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Una recreación bastante aproximada de la escenografía del infierno

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Discurso desde el infierno
Cuando llegue su hora, el ministro Julio César Loutaif se irá derechito al cielo; por un trámite exprés, acelerado convenientemente por boleta electrónica. De modo que no conocerá el infierno.

Pero como al funcionario le gusta meter las narices en todo, a alguien en este valle de lágrimas se le ha ocurrido enseñarle un poquito de lo que podría llegar a encontrar en las tórridas profundidades inclusivas y no destituyentes que "conduce" Lucifer.

Sucedió el pasado fin de semana, en las amplias y cómodas instalaciones de un hotel céntrico de cinco estrellas de la ciudad de Salta, en donde el Ministro de Gobierno, convertido temporalmente en Mirtha Legrand, ofició de maestro de ceremonias en la entrega de los premios "Güemes, Héroe Nacional", que recompensa a los mejores programas de radio y televisión por cable del 2011.

No sabemos si fue el responsable de la prolongadísima y bien dotada (presupuestariamente hablando) "Década Bicentenaria" quien convenció al decorador del escenario para darle un toque patriótico al asunto, pero está muy claro que el decorador decidió prescindir del tradicional celeste y blanco, de las escarapelas gigantes y de las cadenas de papel crepé, tan usuales en las manifestaciones cívico-militares, para incursionar en el rojo furioso.

Delante de los pesados cortinados de terciopelo, de color rojo sangre, apenas si luce la enseña nacional, aquella que Belgrano nos legó, cuando triste la Patria esclavizada, con valor sus vínculos rompió.

La perfección del terciopelo y sus caprichosos brillos argénteos han despertado -según dicen- la envidia del Deán de la Catedral, quien al parecer está esperanzado en que los responsables del hotel le cedan algunos retazos de este paño para remozar el espacio en donde, el próximo mes de agosto, tendrá lugar la entronización.

Antes que los colores patrios, destaca el rojo de las cortinas, el del poncho que cubre la tribuna (¿una tribuna con poncho?) desde la que desgrana su prosa el insigne orador, el de la bandera de Salta que cuelga del cortinado y el de la misma bandera enarbolada en un mástil. ¡Hasta la Bandera Argentina tiene un tono rojizo!

Para no desentonar, Loutaif eligió una corbata roja, que al final de cuentas es el único detalle de buen gusto en una escena destrozada estéticamente, no solo por el "rojo infernal" del contexto, sino por la imagen tridimensional de un Güemes contrahecho y fantasmagórico, más emparentado con Alonso Quijano, el Ingenioso Hidalgo don Quijote de La Mancha, que con el fornido gaucho Murúa, que sirvió de modelo para sus retratos.

Esa versión de Güemes está muy bien para servir de pisapapeles, pero no para una representación oficial y seria de su imagen.

Además de la corbata de Loutaif y del rostro recio y viril del ministro, cuadrado cual icono ortodoxo de Constantinopla, es de destacar la perfección de los rasgos del caballo de Héroe Gaucho, mucho mejor logrados que las enjutas facciones de su jinete.

Veinte años más de festejos bicentenarios con cargo a los presupuestos públicos y haremos realidad el sueño de reemplazar nuestra augusta enseña patria por una variedad de paños rojos, como querían los revolucionarios de los años sesenta.