Europa, bien nacional y popular
- Jueves 16 de Agosto de 2012 - 03:52:39 h
- Por Brenda María Diez
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Se ha puesto de moda satanizar a Europa. Bastó para que los problemas económicos y sociales comenzaran a ensombrecer este continente, para que algunos de los nuestros desenterraran el discurso nacionalista y comenzaran a marcar distancias con las calamidades de la "vieja Europa".
Al fin a al cabo, somos lo que somos y estamos tan orgullosos de serlo y de haber podido construir nuestra esencia nacional sin molestas injerencias foráneas, que de vez en cuando se nos debiera permitir sacar pecho por todo lo abundante y bueno que ha dado nuestra tierra, del Chaco a la Patagonia, de los Andes al Plata.
Solo por empezar, y sin querer presumir de nada frente a nuestros hermanos americanos, podríamos recordar a un puñado de argentinos ultra-originarios como un tal Carlos Gardel (nacido en Tolouse), o un tal Atahualpa Yupanqui (que vivió durante décadas en París y que falleció en Nîmes); o un tal Julio Cortázar (nacido en Bruselas y muerto en París), un tal Jorge Luis Borges (fallecido y enterrado en Ginebra), un tal José Ingenieros (nacido en Palermo, Sicilia), una tal Alfonsina Storni (nacida en Suiza), o un tal Ernesto Sábato (nacido de padres calabreses).
Cómo olvidar a nuestros Premios Nobel originarios como Luis Federico Leloir (nacido en Paris), o Bernado Houssay (nacido de padres franceses), o Carlos Saavedra Lamas (que vivió en Europa), o César Milstein (que fue premiado como británico y que falleció en Cambridge).
Y nuestros próceres. ¡Cómo podrían faltar nuestros próceres! Con el General José de San Martín a la cabeza (que vivió en Europa durante 58 años y murió junto al Canal de la Mancha), o a Manuel Belgrano (hijo de ligures, que se formó en Salamanca y en Valladolid), o al Almirante Brown (que nació en Foxford, Irlanda); a Domingo Matheu (que nació en Barcelona), a Juan Larrea (que nació en Mataró), al general José Antonio Álvarez de Arenales (que nació en Cabezón de la Sal, Cantabria), a Gabriel de Güemes Montero, padre del General Güemes (nacido también en Cantabria), a Santiago de Liniers (nacido en Niort), a Blas Parera, autor del Himno Nacional Argentino (nacido en Murcia), a Juan Manuel de Rosas (muerto en Southampton), o a Mariano Moreno (muerto en alta mar, de camino a Europa).
O próceres con leyenda más reciente, como Alicia Moreau de Justo (nacida en Londres); como Julieta Lanteri de Renshaw (nacida en Italia); o el doctor Marcelo T. de Alvear (que vivió por años en París); o el doctor José Figuerola, mentor de Perón e inspirador de la doctrina peronista (nacido en Cataluña); o el mismo Perón (que vivió 13 años en Madrid); o Eva Perón (cuyo cadáver estuvo enterrado en Milán y encerrado en Puerta de Hierro); o Arturo Frondizi (cuyos padres vinieron de Gubbio, en Umbria); o a Arturo Illia (hijo de lombardos); o a Máxima Zorreguieta (descendiente de salteños, que será reina de Holanda).
Quién podría olvidar a nuestros dos más grandes inventores, Juan Vucetich, inventor del sistema de identificación por huellas dactilares (nacido en Croacia); y Ladislao José Biro, inventor de la birome (nacido en Hungría).
Para no decir que de esa misma Europa xenófoba y decadente vinieron a estas playas los Firmenich, los Kirchner, los Fernández y los Wilhem; los Scioli, los Macri, los D'Elia, los Bonafini, los Tinelli, los Caniggia, los Mariotto, los Bonfatti, los Binner, los Capitanich, los Urtubey, los Ragone y los De la Sota; los Ginobili, los Scola, los Prigioni, los Oberto, los Nocioni; los Crismanich; los Del Potro, los Mónaco, los Schwank, los Berlocq; los Mascherano, los Campagnaro, los Gago, los Di María y los Messi.
Todo bien nac & pop, como corresponde a un país "hecho a sí mismo".
Al fin a al cabo, somos lo que somos y estamos tan orgullosos de serlo y de haber podido construir nuestra esencia nacional sin molestas injerencias foráneas, que de vez en cuando se nos debiera permitir sacar pecho por todo lo abundante y bueno que ha dado nuestra tierra, del Chaco a la Patagonia, de los Andes al Plata.
Solo por empezar, y sin querer presumir de nada frente a nuestros hermanos americanos, podríamos recordar a un puñado de argentinos ultra-originarios como un tal Carlos Gardel (nacido en Tolouse), o un tal Atahualpa Yupanqui (que vivió durante décadas en París y que falleció en Nîmes); o un tal Julio Cortázar (nacido en Bruselas y muerto en París), un tal Jorge Luis Borges (fallecido y enterrado en Ginebra), un tal José Ingenieros (nacido en Palermo, Sicilia), una tal Alfonsina Storni (nacida en Suiza), o un tal Ernesto Sábato (nacido de padres calabreses).
Cómo olvidar a nuestros Premios Nobel originarios como Luis Federico Leloir (nacido en Paris), o Bernado Houssay (nacido de padres franceses), o Carlos Saavedra Lamas (que vivió en Europa), o César Milstein (que fue premiado como británico y que falleció en Cambridge).
Y nuestros próceres. ¡Cómo podrían faltar nuestros próceres! Con el General José de San Martín a la cabeza (que vivió en Europa durante 58 años y murió junto al Canal de la Mancha), o a Manuel Belgrano (hijo de ligures, que se formó en Salamanca y en Valladolid), o al Almirante Brown (que nació en Foxford, Irlanda); a Domingo Matheu (que nació en Barcelona), a Juan Larrea (que nació en Mataró), al general José Antonio Álvarez de Arenales (que nació en Cabezón de la Sal, Cantabria), a Gabriel de Güemes Montero, padre del General Güemes (nacido también en Cantabria), a Santiago de Liniers (nacido en Niort), a Blas Parera, autor del Himno Nacional Argentino (nacido en Murcia), a Juan Manuel de Rosas (muerto en Southampton), o a Mariano Moreno (muerto en alta mar, de camino a Europa).
O próceres con leyenda más reciente, como Alicia Moreau de Justo (nacida en Londres); como Julieta Lanteri de Renshaw (nacida en Italia); o el doctor Marcelo T. de Alvear (que vivió por años en París); o el doctor José Figuerola, mentor de Perón e inspirador de la doctrina peronista (nacido en Cataluña); o el mismo Perón (que vivió 13 años en Madrid); o Eva Perón (cuyo cadáver estuvo enterrado en Milán y encerrado en Puerta de Hierro); o Arturo Frondizi (cuyos padres vinieron de Gubbio, en Umbria); o a Arturo Illia (hijo de lombardos); o a Máxima Zorreguieta (descendiente de salteños, que será reina de Holanda).
Quién podría olvidar a nuestros dos más grandes inventores, Juan Vucetich, inventor del sistema de identificación por huellas dactilares (nacido en Croacia); y Ladislao José Biro, inventor de la birome (nacido en Hungría).
Para no decir que de esa misma Europa xenófoba y decadente vinieron a estas playas los Firmenich, los Kirchner, los Fernández y los Wilhem; los Scioli, los Macri, los D'Elia, los Bonafini, los Tinelli, los Caniggia, los Mariotto, los Bonfatti, los Binner, los Capitanich, los Urtubey, los Ragone y los De la Sota; los Ginobili, los Scola, los Prigioni, los Oberto, los Nocioni; los Crismanich; los Del Potro, los Mónaco, los Schwank, los Berlocq; los Mascherano, los Campagnaro, los Gago, los Di María y los Messi.
Todo bien nac & pop, como corresponde a un país "hecho a sí mismo".


