'¿Por qué debemos pagar nosotros el alimento a un delincuente o a un violador?'
- Domingo 05 de Agosto de 2012 - 07:21:46 h
- Por Mateo Lasala
- 432
El razonamiento del diputado nacional por Salta Alfredo Horacio Olmedo en torno a la manutención de los presos federales a cargo del Estado merece un lugar destacado en los anaqueles de la escuela de neuropsiquiatría de Viena.
El legislador se pregunta "¿Por qué debemos pagar nosotros el alimento a un delincuente o a un violador?" y a tal interrogante no se le puede hacer ningún reproche lógico. Quizá ético y jurídico, pero de ninguna manera lógico.
Señala Olmedo en su discurso, que "como el 64% de los presos trabaja y el 54% estudia dentro de las cárceles, tranquilamente se pueden costear su sustento diario y no utilizar los fondos de la sociedad que trabaja de buena fe para mantener los valores de la familia que nuestros padres nos enseñaron".
El curioso diputado no ha reparado sin embargo en que de aquel 54% de presos que estudia, en realidad un 89% de ellos "estudia el terreno", mientras que del 64% de los que trabajan, un 96% de ellos en realidad "trabaja la moral".
Con estas asombrosas cifras de aplicación de presos al conocimiento y a la producción, es llamativo que Olmedo no se haya formulado también las siguiente preguntas:
'¿Por qué debemos pagar nosotros el alojamiento a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros la vestimenta de un delincuente o de un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros la luz, el agua y el gas a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros a los guardiacárceles que cuidan a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros en definitiva todos los gastos que conlleva el mantenimiento de las cárceles, infestadas de delincuentes y de violadores, cuando somos nada menos que los inventores del expeditivo y ecológico método de la "disposición final"?'
Para "mantener los valores de la familia que nuestros padres nos enseñaron", nada mejor que acabar con los delincuentes y violadores sumiéndolos en la inanición o infligiéndoles tratos inhumanos. La debilidad extrema por falta de alimentos -piensa Olmedo- es más efectiva incluso que la castración quirúrgica. Un violador hambriento se dirige antes a la pizzería que al parque.
Los "valores familiares" que quiere preservar Olmedo, más que a los valores de una familia tradicional y cristiana, se parecen los valores de "la familia" de Charles Manson.
El legislador se pregunta "¿Por qué debemos pagar nosotros el alimento a un delincuente o a un violador?" y a tal interrogante no se le puede hacer ningún reproche lógico. Quizá ético y jurídico, pero de ninguna manera lógico.
Señala Olmedo en su discurso, que "como el 64% de los presos trabaja y el 54% estudia dentro de las cárceles, tranquilamente se pueden costear su sustento diario y no utilizar los fondos de la sociedad que trabaja de buena fe para mantener los valores de la familia que nuestros padres nos enseñaron".
El curioso diputado no ha reparado sin embargo en que de aquel 54% de presos que estudia, en realidad un 89% de ellos "estudia el terreno", mientras que del 64% de los que trabajan, un 96% de ellos en realidad "trabaja la moral".
Con estas asombrosas cifras de aplicación de presos al conocimiento y a la producción, es llamativo que Olmedo no se haya formulado también las siguiente preguntas:
'¿Por qué debemos pagar nosotros el alojamiento a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros la vestimenta de un delincuente o de un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros la luz, el agua y el gas a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros a los guardiacárceles que cuidan a un delincuente o a un violador?'
'¿Por qué debemos pagar nosotros en definitiva todos los gastos que conlleva el mantenimiento de las cárceles, infestadas de delincuentes y de violadores, cuando somos nada menos que los inventores del expeditivo y ecológico método de la "disposición final"?'
Para "mantener los valores de la familia que nuestros padres nos enseñaron", nada mejor que acabar con los delincuentes y violadores sumiéndolos en la inanición o infligiéndoles tratos inhumanos. La debilidad extrema por falta de alimentos -piensa Olmedo- es más efectiva incluso que la castración quirúrgica. Un violador hambriento se dirige antes a la pizzería que al parque.
Los "valores familiares" que quiere preservar Olmedo, más que a los valores de una familia tradicional y cristiana, se parecen los valores de "la familia" de Charles Manson.


