedor promocionado por Nicole Neumann.Se ofrece también que "los deudos tengan espacios para rezar" (lo cual sería lo mínimo que se podría esperar de un sitio piadoso como La Viña) y se presenta la idea "como una iniciativa moderna y novedosa", aunque es probable que la disposición de espacios para rezar a los muertos en los templos haya sido descubierta hace unos 5.000 años por lo menos.
También es curioso que la autora de la iniciativa no sea la 'Pastoral para el Respeto a los Difuntos' sino la 'Pastoral de Turismo de Salta', lo que da a entender que los cinerarios no sólo estarán abiertos a los dolientes deudos de los incinerados sino que también lo estarán a la insaciable curiosidad del visitante, del mismo turista necrófilo que pisa nuestra tierra sólo para ver a los niños congelados con muecas de dolor en sus rostros.
Si esta idea prospera -y no hay dudas de que lo hará- el Ministerio de Turismo de Salta podría aprovechar la próxima Feria de Berlín para lanzar las campañas "Salta a tus cenizas" o "Incinerate en Salta", enviando a las gauchitas a entregar a los alemanes, en concepto de merchandising, unos pequeños sachets (del tamaño de los sobrecitos de ketchup del McDonalds) con las cenizas de algún muerto famoso que se encuentre ya hospedado en los modernos racks de La Viña.
Para que nosotros, futuros muertos, nos demos una idea, explicaron desde la parroquia (y ya convendría saber quién) que “se trata de un minitemplo ambientado para la disposición de las cenizas y la comodidad de la gente. Además, se ofrecerán servicios religiosos”.
Es de suponer que se trata de un minitemplo (como un minicine) que cumple con criterios arquitectónicos y medioambientales súper modernos, que seguramente cumple también con las normas ISO-666 y que no ha descuidado el detalle de dar 'comodidad a la gente' (no se aclara si se trata de la gente que todavía respira, o si se refiere a 'toda' la gente).
Sólo faltó decir que el nuevo espacio cinerario contará con snack bar y área wi-fi, ya que se entiende que estas facilidades también integran el moderno concepto de 'servicios religiosos', que viene a reemplazar al antiguo concepto de 'misas'. No es un secreto para nadie que estas celebraciones han dejado ya de ser rentables, tanto para la parroquia como para los deudos.
No hay dudas de que algún religioso de La Viña le ha sacado más provecho a las clases de la Escuela de Negocios de la UCS que a las del Seminario Conciliar, porque decir que los cinerarios se financiarán con los fondos genuinos de la parroquia, da a entender que la sacristía maneja dos tipos de fondos: los genuinos y los otros. ¿Qué espera la AFIP para auditar las mangas moradas y la hucha de San Antonio?
De lo que no cabe dudas es de que, a partir de ahora, cobrará una impensada vigencia aquella frase que utilizó alguna vez el general Galtieri (y no se sabe cuántos dictadores más) y que dice: "Las urnas están bien guardadas".


