La crisis fiscal ha sacudido las arcas municipales de Cerrillos, localidad en la que su intendente, el señor Humberto Rubén Corimayo y Hoyos, en lugar de tomar las medidas adecuadas de austeridad y contención del gasto, ha decidido "beneficiar" a veinte familias, llevándole la necesaria tranquilidad laboral, al declarar que sus contratos precarios se convierten, manu militari, en relaciones estatutarias de "planta permanente".
No existe para Corimayo el precepto constitucional que ordena que la estabilidad laboral de los empleados públicos esté sujeta al resultado de pruebas objetivas que acrediten, de forma igualitaria, el mérito y la capacidad. Pero esta no es la única norma que ignora el intendente de Cerrillos, un consumado especialista en eludir la ley y convertirla en un instrumento de su beneficio personal.
A tanto llega su osadía institucional, que hoy mismo ha tenido que soportar que un medio millar de vecinos -según cifras aportadas por los propios organizadores- marchara por las calles del pueblo para protestar enérgicamente por el bando municipal que decidió aumentar los impuestos locales hasta un 140%.
Corimayo no tiene límites, ni parece que los ciudadanos de Cerrillos sean capaces de imponérselos, aun cuando la localidad atraviesa su fase histórica de mayor depresión económica, política, estética y moral.
Con el pase "a planta" de estos veinte empleados municipales, Corimayo convierte en agentes permanentes a personas que él mismo ha contratado, con absoluta discrecionalidad, es decir, con una discrecionalidad aún más absoluta que la que utilizó para "titularizarlos". Para ser más claros todavía, la misma discrecionalidad que lo impulsó a sortear un carnet de conducir municipal con la entrada a los corsos de flores.
Se trata -según la información de prensa de la Municipalidad cerrillana- del cumplimiento de un "brindis de fin de año". Es decir, que la decisión del intendente se ha fundado, no en el derecho vigente, sino en la alegría irresponsable que provocan la sidra, el vino de mesa y el levantar las copas junto a su personal. Corimayo se ha convertido así, en un Papá Noel diferido, en un Baltasar tardío. En Cerrillos no rigen las leyes, que no son vinculantes, sino los brindis de Corimayo, que sí lo son. A partir de hoy, quien quiera obtener del gobierno municipal determinados actos administrativos, deberán esperar a que el intendente concretice su deseo en un brindis de fin de añi.
Curiosamente, la información de prensa dice textualmente lo siguiente: "De esta forma la gestión municipal, llevada adelante, deja sin efecto mediante resolución 071/2010 cualquier instrumento legal que se oponga a la presente generando de esta forma, que estos contratos de locación y servicios se dejen sin efecto pasando a planta permanente a partir del mes de enero a compañeros de distintas aéreas tanto del pueblo como del Paraje Los..." (aquí se trunca la información, aunque se infiere que se refiere al paraje Los Álamos).
Curioso decimos porque la resolución 071/2010 deja "sin efecto" "cualquier instrumento legal que se oponga a la presente", incluida la Constitución Provincial de Salta, debió decir. Habría que ver qué opina la Corte de Justicia de tan tajante declaración derogatoria.
Pero lo más llamativo es que quienes pasarán a planta permanente a partir del mes de enero son "compañeros" de distintas áreas. Al hablar de "compañeros", es más que obvio que la redactora ha incurrido en un penoso acto fallido, pues sólo puede entenderse de tal calificación a "compañeros" del Partido Justicialista, al que pertenece el intendente, pero sólo nominalmente, pues su partido verdadero y real es él mismo.
La resolución 071/2010 no dice nada acerca del gasto que supondrá para las arcas municipales la "permanentización" de estos veinte "compañeros". Se supone que el intendente se asegurará la reverencia eterna de estos veinte "beneficiados" (sólo Corimayo es capaz de entender el trabajo humano como un "beneficio" del poder y no como un servicio del trabajador) a costa de los sacrificados cerrillanos y de las plusvalías que generará el brutal aumento de impuestos decretado por el insaciable intendente municipal.




