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Por Luis Caro Figueroa - Publicado a las 09:19 | martes 17-06-2008 (leído 258 veces)
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Aprovechando que por estos días se disputa la Euro 2008, algunos medios deportivos argentinos se han preocupado en comparar la opulencia logística y organizativa del fútbol europeo con la pobreza franciscana del fútbol sudamericano.
 | | El fútbol en la Euro2008 | |
| Estos medios han puesto el acento en datos reales como el lamentable estado del terreno de juego del Monumental de Ríver durante el partido que disputaron los seleccionados de Argentina y Ecuador, y el cambio íntegro del césped en algunos estadios alpinos para favorecer el mejor juego de los equipos.
Se han detenido también en temas como la belleza de los arcos, la perfección de los banderines del córner, la comodidad de los bancos de suplentes y el hecho de que no haya fotógrafos sino cámaras automáticas detrás de los arcos de la Eurocopa.
Sólo les ha faltado decir que los árbitros europeos -que portan sofisticados equipos de intercomunicación- son además más apuestos que los nuestros, una conclusión exagerada que puede partir de una comparación superficial entre el italiano Roberto Rosetti y el boliviano René Ortubé (no Urtubey) que pitó el aludido partido con los ecuatorianos.
El caso es que de las diferencias futbolísticas se ha hablado poco, entre otros motivos porque sigue siendo muy cómodo recurrir a los esterotipos para caricaturizar tanto al fútbol europeo como al sudamericano.
Hoy en día ni el fútbol europeo es tan rápido, tan físico y tan poco dúctil como siempre se ha sostenido por aquí, ni el fútbol sudamericano es tan pausado, tan estilista, tan fino y tan poco propenso al esfuerzo físico, como se afirma en Europa.
Ecuador ha demostrado frente a la Argentina que es más veloz, más contundente y más duro que, por ejemplo, la República Checa, uno de los equipos que llegó con vitola de estrella a la Euro 2008 y que ha debido volver a casa a las primeras de cambio. Equipos realmente inferiores como Austria, Suiza o Polonia dieron auténticos espectáculos de fútbol en estado puro, sobre todo cuando les tocó luchar por una clasificación que ninguno de los tres alcanzó.
Ni qué hablar de Suecia, que juega como Brasil hace algunos años, o de la propia España que parece, por fin, convencida de que la famosa "furia" ya no le sirve para ganar los partidos. O de Holanda, que juega al fútbol eligiendo la velocidad y dosificando el rendimiento de sus jugadores, que ni son los mejores del mundo ni están en su mejor forma física.
Sólo Alemania e Italia parecen seguir fieles a sus patrones de siempre. Pero hasta cierto punto. ¿Alguien se acuerda cuando los centrodelanteros alemanes eran del estilo del tanque Horst Hrubesch o de Klaus Fischer? Pues parece que el fino Joachim Löw, entrenador alemán, ha decidido prescindir de los obeliscos y ha optado por delanteros más dúctiles como Lukas Podolski o el increíble Mario Gómez.
Venezuela, Colombia y Ecuador -por sólo citar a tres de nuestros representantes- juegan un fútbol más físico y más veloz que cualquier selección europea de hoy en día. Y no necesariamente juegan mejor. Colombia ha olvidado las fintas del Pibe Balderrama y Ecuador parece una aplanadora de estilo subsahariano más que un auténtico representante del fútbol andino. Venezuela es un equipo en construcción pero va camino de evadirse de los moldes tradicionales del fútbol sudamericano.
 | | René Ortubé - Roberto Rosetti | |
| Sólo Argentina y Brasil imprimen estilo propio a sus presentaciones; un estilo que, dicho sea de paso, ejecutan jugadores practicamente "nacidos" bajo bandera futbolística europea. Chile, bajo la influencia de Bielsa, terminará siendo un equipo poderoso pero tan vertical y vertiginoso que ni los propios aficionados chilenos podrán reconocerlo dentro de poco tiempo.
Es más lógico pensar que ambos continentes se vienen observando desde hace décadas y que cada uno quiere para sí lo que a uno le falta y el otro tiene. Así las cosas, parece que se han invertido los principios y hoy, sólo por casualidad, el fútbol europeo es más vistoso y alegre que el sudamericano, y no precisamente porque los árbitros son rubios y las tribunas son más cómodas. |