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La lucha de clases en la Cámara de Diputados de Salta

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Nuestro atraso institucional se puede medir a través de una múltiple variedad de indicadores. Pero ninguno tan fiable como el examen de los "útiles" que emplean nuestros parlamentarios y nuestros funcionarios en sus encuentros y apariciones públicas.

La foto que ilustra esta página es la instantánea perfecta del estado actual de nuestras prácticas institucionales. Retrata los gestos, actitudes y preferencias de nuestros políticos, no en su intimidad, sino en pleno ejercicio de sus funciones; es decir, en un momento para el que -se supone- se han preparado minuciosamente, a conciencia.

El encuentro (llamado por algunos, "interrogatorio") entre el Ministro de Seguridad de Salta, Eduardo Sylvester, y diputados provinciales muestra para empezar una enorme brecha tecnológica entre los servidores públicos encargados de hacer nuestras leyes y las abnegadas estenógrafas parlamentarias.

Si observamos con cuidado la fotografía, veremos que el pluridiputado Matías Posadas acude a la reunión provisto de su iPad, uno de los últimos gritos de la moda en materia de dispositivos móviles. A pesar de este alarde tecnológico, el pluridiputado no ha encontrado mejor apoyo para la fina maquinaria ideada en Cupertino (650 us$) que un vulgar ejemplar de diario enrollado, impreso en Salta (0,35 us$).

Frente a este estallido tecnológico -a medias- se hallan nuestras taquígrafas, que no utilizan dispositivos de estenotipia sino rudimentarios lápices Faber. Y que, para mayor sorpresa, todavía emplean grabadores manuales y analógicos de cassettes compactos, como en la década de los años 70.

De la misma generación tecnológica son los sacapuntas y borradores, pero no tanto ese misterioso aparato que parece un despertador de viaje, con el que las taquígrafas controlan el tiempo de intervención de los parlamentarios o el suyo propio.

Como corresponde a un buen Estado subdesarrollado, en la mesa de trabajo hay más ejemplares de diarios que papeles importantes. Poseen un ejemplar (de vaya a saber qué pasquín) los diputados Posadas, Godoy (hijo), Del Pla, David y Soler Carmona. Seguramente pensarán que los concienzudos análisis de la prensa local son más útiles para interpelar a un ministro que los papeles que puedan prepararles sus asesores.

Salvo las taquígrafas, el resto de los asistentes dispone de smartphones y de opaphones (los que no son "smart") casi por partes iguales. Un diputado tiene hasta dos, prolijamente dispuestos junto al estuche de sus gafas.

Quien extrañamente no tiene ningún objeto a su alrededor es el presidente de la Cámara, el diputado Godoy (padre) que encuentra tan divertida la reunión que no tiene mejor ocurrencia que "tinquearse el coto", a manera de pasatiempo.

La única diputada que observa atentamente al expositor compareciente es la elegante Irene Soler, acompañada de su jefe de filas, el diputado Guillermo Durand Cornejo, un auténtico agro-dandy de tierra bien adentro, con pañuelito de seda al cuello y todo.

De esta muy preocupante colisión de clases y de estilos se salva el único diputado clasista del elenco estable: Claudio Del Pla. Sobriamente vestido, el diputado obrerista escribe con una modesta birome Bic y parece estar consultando papeles importantes y no los resultados de la tómbola en el diario local. El trotskismo al final paga con estética sus desaguisados ideológicos.

El ministro Sylvester, por último, es de todos los presentes el que más papeles tiene sobre la mesa. Pero solo son papeles, lo que para algunos diputados constituyó una gran desilusión, pues esperaban que el ministro acudiese a la cita con unas bolsas de plástico y con baldes de agua para hacer una demostración práctica de las destrezas de algunos de sus pupilos.