viernes, 10. febrero 2012

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El suicidio y el mal gusto periodístico

Etica periodística ampliar
Hace algunos años, El Nuevo Herald, que se publica en la ciudad de Miami, generó una gran polémica por haber publicado la fotografía de Arthur Teele, ex concejal de aquella ciudad, en medio de un charco de sangre, tras haberse suicidado.

En su momento, el diario justificó la publicación de esta foto diciendo que se trataba de "un elemento esencial de la información", a lo que sin embargo se opusieron con vehemencia otros medios que consideraron la fotografía violatoria de normas del código ético de la profesión periodística.

El diario aquel fue acusado por sus lectores y por otros medios de "insensibilidad" frente a una tragedia personal, por más que el fallecido haya sido una personalidad de relevancia pública.

El código ético del Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) en su apartado IV destinado al "respeto por la ciudadanía" recomienda evitar "la publicación de suicidios, a menos que se trate de casos de ostensible valor informativo".

Esta norma se refiere, desde luego, a la noticia sobre el hecho mismo del suicidio y no a su reproducción gráfica, pues esta última no se encuentra justificada moralmente ni siquiera cuando se trata de casos con algún valor informativo.

En el día de ayer, dos medios digitales de Salta han herido la sensibilidad de los ciudadanos mostrando la fotografía de una persona de sexo masculino que se habría quitado la vida en las proximidades de la rotonda de la urbanización La Almudena, situada al oeste de la ciudad de Salta.

Las fotos llegan a mostrar en algún caso el rostro ensangrentado del infortunado suicida, llegando al extremo cinismo de publicar que el hombre había dejado una carta a sus dos pequeñas hijas pidiéndoles perdón.

Los medios que han explotado este tristísimo suceso, de forma cruel y periodísticamente poco rigurosa, han dado los primeros pasos hacia su propio suicidio digital, aunque alguno de ellos ya venía avanzando a paso firme en esta línea autodestructiva.

La víctima no era una persona pública, ni las motivaciones de su trágica decisión -según las informaciones de la policía- tienen ningún interés público.

Sólo el morbo, y del más barato, es lo que justifica la publicación que estos medios hicieron, de la noticia, y de las fotos.

Si esta es la ética que han aprendido en los claustros universitarios, habrá que desconfiar también de los que les dieron el diploma, aunque algún "querido profesor", maestro modelador de estas mentes obsesivas y temerarias, ya es formalmente sospechoso de otros asuntos.

Si el fallecido ha pedido perdón a sus pequeñas hijas, corresponde que otro tanto hagan estos medios oportunistas y sensacionalistas, porque la vulgaridad que han cometido no tiene nombre.

No sólo ha herido la sensibilidad de los ciudadanos de Salta sino los sentimientos de dos pequeñas inocentes, que recordarán toda su vida la imagen de su padre muerto, por una imperdonable irresponsabilidad cometida en nombre de la actualidad y del periodismo.
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