Gobierno
No hay nada de malo en que la Cámara de Diputados de la Nación sea presidida por una figura de la farándula. Al contrario, parece un signo de modernidad y de apertura democrática. Pero hubo alguna época en que los juramentos de los nuevos diputados eran recibidos por personajes de la talla de Juan Carlos Pugliese, Arturo Mor Roig, Alberto Rocamora, Héctor J. Cámpora, o los salteños Benjamín Zorrilla, Rafael Ruiz de los Llanos, José Evaristo Uriburu y José Benito Graña, que presidieron alguna vez la cámara baja del Congreso Nacional. Raúl LaviéLos señores Walter Wayar, Fernando Yarade y Alfredo Olmedo juraron sus cargos ante la presidenta doña Lydia Satragno, diputada del PRO, conocida universalmente como Pinky.

Tal vez los recién incorporados soñaran alguna vez con dar el sí juro de pecho frente a un Padre de la Patria, pero les ha tocado en suerte hacerlo de un modo más "televisivo", sin por ello desmerecer las recatadas pompas de la República, ni la solemnidad de las investiduras de los participantes del acto.

Si a las circunstancias televisivas de la presidencia le sumáramos el carácter más bien mediático de los tres que juraron sus cargos por la Provincia de Salta, el escenario perfecto no era el viejo recinto del Palacio de Entre Ríos y Rivadavia, sino los igualmente viejos estudios de Canal 9 en Palermo, con Silvio Soldán subido  a lo más alto del estrado de Feliz Domingo, con el profesor Candeal interrogando a los electos sobre quién fue el primer marino en dar la vuelta al Globo. En algún caso que no es preciso nombrar, el juramento podría haber sido dado, con idéntica eficacia mediática, ante Daniel "La Tota" Santillán, otro animador de pro (no del PRO).

Según ha trascendido, el -¡por fin!- diputado Olmedo, estuvo todo el tiempo pendiente de la posibilidad de que su juramento fuese tomado por José Gómez Fuentes, aquel periodista televisivo que alentó la guerra de las Malvinas con reclutas de recambio y soltó aquello de "¡Que venga el principito!" Sólo a último momento, alguien le acercó al escaño una servilleta a Olmedo en la que decía que Gómez Fuentes había muerto -como el servicio militar obligatorio- hace ya varios años.
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