Inseguridad: Víctimas con ventajas y víctimas inermes
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Por Iruya.com - Publicado a las 11:54 | martes 08-04-2008 (leído 439 veces)
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Nada menos que el Director de la Policía Municipal de Tránsito acaba de ser victima de un asalto domiciliario. El funcionario, tras arremeter contra los "vigilantes" barriales espontáneos, deja muy mal parado al servicio provincial de seguridad.
 | | Agentes motorizados | |
| Se dice, insistentemente, que existe en la ciudad de Salta una suerte de red de vigilantes -nocturnos e informales- de casas, bicicletas y automóviles.
Estos seudo-agentes de seguridad no integran ningún cuerpo estatal o privado. Nadie acredita su idoneidad ni certifica sus antecedentes. Su única credencial es un curioso chaleco naranja con tiras negras, que alude al uniforme que usan ciertos agentes municipales.
Los audaces “serenos” salteños han logrado eludir los controles de precios y fijan su tarifa según el barrio en el que actúan y según la marca y modelo del vehículo que dicen cuidar.
Su poder recaudador no depende de ningún imperio, de ningún “príncipe”, sino de, unas veces, la buena voluntad de los vecinos y, otras, de las veladas amenazas que los vigilantes dejan caer ante la menor resistencia de los “contribuyentes”.
Son muchos los ciudadanos que narran, entre indignados e impotentes, daños y atropellos sufridos en sus bienes luego de negarse a la pequeña exacción que, ante la pasividad de las autoridades, terminan por imponer estos vigilantes ilegales.
Hay, incluso, casos que denuncian secretos lazos entre los “hombres nocturnos de chaleco naranja” y sagaces ladrones que asaltan viviendas al amparo de la información “de inteligencia” que les brindan los presuntos vigilantes.
La anterior referencia a la pasividad de las autoridades policiales requiere de una precisión: En realidad, la inacción de las fuerzas de seguridad frente a este fenómeno de creciente difusión merece los calificativos de negligencia e ineptitud, para no avanzar en suposiciones más graves.
La actuación abusiva de los “vigilantes” así como sus presuntos lazos con el mundo del delito han sido puestos de manifiesto por una singular víctima: nada menos que por el Director de la Policía Municipal de Tránsito de la ciudad de Salta.
Este vehemente funcionario, que supo desordenar la Casa en una Semana Santa de hace un par de décadas, ha denunciado que, a consecuencia de su negativa a pagar la tarifa del vigilante apostado en el céntrico barrio donde vive con su familia, ha sufrido ya dos asaltos a su domicilio.
Con independencia del rango que ocasionalmente ostenta la víctima, estamos, qué duda cabe, ante un hecho preocupante que debe ser abordado por las fuerzas de seguridad y por la justicia. Ante un hecho que, además, debe mover a la reflexión a los vecinos y que reclama de una abierta solidaridad de esos mismos vecinos con esta y con todas las victimas de agresiones similares.
Hay que añadir, desde otro punto de vista, que el funcionario denunciante ha demostrado un encomiable valor cívico al hacer pública la inadecuada y morosa respuesta de la policía (911), y al poner de manifiesto la lamentable lejanía del área del Gobierno encargada de la seguridad ciudadana.
Si, como hemos puesto de manifiesto en una nota anterior, los teléfonos de los altos funcionarios salteños y los de las oficinas de atención al público sirven de poco para que el hombre común mantenga comunicaciones ordinarias, se revelan absolutamente inútiles para casos graves o urgentes.
Pero el hecho y la denuncia circunstanciada que ha formulado el Director Municipal ponen de relieve elementos impropios de una sociedad democrática moderna.
La víctima, luego de usar sin éxito la ventaja que le proporciona el disponer del número de teléfono móvil del Secretario de Seguridad de la Provincia, no vacila en dirigirse directamente a un “juez amigo” que, haciendo honor a la amistad, ordena a la policía que brinde atención al Director de la Policía Municipal.
O sea: Si usted, ciudadano salteño sin más derechos que los fundamentales que consagra la Constitución, es víctima de un hecho similar no encontrará quién lo escuche a tiempo al no disponer de un “juez amigo” y al no tener más teléfono a mano que el citado 911. |