Gobierno
Después de que se concrete el último retoque a la ley salteña de ministerios, que elevará a once el número de departamentos de Estado con tal rango, el gobierno de Salta se habrá aproximado mucho a las regulaciones de la International Board que señala que son once los jugadores que, por cada equipo, deben disputar un partido de fútbol. El gobernador Urtubey no sólo parece seguir a pie juntillas los criterios reglamentarios de la FIFA para aplicarlos a la gestión de su "equipo" de gobierno, sino que también está adoptando los criterios sustantivos de gestión del muy criticado entrenador de la Selección Nacional, don Diego Armando Maradona. Urtubey, gestor de Salta. Valdano, gestor del Real MadridEn efecto, mientras Maradona ha utilizado más de sesenta jugadores para sólo una veintena de partidos, entre amistosos y de los otros, Urtubey ha venido tirando de su nutrido banquillo de suplentes para llenar los cargos más importantes de la Administración y para "cambiar de aires" cada vez que las circunstancias (a las que podríamos llamar fracasos) así lo aconsejan.

No se trata sólo de la anunciada incorporación de la diputada cesante María Inés Diez (medida con la que el gobernador completa la reunión en torno a una misma mesa de la familia de sus afectos), sino del repentino vaciamiento de la Secretaría de Adicciones que funcionaba -al parecer, funcionaba- en la órbita del Ministerio de Desarrollo Humano, en favor de otra secretaría de competencias análogas, que funcionará -esperemos que funcione- bajo el paraguas del Ministerio de Salud Pública de Salta. A estos cambios se suman los de Tierra y Hábitat, la designación de un nuevo gestor de la "financiación internacional" y otro para el "planeamiento estratégico".

Puede que, en cómputo global, los cambios de Urtubey hayan sido ligeramente inferiores en cantidad a los practicados por Maradona, pero lo que es indudable es que el resultado de ambas gestiones -la futbolística y la gubernamental- es sumamente pobre.

Tal vez, cuando en la campaña electoral de 2007, aquella en la que Urtubey enfrentó a cara descubierta al Partido Justicialista (en cuyo nombre hoy gobierna) y en la que el candidato prometió "el cambio", no estuviera en su ánimo cambiar la desastrosa situación de la Provincia, sino cambiar ministros y secretarios de Estado como si fueran figuritas a la salida de la escuela.

Otra analogía entre ambos estilos de gestión viene dada por el carácter imprevisible e improvisado de los cambios. Un día Urtubey juega con "doble pivote" (Yarade - Parodi), otro día juega con extremos bien definidos, cual si fuera la selección belga (Farquharson por la izquierda, van Cauwlaert por la derecha), otro día juega con defensa de tres en línea (López Viñals, Posadas y Aguilar), o de cuatro en un mismo puesto (Kosiner,  Kosiner, Kosiner y Kosiner), y a veces suprime el enganche, porque cuando está en la cancha no se engancha ni la media.

Con toda esta artillería de contradicciones, Urtubey se está pareciendo cada vez más a Maradona en el sentido de que sus marchas y contramarchas, su manipulación de jugadores y su marcada fe en el sistema, parecen aumentar cada vez más su poder taumatúrgico. Tanto el Diez (no María Inés, sino Maradona) como Urtubey creen estar haciendo la plancha en un spa del Lago de Como, cuando en realidad están acostados sobre un incómodo colchón de cadillo y churqui.

Las analogías no se detienen aquí: Hay que reconocer que tanto Urtubey como Maradona cada vez tocan menos la pelota, cada vez meten menos goles, cada vez ganan menos y cada vez juegan peor.

Es de lamentar que frente a tamaño espectáculo de obscenidad institucional, los sabuesos del señor Blatter no hayan decidido suspender a Urtubey por dos meses y le impongan una multa en francos suizos por sus excesos verbales, que si bien no llegan a revestir la gravedad de invitaciones felacionales explícitas, en cierto modo nos condenan a los salteños a "seguir tragando".
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