Opiniones
Acabo de leer en La Nación on line un titular que reza: 'Duhalde: "Hay que reconstruir esa cosa esquizofrénica que es el justicialismo"' y no puedo menos que manifestarme transido de la emoción a causa de semejante convocatoria. No me emociona tanto el hecho de que un líder de la talla del expresidente de facto se sincere y declare a los cuatro vientos la necesidad de reconstruir el justicialismo, sino el hecho de que un potencial candidato a presidente en 2011 convoque a "reconstruir la esquizofrenia" de un partido político cuya vida útil dura ya mucho más de lo que pudo haber soñado su fundador.

En la Argentina está aflorando una corriente que cuestiona visiones, hasta ahora predominantes, de la violencia que padeció el país en los años ’70. Explicaciones simplistas que -de un lado y otro- idealizaron o condenaron esos años, están siendo cuestionadas por investigaciones más rigurosas y por interpretaciones menos impregnadas de belicismo historiográfico. No parece plausible explicar esa violencia, menos legitimarla, como ejercicio de una “resistencia a la opresión” o como tardía “justicia popular”, ejercida con supuesto mandato para castigar a los protagonistas de 1955. No lo es, porque los grupos violentos actuaron bajo gobiernos constitucionales: los de Frondizi, Illia y el último Perón.

Se viven tiempos en que se denuncia cualquier cosa. Son épocas de hiperinflación de cartas documentos redactadas en lenguaje prejurídico, en las que sobresalen frases como "lo hago responsable de...". Cartas que son escritas con empecinada convicción por autores cargados de razones, que parecen haber sido criados en los valores de aquella vieja canción mejicana que dice... "con dinero o sin dinero tu haces siempre lo que quieres y tu palabra es la ley".

A lo largo de estos dos difíciles años el Club Político Argentino ha venido construyendo un espacio colectivo de deliberación, intercambio e intervención pública, donde es posible escuchar las razones del otro y donde el otro puede tener razón. Creemos así contribuir a conferirle densidad política al debate público y, con ello, aportar también a una tarea crucial de nuestra época: la de reconstruir un sistema de partidos programáticos, nacionales, institucionalizados y competitivos, como pilares insustituibles de una democracia plena.

En un artículo anterior publicado en estas mismas páginas, intenté alertar a mis comprovincianos sobre un fenómeno antes desconocido y que tiene que ver con la defensa que llevan a cabo las opiniones públicas de algunos países respecto de delincuentes de la misma nacionalidad que cometen delitos, son condenados o tienen causas pendientes en otros países. Aquel artículo se titulaba "Paradojas de la emigración inocente" para dar a entender que quienes se mueven por el mundo atravesando fronteras nacionales gozan, no sólo de la protección diplomática de los países de origen, sino de un plus de derechos consistente en la extensión de los límites de la presunción de inocencia a situaciones que han sido juzgadas y sentenciadas en otros países.

No es la primera vez que desde estas páginas abordamos el problema del intrusismo que sufren algunas profesiones y analizamos críticamente los mecanismos que las corporaciones públicas y privadas utilizan para luchar contra este fenómeno. Tampoco es la primera vez que destacamos positivamente el valor que encierra la defensa de las competencias profesionales de los odontólogos, teniendo en cuenta que detrás del celo corporativo en la defensa de aquellas competencias existen normalmente razones vinculadas con los valores superiores de la seguridad y la salud pública.

Por razones que desconozco, pero que tal vez se puedan rastrear con eficacia en el inconsciente colectivo argentino, el nombre y la figura de la señora Hebe de Bonafini, líder de las madres de la Plaza del 2 de Mayo (como se las suele citar, con evidente error, en España), me trae a la memoria inmediatamente el nombre y la figura -algo más esbelta- del dictador militar argentino llamado Jorge Rafael Videla. No me atrevería a decir aquí que "son lo mismo", pero sí que es cierto que sus nombres y sus figuras siguen girando en un imaginario plató mal iluminado, unidos en una monótona danza sin fin, y que es muy probable que sus fantasmas hagan lo mismo tras su muerte.

La música es un arte que a través de la combinación de notas se componen melodías que el hombre utiliza para diferentes actividades. La música puede cumplir diversas funciones, una de ellas es su rol social a través de la práctica y la enseñanza musical. Un ejemplo de ello es la escuela de música libre y gratuita que se inauguró recientemente en el Barrio Santa Cecilia, al sur de la ciudad de Salta. Con trescientos inscriptos, entre niños, jóvenes y adultos, tiene el objetivo de brindar contención social a la comunidad. Esta es la primera, pero ya hay proyectos para que a comienzos del 2010 se inaugure otra en el barrio 1º de mayo.

Entre el 9 y 13 de este mes se realizó en la Casa de la Cultura un ciclo conmemorativo “A 20 años de la Caída del Muro de Berlín”, organizado por un novísimo Centro Cultural Alemán - Europeo, entidad en formación, que agrupa a ciudadanos alemanes radicados en Salta por distintos motivos y a descendientes de alemanes nacidos en estas tierras. El autor de esta nota participó en un panel el miércoles 11, titulado “El Mundo después de la caída del Muro”. Lo que sigue es una síntesis de la ponencia.

La niebla se ha enseñoreado de Madrid, justo el día en que muchos de los que habitan la capital de España lamentan que el magno y no laborable Día de la Constitución haya caído este año en domingo. Después de las victorias del Real Madrid y del Barcelona, una más injusta que la otra, todo hay que decirlo, aparece en los diarios la noticia de que la Constitución Española de 1978 cumple hoy 31 años. Lo hace con sentimientos ambivalentes: entre el luto por el muy reciente fallecimiento de uno de sus padres (el catedrático catalán de Derecho Constitucional Jordi Solé Tura), la alegría de los vivientes por la muy prolongada vigencia de la norma que "apuntaló el periodo más próspero de nuestra historia", y las presiones de un buen número de españoles que son partidarios de su reforma, con los catalanes a la cabeza.

Es difícil para alguien de fuera escribir sobre situaciones que se intuyen importantes para los tiempos que vienen pero que no se viven en primera persona. No he podido resistirme, a pesar de esas dificultades, a hacerlo esta semana sobre reciente jura de los nuevos miembros del Congreso. Ayer antes de dicha ceremonia, la Presidente Fernández dijo en otro acto, algo así como que “por fin se arrebataba los clientes a los partidos políticos y se los devolvía a los supermercados”. Me sorprendió escuchárselo: el clientelismo político viene siendo negado por activa y pasiva por este gobierno y, devolver clientes a un supermercado, tampoco me parece a estas alturas paradigma alguno de lo innovador políticamente hablando.

“A las 8:00 de la mañana se iza la bandera, desayunan los chicos y yo con el director de la escuela me pongo al tanto de lo que hay que hacer. Comienzan las actividades, un recreo a las 10.00 y a las 11.40 se comienza a guardar las cosas, hay que almorzar porque a las doce pasa el colectivo que va para Güemes y que toman varios chicos” describe Silvia, maestra rural de la escuela 4136 Julio Argentino Cornejo de Finca La población en Campo Santo, a unos kilómetros del municipio de General Güemes en Salta. Para conocer la experiencia de vida del maestro rural, conversamos con Jesús Sánchez y Silvia Rodríguez, pertenecientes al establecimiento.

No, para venir a Europa no hace falta usar boina ni sombrero, o vestirse como la Garbo pero de pueblo. Se viene normal, correcta, y si hay que destacar es mejor hacerlo por defecto que por exceso: los excesos – si de elegancia en el vestir hablamos – son siempre malos consejeros. Si cito por orden cronológico bajó del avión oficial envuelta en boina; por la tarde en un recinto cerrado y ante una autoridad eclesiástica, usó sombrero; hoy ante el Papa ha vuelto a hacerlo. Nadie – con algún grado de conocimiento sobre protocolo y normas – le ha debido advertir que las señoras en audiencia con el Papa usan mantilla o no usan nada. El color negro fue el único acierto; dicen las normas que sólo las Reinas pueden usar junto al Papa, su color, el blanco.

Cuando Francisco de Narváez compró en remate la biblioteca personal de Perón, su archivo fotográfico y su último uniforme de gala, desnudó una realidad evidente: la herencia del caudillo fue a parar a manos del mejor postor, lo mismo que venía ocurriendo desde hacía unos años con sus ideas. Salvo alguna que otra rarísima excepción, el peronismo no es hoy más que una asociación de pillos, en el que el nombre del fundador parece legitimar toda clase de tropelías. ¿No habrá llegado la hora de enterrar al prócer y airear un poco al país?

Estoy emocionada, de veras que me han llegado a lo más profundo de mi corazón sus palabras. Escoltado por cinco gobernadores, casi como un "Cristo" (*) con algunos de sus apóstoles, Néstor arribó a Chubut para portar en nombre de la PresidentA, un mensaje de "paz y convivencia". "Venimos a tender un puente de amor. No hagan pelear a la gente con la gente, hagan que se abrace la gente con la gente”, exhorto a los presentes. Los presentes en este acto de liturgia, quedaron imbuidos por completo del mensaje de "paz y convivencia", de ese “puente del amor” que nos hermana. Aplaudieron con fervor las palabras de Néstor y entonaron al únisono este salmo: "es para vos, es para vos, Das Neves p... la p... que te parió".

Uno de los rasgos de identidad de quienes actúan en política con improvisación y sin recursos intelectuales suficientes, es la tendencia a simplificar la compleja realidad que nos rodea y a suplir con rellenos superficiales las insuficiencias teóricas más pofundas. Los ciudadanos parecemos condenados a convivir con esta suerte de reductores del espectro, que muchas veces se sentirían más cómodos trabajando con las herramientas teóricas de la entomología que con las de la política, pues son amantes de categorizar a los seres humanos cual si fuésemos insectos.

Desde aquellos tiempos de estudiante de abogacía y luego en largos años de ejercicio profesional, aprendí que la buena fe es la esencia de las relaciones jurídicas. Este apotegma debiera estar internalizado en nuestra conciencia ciudadana como si fuera la estrella polar, y aplicarlo en todos los ámbitos y acciones de la vida en sociedad, principalmente en aquellos en que interesa al orden y derecho públicos. Tal el caso de la legislación sobre partidos políticos y régimen electoral. En una reciente entrevista (El Tribuno, 1/11/09, p. 4), preguntado hasta dónde está dispuesto a ceder el gobierno central en el debate parlamentario, J.M. Abal Medina jr., uno de los mentores de la reforma, aceptó su “perfectibilidad en la dinámica parlamentaria mientras se mantenga el espíritu, que es fortalecer a los partidos y transparentar el financiamiento electoral”: ¿quién podría desacordar con esa teleología iuris tantum?

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