Sábado,18 Mayo 2013

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En Orán, a Dios lo que es del César y al César lo que es de Dios

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Colombo y Sylvester. Foto: Gobierno de Salta
Cualquier político que bien se precie y desee expresar sus inquietudes en la muy noble y pía ciudad de San Ramón de la Nueva Orán, no debe, por ningún motivo, visitar el despacho del intendente Marcelo Lara Gros, sino el del Obispo (y tocayo del anterior), monseñor Marcelo Daniel Colombo.

Hace poco fueron los senadores nacionales Juan Carlos Romero y Sonia Margarita Escudero quienes analizaron con el orondo prelado oranense problemas atinentes al contrabando, el tráfico de drogas, la violencia creciente, el consumo juvenil de estupefacientes, la educación, la frontera y -¡vaya sorpresa!- las obras viales pendientes.

Hoy, quien pagó visita al Obispo fue el Ministro de Seguridad de la Provincia, señor Eduardo Sylvester. El circunspecto funcionario de Urtubey abordó con "su par" episcopal temas como la integración de personas privadas de libertad y la lucha contra el narcotráfico.

Afortunadamente, Sylvester no trató con monseñor asuntos como las obras viales pendientes, la inseguridad en las rutas, las inundaciones estivales o el estado de los aeropuertos de la región, temas que, a pesar de su ausencia, al parecer entran de lleno en la agenda elaborada por el Vaticano para la pujante y variopinta Diócesis de Orán.

Parece evidente que siendo el Obispo quien se ocupa de estas cosas, el intendente Lara Gros muy poco tiene para decir sobre ellas.

Al contrario, el "otro Marcelo" se encarga de las cuestiones espirituales, y no solamente de las propias (como la comunión diaria y las oraciones vespertinas).

El Intendente -político sagaz donde los haya- ha advertido que el Obispo -con sus republicanas inquietudes- está dejando un enorme hueco espiritual que, desde el gobierno municipal aspira a llenar santificando con su presencia los lugares a los que acude.

Más que a pavimentar caminos, construir cordones cuneta y depurar líquidos cloacales, a Lara Gros le interesa salvar almas. No en vano el Intendente de Orán es insigne por la firmeza de su fe, buenas costumbres, piedad, celo por las almas, sabiduría, prudencia y demás virtudes humanas que le confieren una aptitud que excede largamente sus responsabilidades como magistrado del Estado y lo proyectan hacia la plenitud del sacerdocio ministerial.

Parece evidente que si el verdadero titular de la Diócesis se ocupa de "verificar" la marcha de las obras viales, el flagelo del contrabando y las drogas, es de toda lógica suponer que el Intendente aspira, por su lado, a una dignidad eclesiástica que le permita ejercer control y vigilancia del cumplimento de las leyes de la Iglesia y el Derecho Canónico.

Quizá solo falte para eso que uno y otro intercambien, al menos simbólicamente, el bastón de mando por el báculo pastoral. Urtubey vería con buenísimos ojos este enroque corto.