domingo, 12. febrero 2012

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Cuando la actualidad periodística se redacta 'en el marco' de la vulgaridad

En el marco de... ampliar
Las cátedras de redacción periodística de las universidades de Salta debieran ser bautizadas con el nombre de "Marcos Tames".

Casi todo el mundo sabe que don Marcos Tames no fue periodista sino un virtuoso del bandoneón, un compositor aplicado y un agudo recopilador de la música nativa del sur de Bolivia.

A pesar de su vitalidad creadora, sus letras fueron escritas por Burgos (Recuerdo Salteño), por Mónico Saravia (La Cerrillana) o por Ríos (A Doña María Ríos).

Quitando sus firuletes en el pentagrama, don Marcos no dejó piezas escritas en prosa, como no fuesen aquellas instrucciones que escribió para "La Olla i' Fierro", quien solía alimentar sus feroces perros en ausencia del bandoneonista.

Pero su nombre de pila bien puesto estaría si lo que se pretende es honrar a estas cátedras universitarias que enseñan a sus alumnos a escribir que cualquier acontecimiento de la realidad sucede "en el marco de tal" o "en el marco de cual".

Por supuesto, no todo puede suceder "en el marco" de algo.

De hecho, salvo los cuadros del eximio pintor Román Calvet, nada sucede dentro "de un marco".

Ningún protocolo adicional se firma "en el marco" de un convenio. Las serenatas a Cafayate no se entonan "en el marco" del calendario turístico. Los despropósitos que con frecuencia lanza por la boca el gobernador Urtubey no se vierten "en el marco" de las reuniones de gabinete. Los jueces no dictan sus sentencias "en el marco" de los expedientes. Los legisladores no debaten "en el marco" del Bicentenario.

Aunque sí podría admitirse que Martín Palermo sí que marca los goles "en el marco" contrario.

También es una excepción lo que le está sucediendo a la nueva presidente del Banco Central, cuya destitución va a tener lugar próximamente "en el marco" del Pont.

¡Basta por favor de marcos!

Que como metáfora, en la mayoría de los casos suena rebuscada y absurda. El abuso significa una tortura para los lectores, que perciben esta insistencia como la coronación de la vulgaridad.

En nuestra lengua hay miles de formas de suplantar a "los marcos" (no a los Levín, por supuesto), pero ningún periodista -que no sea ágrafo- parece hasta ahora decidido a explorar la vasta riqueza del idioma de Cervantes.

Por favor, recordemos que la actualidad no es una exposición de cuadros.
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