Si viviera el profesor Sirolli, se avergonzaría del CIF
- Domingo 05 de Agosto de 2012 - 07:44:27 h
- Por Redacción Iruya.com
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La noticia de que el juez Pablo Farah resolvió enviar unos restos óseos para que sean analizados por el Museo de Antropología, porque el modernísimo laboratorio del Cuerpo de Investigaciones Fiscales de Salta "hizo papa" con ellos, reaviva la polémica en torno a la utilidad y nivel científico de la elite de sabuesos informatizados que responde a las órdenes del Procurador López Viñals.
Según la información de los diarios, el CIF no pudo aportar al juez prácticamente ningún dato relevante acerca de los huesos hallados en una excavación eléctrica practicada a 50 kilómetros de la capital salteña. Extraoficialmente ha trascendido que el dictamen del CIF se limita a decir: "Señor Juez: Los elementos analizados no son una uña de vaca".
Sumido en la perplejidad científica, al juez Farah no le ha quedado otra salida que enviar el material al Museo de Antropología para que sus profesionales determinen, al menos, el tiempo que esos huesos llevaban enterrados en el lugar.
Lo cual lleva a preguntarse si efectivamente, el Museo de Antropología está mejor preparado que el Cuerpo de Investigaciones Fiscales para conducir sofisticadas pesquisas criminológicas, y en tal caso, para qué existe el CIF habiendo tan buenos antropólogos al pie del cerro.
Pero ante el posible fracaso del Museo a la hora de determinar la verdadera entidad de los huesos, el juez Farah aún tiene una última carta para jugar.
Consiste en dirigir un oficio a la iglesia León XIII para que los expertos en reliquias de santo le informen, al menos, que los huesos no pertenecen a ningún apóstol conocido.
Si fracasa la opción León XIII, al juez solo le queda la esperanza de la resurrección del augusto profesor Amadeo Rodolfo Sirolli, fundador de la antropología moderna en Salta, o encomendarse a las manos de algún curandero, chamán o vidente que, en definitiva, pueda ver lo que las súpercomputadoras del CIF de López Viñals no pueden ver.
Según la información de los diarios, el CIF no pudo aportar al juez prácticamente ningún dato relevante acerca de los huesos hallados en una excavación eléctrica practicada a 50 kilómetros de la capital salteña. Extraoficialmente ha trascendido que el dictamen del CIF se limita a decir: "Señor Juez: Los elementos analizados no son una uña de vaca".
Sumido en la perplejidad científica, al juez Farah no le ha quedado otra salida que enviar el material al Museo de Antropología para que sus profesionales determinen, al menos, el tiempo que esos huesos llevaban enterrados en el lugar.
Lo cual lleva a preguntarse si efectivamente, el Museo de Antropología está mejor preparado que el Cuerpo de Investigaciones Fiscales para conducir sofisticadas pesquisas criminológicas, y en tal caso, para qué existe el CIF habiendo tan buenos antropólogos al pie del cerro.
Pero ante el posible fracaso del Museo a la hora de determinar la verdadera entidad de los huesos, el juez Farah aún tiene una última carta para jugar.
Consiste en dirigir un oficio a la iglesia León XIII para que los expertos en reliquias de santo le informen, al menos, que los huesos no pertenecen a ningún apóstol conocido.
Si fracasa la opción León XIII, al juez solo le queda la esperanza de la resurrección del augusto profesor Amadeo Rodolfo Sirolli, fundador de la antropología moderna en Salta, o encomendarse a las manos de algún curandero, chamán o vidente que, en definitiva, pueda ver lo que las súpercomputadoras del CIF de López Viñals no pueden ver.


