viernes, 10. febrero 2012

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El reordenamiento de Montaldi evoca el caos original

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Bafle Montaldi ampliar
El Director Municipal de Tránsito de la ciudad de Salta, Gerardo Montaldi, debe haberse dado cuenta ya, a estas alturas, que es más fácil dividir el átomo que reordenar el caos de la circulación de vehículos en Salta.

Es más, hay quien dice que el empeño de Montaldi en organizar un poco la formidable confusión urbana, tropieza con un pequeño inconveniente de orden ontológico: El propio Bafle es un poco "desbolado", según dicen algunos de sus colaboradores más próximos.

A pesar de este superficial detalle, el Director de Tránsito no renuncia a seguir haciendo zapping entre proyectos faraónicos e irrealizables, pues esto de poner multas por mal estacionamiento y dar escolta a los primeros turistas de la temporada le resulta mortalmente aburrido.

Al Director le gusta el riesgo; le fascina conducir el patrullero con la vivacidad de Starsky y Hutch y las misiones arriesgadas como escoltar a las ambulancias del INCUCAI con corazones aún latiendo, o practicar controles de alcoholemia a los "machaos".

Nada indica que la Dirección de Tránsito ni SAETA ni la AMT sean viveros de buenas mentes.

La solución a los problemas del tráfico de Salta no debería empezar en los escritorios de estos funcionarios, sino en un laboratorio de alta complejidad en Houston, o algún sitio parecido, y ocupar las neuronas de ingenieros expertos en sistemas de alta complejidad o, tal vez mejor, de antropólogos que sean capaces de encontrar la clave que sirva para descifrar por qué nosotros, descendientes directos de los incas, nos montamos sobre vehículos europeos como si fuera la cosa más natural del mundo y nos comportamos como unos auténticos patanes en las calles.

Es vano el intento de introducir pulcritud y civismo en el caos circulatorio de Salta, aunque el loable objetivo se haya convertido en una obsesión fija del Director de Tránsito.

Las calles de Salta son estupendos refugios para aquellos que no tienen otro lugar para desplegar su repertorio de gestos inciviles, de modo que la estrategia de carriles selectivos, de señalética de ómnibus, de redefinición de las paradas y de controles de remises parece francamente insuficiente.

El último intento de Montaldi ha provocado un caos superior al que existía antes de la creación del mundo. Fiel a su carácter, el Director de Tránsito ha intentado imponerlo "por la fuerza de las armas", pero sólo ha conseguido recrear el desorden del cosmos minutos después del Big Bang.

El señor Montaldi debería pensar seriamente en meter mano a la compleja estructura social de la circulación vial en Salta, es decir, revisar o refundar el "clasismo", que hace que los poderosos de las 4x4 avasallen a los que utilizan coches normales, que éstos se ensañen con los remises, que los remises se enfrenten con las motos, conducidas por señores que antes montaban en bicicleta, y los de las bicicletas sufran agresiones y desprecios por los que han tenido la suerte de comprarse una motito con motor de dos tiempos.

El Director debería pensar que muy mal la tienen que estar pasando los colectiveros, que al primer incidente se arriesgan a ser molidos a patadas por algún prepotente y comprender el estrés que provocan las absurdas exigencias de sus empresas.

No estaría de más tampoco que sus agentes de tránsito, otrora llamados zorros grises, y también "carapintadas" desde que los dirige Montaldi, en lugar de dedicarse a la punición con fines recaudatorios se encargaran de aconsejar a los usuarios de las vías urbanas sobre el mejor comportamiento posible.
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