Comunicación
Acusados, detenidos, imputados...La prensa salteña, en general, no suele poner mucho cuidado al momento de calificar a las personas que se enfrentan a un procedimiento judicial de carácter penal. La vinculación de una persona a un proceso penal cualquiera suele propiciar informaciones cuya imprecisión a menudo contribuye a que, quienes las leemos, nos formemos una opinión acerca de si aquellas personas son o no culpables de los delitos que presuntamente han cometido.

Por lo general, es la falta de rigor técnico en el empleo de la terminología procesal la que induce a error y hace que nos formemos -sobre la persona y sobre los hechos- una opinión que no se ajusta del todo a la realidad.

Sin ir más lejos, hoy se puede leer en la prensa de Salta una información que señala que "los imputados" de un determinado crimen escucharán la sentencia que pone el fin a su juicio por homicidio.

Quizá convenga aclarar, de entrada, que nadie llega a la fase plenaria del proceso penal en calidad de "imputado", sino que lo hace más bien en carácter de "acusado".

Es esta solo una pequeña muestra de cómo en nuestro lenguaje informativo se mezclan sin mucho rigor las categorías de denunciado, detenido, imputado, procesado y acusado, que poco tienen que ver entre sí. Excepto por dos cosas sumamente importantes: se trata de formas de referirse a la posición de una persona respecto de un procedimiento penal que le afecta; y tienen en común, todas ellas, que se refieren a personas inocentes, toda vez que ningún juez ni ningún tribunal han pronunciado contra ellas una sentencia condenatoria.

No faltan en Salta expertos en derecho procesal penal capaces de aclarar mejor las diferencias conceptuales entre estas categorías, pero aun a riesgo de cometer errores y de adoptar posturas interpretativas no del todo aceptadas por la mayoría, intentaremos aquí distinguir entre aquéllas.

Para empezar, el detenido es aquel que ha sido privado provisionalmente de libertad por una autoridad competente. La detención puede estar fundada en denuncia previa o no, pero en cualquier caso lo importante es que la calidad de detenido no supone automáticamente la formación de causa penal, aunque en la mayoría de los casos así ocurra.

El denunciado es la persona que ha sido señalada -normalmente por un particular- como responsable de un delito o de otra conducta con relevancia penal. La denuncia es un documento en que se da noticia a la autoridad competente de la comisión de un delito (de una contravención o de una falta) y aunque como tal la denuncia no requiere que se señale a un determinado responsable, cuando así sucede, esta persona recibe el nombre de denunciado.

La diferencia entre denunciado e imputado es algo más delicada. El imputado es la persona contra quien se dirige un procedimiento penal. Por tanto, hablar de imputado supone la previa incoación (apertura o inicio) de un procedimiento penal. Normalmente -y con carácter general- frente a una denuncia, la autoridad puede proceder en dos direcciones: archivando la denuncia o abriendo un procedimiento penal. Si la denuncia se archiva (o se desestima sin apertura de otras diligencias de investigación) la persona señalada como responsable será simplemente "el denunciado"; pero si se abre contra ella un procedimiento penal, la misma persona adquiere ya la calidad de imputado.

La consecuencia más inmediata de esta calidad es que el imputado -que puede haber sido detenido o hallarse en libertad- debe ser oído por un juez o tribunal. Se acostumbra a hablar de imputado con más propiedad cuando se produce la citación judicial a declarar. Este acto, a pesar de ser conocido entre nosotros como "declaración indagatoria", más que un acto de instrucción o de investigación en sí mismo, es un acto de defensa procesal y la ocasión para que el imputado pueda ejercer sus derechos constitucionales.

Las diferencias entre un imputado y un procesado son más claras todavía, ya que esta última calidad solo se adquiere dentro de la fase del procedimiento en la cual el juez investiga si hay base para sostener una acusación por la existencia de un presunto hecho punible. Si tras oír al imputado y valorar los demás elementos de convicción reunidos en el sumario, el juez advierte la existencia de indicios racionales de participación criminal del imputado en los hechos que se investigan, lo normal es que dicte su procesamiento; es decir, que lo convierta en sujeto "procesado".

Esta declaración está a menudo acompañada de otras medidas cautelares, como la protección de las víctimas, el afianzamiento de la eventual responsabilidad civil y -lo que es más importante- la decisión sobre la libertad provisional o la prisión, igualmente provisional, del imputado.

Solo una vez que ha concluido la fase de investigación judicial, es decir, cuando se ha procedido a averiguar los hechos que pueden dar lugar a una responsabilidad penal, se han determinado su naturaleza, las circunstancias, las personas que hayan intervenido, y se ha fijado lo que va a ser el objeto de enjuiciamiento, corresponde hablar de "acusado".

Más técnicamente, la acusación es un acto procesal que involucra una pretensión, ejercida ante la jurisdicción penal, de una sentencia condenatoria mediante la aportación de pruebas que destruyan la presunción de inocencia del imputado. La acusación puede ser pública (ejercida por el Ministerio Fiscal) o particular (en algunos sistemas procesales).

En términos generales, solo se puede hablar de acusado cuando ha concluido el sumario. No hay, por tanto, acusados en la fase de instrucción, así como tampoco hay "imputados" en la fase plenaria o en el juicio oral.

En otros términos, una persona imputada o procesada es una persona que está siendo investigada, mientras que una persona acusada es una persona que ya ha sido investigada y que va a ser o está siendo juzgada.

Finalmente, solo se puede hablar de "condenado" cuando el acusado, tras celebrarse un juicio plenario (sin restricciones al ejercicio del derecho de defensa) y contradictorio (proceso con pluralidad de partes que sostienen posiciones jurídicas opuestas entre sí), ha recibido una pena mediante sentencia definitiva. Corresponde hablar de "culpable" solo cuando dicha sentencia es firme y ejecutoria.

Mientras estas contingencias no se produzcan dentro del proceso penal, vale la pena recordar que, cualquiera sea la terminología que se emplee para designar a las personas vinculadas al proceso, se trata siempre de personas inocentes o, si se prefiere, de presuntos inocentes.



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