Crítica social
Si el sindicato de empleadas domésticas de Salta tuviera alguna sensibilidad en estos temas, inmediatamente debiera salir en defensa de las trabajadoras y trabajadores del sector, frente a la ofensa que supone que la parte acusadora en el sonado caso de presunta pedofilia que tiene como protagonista a un contador salteño, haya solicitado la declaración testifical de dos personas que trabajaron en el domicilio del acusado, al sólo efecto de que declaren sobre "qué actitudes observaron o vivieron mientras desarrollaban sus tareas".

La tacha de cobardía no ha sido efectuada en el expediente, sino en los medios de comunicación, lo que agrava y mucho, la conducta de un profesional del derecho que antepone el escándalo y la pirotecnia mediática al respeto de los derechos constitucionales de una persona que, sometida a proceso, se niega a declarar. Todo esto ha sucedido recientemente en el sonado caso de un contador salteño que se encuentra detenido, acusado de haber cometidos determinados delitos contra la libertad sexual, incluso contra sus propios hijos.

El "populismo punitivo", en su versión mediática, asume generalmente dos formas bien diferenciadas aunque igualmente distorsivas. La primera de ellas consiste en la tendencia de asimilar los delitos que los medios consideran aberrantes, cualesquiera sea su gravedad o trascendencia social, con aquellas figuras penales más graves, no tanto ya desde el punto de vista sustantivo como del procesal. Así por ejemplo, cuando cierto medio de comunicación persigue exacerbar las repercusiones de una conducta con relevancia penal, por insignificante que ésta sea, suele hablar de "terrorismo doméstico" (para referirse a la violencia intrafamiliar) o de "asociación ilícita" (para referirse a ocasionales conciertos criminales) o -lo que es ya un clásico- de "delito de lesa humanidad" para calificar incluso a las pequeñas agresiones físicas.

La decisión del gobierno nacional de "hacer menos pobres" a aquellos trabajadores con hijos a cargo, mediante el pago de la llamada "asignación universal", ha recibido críticas de todos los colores, por variados motivos. Justas o no esas críticas se han limitado a poner de relieve ciertos aspectos negativos de las nuevas prestacions, tanto desde el punto de vista político, como del económico. Sin embargo, pocas voces se han levantado hasta ahora para denunciar la enorme confusión generada por el gobierno y sus agencias de la Seguridad Social, que mantiene en vilo a cientos de miles de personas que aspiran a cobrar aquellas prestaciones.

Las campañas que algunos medios de comunicación han desatado en Salta, sea para lograr por vías extrajudiciales el paradero de determinados delincuentes prófugos de la acción de la justicia, sea para discernir "soluciones justas" a ciertas permisividades de un sistema judicial al que frecuentemente se percibe como reblandecido y poco eficiente, se inscribe en la línea de una creciente reivindicación de la utilización del sistema penal para la regulación de la conflictividad social, incluida la política.

La pronta recuperación de Sandro, recientemente sometido a un transplante multiorgánico en Mendoza, se ha convertido no sólo en un anhelo acariciado por los nostálgicos de su música, sino también en un objetivo muy serio en el que está comprometido el éxito de nuestra cirugía de mayor complejidad. Todo el mundo, excepto tal vez la señora Bonafini, que no tuvo para con Sandro palabras muy cordiales que digamos en los últimos tiempos, desea la recuperación del ídolo, sea por un motivo o por el otro. Lo cierto es que el país está pendiente.

Es muy difícil explicar lo que experimentamos algunos salteños y salteñas que vivimos fuera de la Argentina cuando nos enteramos que se ha producido un sismo en Salta. Hasta que la información no comienza a fluir desde el mismo lugar de los acontecimientos, vivimos momentos angustiosos que son muy difíciles de describir. No es fácil para mí, como no lo es para ninguna persona cercana, que conozca y que ame a Salta y a sus cosas, enterarse por algún medio especializado que por allí ha temblado la tierra, y que además lo ha hecho con una intensidad que en el sudeste de Asia causaría tremendos estragos y dispararía las alarmas de tsunami.

Una publicación digital salteña anuncia para las 7 de esta tarde una charla del "aquietador de mentes", el gurú yogui señor Gurubachan. La misma publicación describe al maestro como un "hombre de 2 metros (de altura, se supone), de barba frondosa (debió decir "espesa", ya que lo frondoso sólo puede predicarse de los árboles y las hojas) y turbante". 

Si existiera todavía la famosa Tienda Heredia de Salta, que conoció años de gloria y esplendidez en la muy comercial esquina de Mitre y Caseros, no podría seguramente reeditar en estos tiempos modernos aquella osada operación de marketing que, en los años setenta, la convirtió en "Heredia Funcional". Y no porque aquellos tenaces empresarios pudieran verse sorprendidos por las nuevas estrategias de comercialización, a las que se habrían adaptado perfectamente, sino porque la palabra "funcional" ha perdido el sentido positivo que tradicionalmente tenía.

Los salteños estamos bastante malacostumbrados a convivir con las pequeñas agresiones sexuales que cometen algunos ciudadanos que se desplazan en bicicleta. Desde piropos demasiado subidos de tono, a tocamientos furtivos, de todo se puede encontrar en esta especie de mercado minorista del ataque sexual, que nunca ha sido suficientemente valorado por las autoridades, tal vez porque muchas de ellas piensan, en el fondo, que es incluso divertido que a una señorita le digan algo parecido a "¡Mamita! Te haría un sobretodo de baba".

El 21 de septiembre no es "el día universal de la primavera". En el hemisferio norte de este mundo tal fecha es esperada con ansiedad por muchas personas porque señala el final del verano y el comienzo del otoño. Tampoco se celebra en estas latitudes el "día del estudiante", y es dudoso que los sufridos estudiantes pudieran llegar a celebrar algo en las mismas fechas en que comienza la larga y empinada cuesta del año académico. Desde este punto de vista, el 21 de septiembre es una fecha para sufrir y no para festejar.

Lamentablemente he perdido la pista de un artículo, recientemente publicado en un medio digital salteño, en el que se critica con acritud el "descontrol" que significa que, en algunas discotecas de la ciudad, "empresarios inescrupulosos" ofrezcan hasta 500 pesos en efectivo, a quienes se atrevan a quitarse la máxima cantidad de ropa posible.

Ya es mucho pedir que los músicos interpreten fielmente las partituras. No se les puede pedir, bajo ningún concepto, que además de negras y de corcheas, interpreten las sentencias judiciales. De algún modo tienen derecho a entenderlas y practicarlas "de oído", porque no son profesionales en el asunto, si bien en materia de cumplimiento de las normas es más vieja que el quitupí la máxima que dice que "la ignorancia del Derecho no excusa de su cumplimiento".

Al intendente de Tartagal le aparecen los problemas hasta debajo de las piedras. Como se decía antes, "tiene más problemas que el rubio de Camel". No sólo debe enfrentar un pedido de juicio político, después de que saltaran a la luz unos cheques que su gobierno emitió y que habrían cobrado personas de su propio entorno, sino ahora también la reclamación de unos 270 mil pesos por parte de un fotógrafo "aéreo" que pretende que la Municipalidad tartagalense le abone tal suma, mientras que el intendente, al parecer, sólo ansía retribuirle con un "volador", para estar a la altura -y nunca mejor dicho- de las circunstancias.

También, con semejante carácter que tiene la directora, ¿quién querría contradecirla? Cualquier toxicómano medio se volvería monaguillo del susto si escuchara más de tres veces seguidas eso de "mirá para acá ¡tarado!", "sinvergüenza", "porquería" o "inútil". Y con el vozarrón que tiene la señora directora.

Hay muchísimas formas de distinguir entre una sociedad psicológicamente sana y otra que no lo es. Una de las formas de saberlo podría surgir de aplicar el viejo dicho popular "Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces". O, en su formulación más moderna, "dime de qué te escandalizas y te diré quien eres".

La máxima aspiración de un artista o un intelectual, que es la creación en libertad, se contrapone frontalmente con la idea, postulada por algunos, de que el artista viva del Estado. La reivindicación del paternalismo estatal es, probablemente, una de las formas más denigrantes de resignar el sueño de una creación artística libre.

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