Miércoles,23 Mayo 2012

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Placas oficiales y decoro republicano en Salta

El ego tallado en mármolEl ego tallado en mármol
Desde que el gobernador Urtubey ha inaugurado el estilo casual en el ceremonial de Estado, las placas que suelen adornar los grandes fastos ya no se descubren una vez que han sido sujetas a una pared, sino que se exhiben (sueltas, sin bulones), a modo de trofeo, como lo demuestra el propio mandatario en la fotografía oficial que ilustra estas líneas.

Tal vez los albañiles de la Municipalidad de El Carril no tuvieron tiempo de preparar la mezcla o de conseguir los bulones adecuados para empotrar la placa y por eso la dejaron suelta, como si fuese un volante de papel que se reparte en tiempos de campaña.

La imagen de Urtubey sujetando la placa como un nuevo Moisés en la cima del Monte Sinaí, habla con elocuencia acerca del culto a la personalidad como "política de Estado" en Salta.

Una ley de la Legislatura de la Provincia debería obligar a que las placas, una vez talladas o grabadas, sean colocadas en sus sitios correspondientes y que a ningún Gobernador o funcionario, por más demagógicos que sean, les esté permitido manipular las placas como si fuesen un juguete personal.

De paso, la misma ley debería prohibir que en las leyendas de las placas -que se suponen escritas para perpetuar la memoria de un suceso- figure el nombre de personas que transitoriamente ejercen responsabilidades públicas. Si llegase a autorizarse, por ejemplo, que aparezca el nombre del Gobernador, la misma ley debería obligar a que todas las placas permanezcan cubiertas mientras el mismo Gobernador ejerza el cargo o mientras siga en la actividad política.

Es comprensible que al gobernador Urtubey no le haga ninguna gracia circular por pueblos en cuyas plazas hay estatuas, monolitos y monumentos adornados con placas que llevan el nombre de su antecesor. Pero lo que no puede hacer don Urtubey es mandar a esculpir su propio nombre en cuanta placa quede por poner, para que las futuras generaciones piensen que fue él y no don Romero el Gobernador más Gobernador de Salta.

Si esto sucede con el nombre del Gobernador, ¿qué decir del nombre del señor Zottos o del señor D'Andrea? Sinceramente, que ninguno de los tres son próceres de ninguna especie y que los ciudadanos no les debemos ningún favor como para andar agasajando sus egos con cargo a los presupuestos del Estado.

Antiguamente, los servidores públicos -especialmente los maestros- contrataban una póliza muy rudimentaria para los menesteres propios de los sepelios, que incluía, entre otros beneficios, una sobria placa de bronce para su morada definitiva.

Urtubey, Zottos y D'Andrea deberían pensar en sufragar de su bolsillo la perpetuidad de sus ilustres nombres y no pasarle la factura del mármol a los sufridos vecinos de El Carril. Su obligación como gobernantes de una república es la de prescindir del narcisismo, porque más allá de sus nombres, el Estado somos todos.

Moisés y Las TablasMoisés y Las Tablas
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