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Sin bilingüismo el turismo en Salta tiene patas cortas PDF Imprimir E-Mail
Por Mercedes Anchezar - Publicado a las 11:58 | sábado 30-06-2007 (leído 2397 veces)   
Con el título “El bilinguismo como una necesidad” la profesora Mercedes Anchézar expuso los problemas que plantea las limitaciones que hay en este tema en la Provincia de Salta. Anchézar, que hace treinta años dirige un instituto privado de enseñanza de inglés a nativos y de español a turistas que llegan a esta ciudad, expuso sus ideas en el Sexto Encuentro de Lenguas Aborígenes y Extranjeras que, organizado por la Universidad Nacional de Salta y luego de dos días de deliberaciones, acaba de concluir aquí.
Las instrucciones de la cabina del teleférico: la negación del bilingüismo
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Anchézar relacionó la expansión de la actividad turística en la Argentina, en general, y en Salta, en particular, con los condicionamientos impuestos por barreras idiomáticas que operan como factores que influirán negativamente en el sostenimiento de esa actividad, en el largo plazo. Para contactos con Mercedes Anchézar: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla Los subtítulos aquí incluidos, no figuran en el texto original: son de Iruya.com. Este es el texto completo de la ponencia de Mercedes Anchézar.

Carencia de una segunda lengua


“La lengua española está experimentando un auge internacional de cuyos beneficios participamos, aunque marginalmente. Al interés cultural se suma el económico. Ella es vista como “una empresa multinacional” de patrimonio extraordinario, que sobrepasa las fronteras de España y de los 21 países en que es idioma oficial. Es la cuarta lengua con mayor peso demográfico en el mundo: 440 millones de hablantes -36 de ellos en los Estados Unidos- y crecerá en las próximas décadas con más rapidez que el chino, francés, inglés y ruso.

El idioma español aporta a la economía de España el 15% de su Producto Bruto Interno, porcentaje similar al que genera el turismo. Las industrias culturales y de la comunicación de habla española son cada vez más importantes, aunque todavía hay flancos débiles en la diplomacia, los negocios, la comunidad científica y en la Internet.

Desde los años ’90, España es el primer inversor extranjero en América latina. Para nosotros, el factor de mayor importancia es el turismo. La carencia de una segunda lengua afecta considerablemente esta actividad; la incomunicación puede ser un elemento desalentador para el visitante. Es preciso facilitar la adquisición de una segunda lengua a nuestros conprovincianos, y brindar mejores posibilidades de aprendizaje del español a los extranjeros.

`Lengua en ebullición’


Hasta la última década del siglo veinte, en el interés por la difusión y enseñanza de las lenguas predominaba el aspecto cultural (Alonso, 1968; Rosemblat, 1965). En lo que hace al castellano, el interés estaba centrado en su pureza o impureza, en su buena o mala salud, y en los riesgos que traerían aparejadas la intensidad, la extensión y la aceleración de los procesos de urbanización y de globalización. Para algunos, el castellano mantenía su vitalidad y gozaba de una “salud de hierro” (Ernesto Sábato. En Ayala, 1982). Para otros, su presente mostraba señales de un deterioro preocupante y su futuro aparecía amenazado por la hegemonía de otras lenguas.

Quienes diagnosticaban enfermedad, replegados en una actitud defensiva, parecían olvidar que la lengua, al ser un fenómeno vivo, está sujeta a influencias endógenas y exógenas, al intercambio con otras lenguas y, por ello mismo, está sometida a “un proceso de transformación continua”. Vistas en perspectiva, tales influencias no empobrecieron y, menos, acabaron con el castellano; tampoco lo marginaron sino que le inyectaron creatividad y lo enriquecieron. La diversidad y los matices no lo debilitaron ni quebraron su unidad, sino que lo fortalecieron y le otorgaron mayor densidad y espesor.

La idea de una lengua pretérita, amortajada, cerrada y muerta no se aplica al castellano porque, como señala Emilio Lorenzo, ésta es “una lengua en ebullición” (Seco, 1983). O, como prefiere decir Manuel Seco, es “un hervidero de impulsos, desplazamientos e innovaciones” (Ídem). El castellano es, pues, una lengua presente, viva, abierta y en constante adaptación, enriquecimiento y expansión. Sin perder su legitimidad, aquellas preocupaciones de los siglos XIX y XX sobre la pureza de la lengua y sobre los temores del languidecimiento y la decadencia de la lengua, parecen hoy superadas o, al menos, reformuladas.

Fenómeno complejo de largo plazo


La multiplicación de los contactos humanos, el carácter masivo de los mismos, la intensificación de las corrientes migratorias, el incremento del turismo, las potentes tecnologías de la comunicación, de la información y del conocimiento, colocan al problema de la relación entre las lenguas y del intercambio de las mismas, en un plano distinto. No estamos ya ante fenómenos culturales acotados a las elites del siglo XIX o a las migraciones de esa centuria y de parte del siglo XX. Estamos ante un fenómeno mundial no coyuntural y tampoco simple, sino complejo y de largo plazo (Borja y Castells, 1998: capítulo IV, especialmente; Bayardo y Lacarrieu, 1999).

“La lengua migró con los hombres y enraizó en otros suelos”, anota Manuel Alvar (Alvar, 1986). Podemos decir que la lengua es el equipaje al que ninguna aduana puede imponer restricciones ni aranceles o levantar barreras para impedir su acceso. La lengua no tiene color de piel ni está atrapada por clasificaciones sociales. Si se me permite tomar en préstamo una palabra usada por los economistas, la lengua es casi la única mercancía regida por la más amplia libertad de circulación. Esa libertad y la posibilidad de su circulación es mayor, incluso, que la que tienen los hombres que son portadores de las lenguas. Lo son porque las lenguas circulan, casi sin restricciones, por los viejos y nuevos información y comunicación: radio, teléfono y desde los últimos años la Internet.

En opinión de Fernando Lázaro Carreter, “el español es el latín del siglo XX, por cierto. Al ponerse en comunicación unas tierras y otras, el latín fue como el espejo que se fractura. No lo traen los sabios sino los colonos y los soldados. Es un latín vulgar, que ha perdido declinaciones y articulaciones sintácticas. Y de ahí salen los distintos dialectos. Es curioso que mientras el castellano tiene hoy una dificil situación en la periferia (País Vasco, Cataluña, Galicia) progresa en los Estados Unidos donde es la segunda lengua, ahora obligatoria en la enseñanza preuniversitaria” (Lázaro Carreter, 1998)

Lo local y lo global


No estamos aquí ante un proceso global que borra las particularidades o ignora los matices locales y regionales. Los incluye y, al hacerlo, nos involucra a todos. Lo global tiene manifestaciones y consecuencias locales y, a su vez, lo local tiende a globalizarse, a buscar y abrir cauces de universalización. La diversidad cultural ya no se compone de capas superpuestas, fosilizadas y aisladas. Ahora esa diversidad tiende a adoptar las características de las corrientes que fluyen, que confluyen, que se mezclan y confunden. La Argentina y, dentro de ella, su región Noroeste y Salta, en particular, están recibiendo ese impacto en las últimas dos décadas.

El primero y más visible de esos impactos está en el turismo. A lo largo del siglo XIX, sobraban los dedos de las manos para contar la cantidad de viajeros extranjeros que cada año pasaban por Salta. Ese viajero, predominantemente europeo, era una rareza. El contacto de los salteños nativos con extranjeros comenzó a modificarse a partir de 1880 cuando comenzaron a llegar los primeros contingentes de inmigrantes (Caro Figueroa, 1997). No eran ya forasteros, trashumantes, gentes de paso, sino que venían dispuestos a quedarse aquí. El flujo de inmigrantes fue bastante más modesto en Salta que el que recibieron la Provincia y la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. El porcentaje de inmigrantes europeos, sirios y libaneses no superó nunca el 4%.

La incorporación del ferrocarril en 1890, la del automóvil con viajes de larga distancia hacia 1920, y del avión comercial a finales de los años de 1930, redujeron drásticamente la duración de los viajes entre Buenos Aires y Salta. La incorporación de estos medios de transporte, aunque con lentitud, fue modificando el flujo de la llegada de forasteros de paso. El viajero del siglo XIX cedió paso al turista del siglo XX. En la década de 1960, el turismo comenzó a pasar del turismo de elites, que había predominado hasta los años ’40, a un turismo masivo, aunque todavía con predominio de provincianos o porteños y con baja participación de extranjeros.

Más que el tipo de cambio


La presencia de extranjeros se comenzó a percibir en las calles y en las estadísticas oficiales hacia mediados de los años ’80, se expandió en los ’90 y comenzó a adquirir características de “boom” a partir de la devaluación del año 2002, estimulada por el atractivo del tipo de cambio. A la seducción del paisaje, se añadió la de esta ventaja económica, todo lo cual se insertó dentro del proceso de mayor expansión mundial del turismo de la historia mundial (Bauman, 1999: 103 ss).

Más allá de la composición de los turistas, de su poder adquisitivo y de sus intereses específicos, este flujo turístico multiplicó de modo exponencial las demandas, no sólo de servicios sino también culturales (Biagini, 2000). La enseñanza del idioma puede situarse como una demanda cultural, pero también como una demanda de servicios. La expansión del turismo puede quedar atada y reducida a un fenómeno coyuntural si no somos capaces de dar respuestas a esa demanda creciente y diversa. No habrá turismo sustentable en el tiempo si no dirigimos la mirada hacia los problemas que plantea la comunicación a través de la lengua de los turistas, en especial del inglés.

Pero aquí estamos ante una avenida de doble mano. Es tan importante la enseñanza del castellano a los turistas que, en número cada vez mayor, demandan algo más que paisajes atractivos, como la enseñanza del inglés a las miles de personas que, en los últimos veinte años, se incorporaron al sector servicios en el área de turismo. En Salta hay un enorme déficit de recepcionistas, secretarias, camareros, guías de turismo, servidores públicos y, también, de gente de negocios y empresarios que hablen o escriban en inglés. Entre la demanda y la oferta se abre una brecha cada vez más pronunciada la que, en nuestra opinión, es el talón de Aquiles de la expansión del turismo en Salta.

Barreras idiomáticas


Las respuestas a esas demandas se están dando en otras actividades, como la gastronomía. La apertura de centros de capacitación para chefs y ayudantes de cocina, comenzó a cubrir esa demanda. Pero si esto es así, de puertas adentro de los sitios donde se preparan las comidas, no lo es de puertas para afuera, en los salones donde están las mesas, por lo general servida por mozos o camareros que no tienen elementales conocimientos de un segundo idioma. La mejora de la calidad del empleo depende, en buena medida, de la capacitación y, dentro de ella, del conocimiento, al menos, de una lengua además de la propia. Necesitamos implementar sin demoras cursos de inglés intensivo y masivo, además de ampliar aquellos que plantean más exigencias y son más selectivos.

En este punto, la inexistencia de barreras de ingreso a las lenguas extranjeras sufre su primer revés: comienzan a aparecer barreras culturales que no permiten la comunicación de unas personas con otras. La comprensión por señas reemplaza a la comprensión con las palabras. Los equívocos y malos entendidos se abren paso y desplazan a la comprensión entre seres humanos que hablan distintos idiomas y que no encuentran una lengua común con la cual entenderse.

El turista comienza a sentir una sensación de minusvalía, cuando no de invalidez. El nativo siente malestar e impotencia. El turista se percibe entonces como un ser desvalido, librado a cualquier engaño o a cualquier error. El visitante no se siente “como en casa”: se ve como un extraño vuelto a una niñez privada de palabras. La fuerza seductora del paisaje naufraga en esa brecha cultural. En muchos casos, al turista no le quedan demasiadas ganas de regresar y, tampoco, de recomendar a otros visitar el sitio.

El idioma, un bien económico


Participamos pues, aunque en inferioridad de condiciones y marginalmente, de los beneficios del auge internacional de la lengua española. En ese auge ya no pesa sólo el interés o la dimensión cultural: ahora también gravita, cada vez más, el interés económico. Puede provocar rechazo hablar de la lengua española en su valor económico y como “una empresa multinacional”. Quienes lo afirman dicen que es una empresa singular, dotada de un patrimonio extraordinario, que sobrepasa las fronteras no sólo de Castilla y de España sino de los 21 países en los que es idioma oficial.

El español es hoy la cuarta lengua con mayor peso demográfico en el mundo: hay 440 millones de hispanohablantes. En los Estados Unidos lo hablan 36 millones de personas. El idioma español aporta a la economía de España el 15% de su Producto Bruto Interno, un porcentaje similar al que genera el turismo. Las industrias culturales y de la comunicación de habla española son cada vez más importantes. Desde los años ’90, España es el primer inversor extranjero en América latina.

La cantidad de hablantes nativos del español seguirá creciendo en las próximas décadas, con más rapidez que el chino, francés, inglés y ruso. Aunque este empuje aún presenta algunos flancos débiles en el campo de la diplomacia, de los negocios, de la comunidad científica y en la Internet. Esto no significa que no se están dando pasos importantes en esa dirección. En las escuelas de negocios de Dinamarca, el castellano es el primer idioma que se estudia, después del inglés. Ahora es uno de los cinco grandes idiomas en 200 cámaras de comercio de industria de treinta países del área de la Unión Europea y sus socios (Noceda, 2006). El español es una de las seis lenguas oficiales de las Naciones Unidas, y lo es además en la Unión Europea y en las organizaciones regionales de América.

Turismo y diversidad lingüística


En los últimos cinco años se cuadruplicó la inscripción en cursos de español de hombres de negocios. Esa demanda es creciente no sólo en el mundo empresarial, sino también entre estudiantes y turistas. El lema del Tercer Congreso de la Lengua Española realizado en noviembre de 2004 en Rosario de Santa Fe: “identidad lingüística y globalización”, recordó la preocupación de sus organizadores por hacer compatibles las ventajas del valor comunicativo de la lengua con el respeto a la diversidad lingüística y cultural de la mayor parte de los países de habla hispana.
Es cierto que el llamado “turismo lingüístico” no es masivo. Pero no por ello es menos importante. En los Estados Unidos casi el 60% de los estudiantes de lenguas modernas escoge el español en los “Colleges”. Ahora el español no es entonces un asunto que interese exclusivamente a los españoles. Como tampoco lo es el inglés. Nosotros estamos situados en un cruce de calles donde convergen el español y el inglés. Mirar hacia ambos, potenciar a ambos, establecer los puentes de comunicación de los estudios de ambos, es una tarea ardua, pendiente y necesaria.

Comenzamos nuestra experiencia en este campo cuando estaban apareciendo las primeras señales de este fenomenal cambio. Enseñamos, pero también aprendimos de aquellos extranjeros que estudiaron con nosotros. Advertimos su gran interés por nuestro idioma, por nuestra cultura. También nos dimos cuenta de la mayor facilidad que tienen para aprender el español los extranjeros que tienen el inglés como segunda lengua. Éstos son más permeables a ese aprendizaje, a diferencia de la mayor dificultad en los que el inglés es lengua materna.

Ventaja competitiva


¿Cuál es el valor económico del español?, se pregunta Jaime Otero, del Real Instituto Elcano.

“Es una intuición generalizada que el hecho de poseer una lengua tan extendida reporta a España – y a los demás países que la comparten – una cierta ventaja en la hora de la internacionalización de la economía. “Nuestro petróleo”, lo llegaron a calificar en el II Congreso Internacional de la Lengua, celebrado en Valladolid en 2002. Pero la cuantificación de esa ventaja no es tarea sencilla”. (Otero, 2000)

Años atrás era impensable buscar una relación entre lengua y economía. Este tema se está abriendo paso no sólo en el mundo académico anglosajón, desde que el inglés se ha consolidado como la primera lengua de comunicación internacional. El propio Jaime Otero y el académico Ángel Martín Municio se están ocupando del tema en España. Según estos autores, la existencia de un idioma común “es una ventaja competitiva para los empresarios hispanohablantes que pretenden negociar en otros países hispanohablantes”.

Puede ser también que la América de habla hispana, por sus denominadores comunes (idioma, cultura, instituciones, contigüidad geográfica), constituya un “mercado natural”, donde la información, “recurso clave para el éxito de una empresa, fluye mejor y por ello el riesgo y el costo de la expansión internacional disminuye” (Casanova, 2002). Pero no es menos cierto que compartir el idioma no es garantía de éxito empresarial.

Estos recientes estudios están señalando que también hay un mercado de la enseñanza del español como lengua extranjera, y éste “es un sector económico de cierta importancia que admite mejor una cuantificación precisa, aunque la dispersión y heterogeneidad de los datos (escuelas oficiales y academias privadas de diferentes países, libros, material audiovisual) no facilitan la labor”.

Mercado de la lengua española


Según el Real Instituto Elcano, no hay aún un estudio completo sobre la enseñanza del español en el mundo en términos comerciales, pero tenemos algunos indicadores de que la demanda ha crecido considerablemente en los últimos años. Las matrículas del Instituto Cervantes, en los más de cuarenta centros que tiene repartidos por el mundo, crecieron de 81.700 en el curso 2002-2003 a 93.000 en el curso 2003-2004. Según el diario La Nación, el número de escuelas privadas de español de Buenos Aires aumentó de 5 a 16 en el período 2002-2004. Más de 40.000 visitantes a la Argentina lo fueron por motivos de estudios en 2003 (el 1,4% del total de los turistas)

¿Quién y porqué quiere aprender español?, vuelve a preguntarse Otero. “Según el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, es porque el español es “práctico” y “fácil”, y tiene una unidad comparativamente mayor que otros idiomas internacionales: es decir, un chileno y un catalán pueden entenderse en castellano sin grandes dificultades” (Jalfen, 1998; García Delgado, 1998).

Después de los Estados Unidos, Brasil es seguramente el segundo mercado del español como lengua extranjera. La creación del Mercosur en 1991 y el aterrizaje de las compañías españolas han dado impulso a la demanda de español. Su enseñanza se ha extendido en el sector privado, y se han promovido iniciativas legislativas para introducirla como lengua obligatoria en la enseñanza pública. Nuestra proximidad y nuestras relaciones con Brasil son un factor para avanzar en la enseñanza de idiomas, que se añade a los antes señalados.

Distancia cultural y brecha social


Concluiré mi exposición señalando que todos estos datos positivos plantean problemas y desafíos, pero también abren un amplio horizonte de posibilidades. Uno de los más importantes desafíos es acortar la distancia entre la demanda y la oferta actualmente existente en Salta. Esa distancia cultural profundiza la brecha social que existe entre aquellos que poseen conocimientos de idiomas y los que no los tienen. Cometeríamos un error si adjudicáramos este hecho a un simple desinterés de las personas. En este punto aflora otro problema: la falta de recursos para emprender esos estudios.

¿De qué manera se puede facilitar el acceso de un creciente número de personas interesadas y necesitadas de aprender el inglés para mejorar sus chances en el cada vez más exigente y estrecho mercado laboral? ¿De qué modo comenzar a revertir el enorme déficit de conocimiento de un segundo idioma o las enormes limitaciones en la formación en un inglés rudimentario? ¿Cómo tender puentes de cooperación internacional en este campo de las lenguas, incluyendo los que tienen que haber aquí en todos los niveles del sistema educativo y entre colegas?

Avenida de doble carril


Dijimos que esta es una avenida de doble carril . El nativo necesita aprender inglés y el turista, castellano. Este aprendizaje se dará dentro de la educación formal, pero no solamente dentro de sus fronteras. Se dará en el contacto personal, fuera de esos límites formales. Pasar de la incomprensión humana por señas entre personas que no pueden entenderse en un idioma común, es pasar del atraso cultural, social y económico a la mejor calidad de vida y al desarrollo en esos campos.

El idioma nos abre al mundo, a los demás, a la cultura y a nosotros mismos mejorando nuestra convivencia. No se trata, pues de un tema menor, sino de una cuestión que está aquí entre nosotros, dispuesta a acompañarnos las próximas décadas. Se ha dicho que a la política hay que pedirle una mayor apuesta empírica, una conciencia de los riesgos del conservadurismo monolingüe, del aislamiento y la incomunicación que refuerzan el estancamiento cultural, el atraso económico y la inequidad social. La apertura debe permitir romper ese círculo vicioso, favoreciendo la comunicación de culturas, su pluralidad y convivencia".

Bibliografía sumaria


1 - Según Rafael Lapesa, "el inglés nunca logrará arrinconar al español". En "El País". Madrid, 8 de febrero de 1998. Según este autor, los cambios son inevitables. "Ahora las mayores influencias proceden del inglés, como en el siglo XVIII venían del francés. Todos los idiomas se influyen y se contaminan unos a otros". Pese a sus diferencias, añade, "el español se ha mantenido unido en América y en Europa".

- Alonso, Amado. Castellano, español, idioma nacional. (1968) Buenos Aires, Editorial Losada.
- Alvar, Manuel. “Lengua de las dos orillas”. ABC. Madrid, diciembre de 1986.
- Ayala, Francisco.“¿Defensa del idioma?”. ABC. Madrid, junio de 1982.
- Bayardo, Rubens y Lacarrieu, Mónica (compiladores) La dinámica local/global. (1999) Buenos Aires, Ediciones Ciccus – La Crujía.
- Bauman, Zigmunt. La globalización. Consecuencias humanas. (1999) México, Editorial Fondo de Cultura Económica.
- Biagini, Hugo. Entre la identidad y la globalización. (2000) Buenos Aires, Ediciones El Hilo de Ariadna.
- Borja, Jordi y Castells, Manuel. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. (1998) Madrid, Editorial Taurus.
- Caro Figueroa, Gregorio. Salta-Argentina. (1997) Dos volúmenes. Buenos Aires, Editorial Manrique Zago.
- Casanova, Lourdes. (2002) En Foreign Affairs en español, Madrid, verano 2002.
- García Delgado, Daniel. Estado-nación. Fortaleza y debilidades en el umbral del tercer milenio. (1998) Buenos Aires, Editorial Ariel. Parte II, “Pérdida de sentido, de identidad y de eticidad”.
- Jalfen, Luis J. Globalización y lógica virtual. (1998) Buenos Aires, Editorial Corregidor.
- Otero, Jaime. El valor económico del español. (2000) Real Instituto Elcano, Madrid.
- Lázaro Carreter, Fernando. “El español es el latín del siglo XX”. El País. Madrid, 29 de noviembre de 1998.
- Noceda, Miguel Ángel. “Una potencia de 440 millones de hablantes. La globalización, las corrientes migratorias e Internet consolidan el vigor del español en el mundo”. El País. Madrid, 5 de noviembre de 2006.
- Rosemblat, Angel. El castellano de españa y el castellano de América. Unidad y diferenciación. 1965. Caracas, Venezuela, Cuadernos del Instituto de Filología Andrés Bello.
- Seco, Manuel. “El diccionario, el uso culto y los préstamos”. ABC. Madrid, agosto de 1983.
 

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