Sismos en Salta

Ricardo N. AlonsoEn los dos últimos años, desde marzo de 2008, vinimos alertando en distintos artículos periodísticos sobre una creciente sismicidad en Salta, registrada adentro del Valle de Lerma. Decíamos que estaban “picando” cada vez más cerca .

Y finalmente, tuvimos un sacudón fuerte que nos golpeó a todos.

Ocurre que en el mundo se registran todos los años más un millón y medio de sismos. La mayoría de ellos son imperceptibles. Cuando alguno alcanza un grado mayor a cinco en la escala de Richter, generalmente es noticia. Cuanto más fuerte es el sismo y más cercano de una ciudad está el epicentro, peores pueden llegar a ser las consecuencias, al punto de transformarse en catastróficos.

La corteza continental y en especial la corteza andina están sometidas a una fuerte tensión. Por lo tanto decir que los Andes es un edificio de montañas jóvenes y en crecimiento, es algo que ya se sabe. Y que Salta está dentro de una zona de actividad sísmica, también se sabe.

Concretamente Salta está dentro de esa corteza andina deformada y en tensión permanente, producto de la subducción de la placa oceánica de Nazca. De allí que los sismos en nuestra provincia sean una cosa diaria aunque la mayor parte de las veces sean imperceptibles.

El sismo más fuerte registrado en el país fue el que destruyó la ciudad de Esteco el martes 13 de Septiembre de 1692. Desde entonces se ha sucedido al menos un sismo de fuerte intensidad por siglo.

En sismología se saben muchas cosas, entre ellas, cuales son las fallas más activas y que son las que van a producir sismos en algún momento. Se sabe además el dónde pueden ocurrir, lo que no se sabe es cuándo se van a producir. Conocemos el espacio pero ignoramos el tiempo. En cualquier día u hora del año puede ocurrir un sismo.

Las montañas que flanquean el Valle de Lerma son muy jóvenes, al punto que rocas del Terciario superior, con menos de 5 millones de años de antigüedad, ya fueron engullidas por las montañas de los Nevados de Castillo al Oeste y la Sierra de Mojotoro al Este.

En marzo de 2008, en el flanco de la Sierra de Mojotoro, a 25 km al sur-sureste de la ciudad de Salta, se activó una falla a 21 km de profundidad, que nos dio un susto a los salteños. Se trataba de una de las tantas fallas del entramado tectónico que conforman la arquitectura de la sierra de Mojotoro. En ese caso ubicada más o menos en los cerros al frente de Cerrillos y La Merced, que disparó un sismo de grado 3,5.

Según los últimos datos el sismo que ocurrió ayer sábado 27, a las 12.45 horas, fue en la misma zona pero con una magnitud de 6,1 y a 10 km de profundidad, lo que hizo temblar bastante la región.

Estábamos acostumbrados a los sismos que se generan en la gran línea sismogénica (generadora de sismos) que corre por las sierras de la Candelaria, Metán, Lumbrera, Santa Bárbara y sigue hacia el norte entrando en Bolivia, más o menos entre las grandes provincias geológicas de la Cordillera Oriental y las Sierras Subandinas.

Pero los últimos sismos han estado ocurriendo en los propios flancos y adentro del Valle de Lerma. En realidad hay miles de fallas activas que pueden tener movimientos y provocar sismos dentro del territorio andino en el cual Salta y nuestra vecina Jujuy tienen una porción importante.

De allí la importancia que cobran los estudios para conocer el comportamiento de la corteza, como el que están llevando a cabo en el noroeste argentino científicos de Potsdam (Alemania), entre ellos el Dr. Xiaohui Yuan y el Dr. Benjamín Heit.

Las lecciones que podemos sacar cuando se sacude la tierra bajo de nuestros pies son varias.

En primer lugar, es bueno que se produzcan sismos suaves porque liberan energía de la corteza en tensión, evitando la llegada de otros de mayor intensidad.

La ventaja entonces de los pequeños sismos como los recientemente ocurridos es que ayudan a relajar las tensiones mayores a la que está sometida la corteza y en este sentido son positivos y bienvenidos.

En segundo lugar, nos recuerda que vivimos en un espacio sísmico activo y que nada, absolutamente nada, podemos hacer contra las fuerzas de la naturaleza, esto es contra los sismos no positivos.

Sabemos que podemos predecir el dónde van a ocurrir, pero no podemos predecir el cuándo. Ante esta última imposibilidad de predecir está la necesidad de prevenir.

Los salteños, sin necesidad de que cunda el pánico, debemos entonces vivir prevenidos ante una amenaza cierta y potencial.

(*) El autor es doctor en Ciencias Geológicas

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