Según la información coincidente de varios medios de prensa, el juez uruguayo a cargo de la investigación abierta tras la muerte del joven economista argentino Iván Heyn dio por cerrado el caso, tras calificar el suceso como 'suicidio por muerte accidental'.
La calificación judicial ha sorprendido al mundo entero, pues el acto de suicidarse (quitarse la vida de forma voluntaria, según el Diccionario) excluye absolutamente la posibilidad de un accidente.
Por definición, un accidente es un "suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas".
Nadie se suicida por accidente, como es lógico.
Pero lo que sorprende más de la calificación judicial uruguaya es el orden en que se han mezclado las palabras, ya que la expresión 'suicidio por muerte' da a entender que es posible que la muerte produzca el suicidio, cuando normalmente sucede exactamente a la inversa; es decir, que el suicidio de una persona es lo que produce la muerte.
Por las características hasta ahora conocidas del hecho, el caso del funcionario argentino solo podría ser calificado de dos formas: o bien de "muerte por suicidio" (y no suicidio por muerte) o bien de "muerte accidental" (o de "accidente fatal"), pero nunca de "suicidio por muerte accidental".
Tal calificación, lejos de aclarar los hechos -como pretende el juez uruguayo- los ensombrecen aún más, si cabe.
Al magistrado solo le faltó añadir que el suicidio por muerte accidental sobrevino luego de una grave "negligencia humana".




