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Salta Noticias

viernes
29 ago 2008
Iruya.com

Arrodillarse ante el Gran Poder

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Por Iruya.com - Publicado a las 13:24 | miércoles 18-04-2007 (leído 566 veces)   
El acto matinal de la Plaza Güemes donde el pasado 16 de abril las autoridades locales, arropadas por un puñado de familiares de desfilantes, turistas y curiosos, celebraron el 425 cumpleaños de Salta ha merecido varias crónicas en la abrumadora prensa adicta. También en la gallarda prensa opositora.
Entre los presentes, destacaban tres intelectuales sesentistas encanecidos: Uno, con coleta engominada y uniforme para tomarse un copetín en el Hotel Salta, se instaló en la última fila de la Tribuna bajo palio. Otro, también con coleta pero al estilo “K” y mezclado entre el público, explicaba a su esposa entrerriana la nomenclatura del poder al que prometía sepultar ni bien El Niño reemplace al Príncipe. El tercero sacudía su cansancio sentándose en el césped de la plaza mientras comía desarregladamente una empanada de las que ofrecía una vendedora ambulante.

Como sucede en estos casos, el rango de un acto institucional se mide tanto por los presentes, como por los ausentes. Y en este último aspecto sobresale la inasistencia del señor Arzobispo de Salta cuya presencia, según rumores, no es del agrado del Poder terrenal. Dos lacónicas frases de la oración patriótica leída por quién le representó en el acto, bien pudieran encubrir discretas pero firmes críticas al Régimen.

Pues bien, el que sigue pretende ser un relato de lo acontecido en este mismo acto, pero centrado en los gestos y en las murmuraciones de los participantes.

El intendente pasa revista a las tropas. Foto Isidoro Zang
El intendente pasa revista a las tropas. Foto Isidoro Zang
Todo comenzó cuando los sones de la hermosa marcha “Ituzaingó” anunciaron la presencia del señor Intendente de la Capital de Salta acompañado de su señora esposa.

El hijo dilecto de la Colonia sorprendió doblemente: En primer lugar por el gesto marcial con el que acompañó su breve caminata revistando a la tropa formada para homenajear a don Hernando de Lerma. En segundo lugar, por una tremenda disfonía que fue creciendo a medida que avanzaba la ceremonia, y que un minúsculo círculo de opositores allí presente atribuyó a las extenuantes cacharpayas y mítines propios de la campaña electoral.

En realidad, hubo tres sorpresas más. Me refiero al muy largo discurso del primer magistrado local, cargado de auto-elogios típicos de un mitin electoral, pero chocantes en un acto cívico como este; a la decisión de hacer desfilar flamantes camiones atmosféricos junto a la tropa y al gauchaje; y a la prolija referencia a las rifas de automóviles que la Municipalidad lleva a cabo para disuadir a los morosos.

Mientras se esperaba el arribo estelar del Hombre de Cachi (al decir de algunos entusiastas presentes, el inminente nuevo Gobernador de Salta), circunspectos funcionarios y elegantes diputadas fueron ocupando la estricta Tribuna “A”.

Allí las mejillas de damas y de caballeros quedaron extenuadas por la cantidad de besos fraternales que la Alta Burocracia se intercambió ante la atenta mirada del público.

Sin embargo, tres fueron los sectores que omitieron esta ceremonia importada de las Unidades Básicas del Puerto y se ciñeron a las bizarras costumbres salteñas: Los gauchos, los militares con graduación y el señor Presidente de la Corte de Justicia, quienes prefirieron el apretón de la mano extendida.

La expectación que venía creciendo se aceleró cuando el Oficial a cargo de la formación mandó, con voz de reglamento, volver la vista a la derecha en homenaje a la Autoridad. Sin embargo, tras un par de minutos, debió abortar la maniobra y ordenar el regreso a la posición de descanso. Para colmo, una ambulancia cruzó de izquierda a derecha por delante del Palco Presidencial.

Afortunadamente la normalidad se restableció de inmediato y el público pudo darse con el gusto de ver avanzar al hombre que aspira a dejar su impronta en la vida política salteña durante 24 años seguidos.

Las exclamaciones de admiración y las miradas cómplices menudearon cuando el señor Vicegobernador apareció, no a pié como un vulgar ciudadano, sino montado en un verde Jeep de la segunda guerra mundial, muy peinado, casi sonriente, y respondiendo a los vivas de sus admiradores levantando y bajando el pulgar de su mano derecha.

La voz entera y firme con la que saludó a la formación militar mostró, una vez más, las bondades del arrope de chañar que el paisano de don Victorino de la Plaza consume discretamente para aliviar el cansancio que le provocan sus furibundas arengas y sus encendidos elogios al fundador de la dinastía.

Concedida que fue la autorización por el Poder, comenzó el desfile de las tropas.

Correspondió inaugurar el largo trajinar a las unidades infantiles de cada uno de los cuerpos y fuerzas de seguridad. Niños gendarmes, niños policías, niños agentes de tránsito, en algunos casos divididos en razón del barrio o de la comisaría de procedencia.

Su paso, de dispar marcialidad, desagradó a un par de turistas europeos que no se privaron de criticar a viva voz lo que entendían una deplorable militarización de la niñez. La réplica no se hizo esperar y vino del lado de un ingeniero forestal afincado en Tarija quién adujo que en esos institutos los niños aprenden higiene, se alimentan y socializan mejor que en sus propias humildes casas.

Pero, mas allá de esta polémica de plaza, hubo un brevísimo gesto que unió en el estupor al escueto círculo euro-americano que asistía al homenaje: El hecho de que los niños (creo que eran los de la Escuela de la Policía de Tránsito, y a los que el locutor oficial, rozando el ridículo, anunció como niños cadenciados) doblaran su rodilla derecha, hasta casi hincarse, ante el Poder.

Ignoro si este gesto -humillante a todas luces- tiene alguna significación militar, pero me parece inaceptable que alguien ordene a cualquier persona arrodillarse ante hombres, por poderosos que estos sean. Más aún, me avergüenza que el Poder allí presente no hubiera interrumpido el infantil arrodillamiento y sancionado al responsable de tamaña aberración.

Un acérrimo opositor el Régimen aprovechó para deslizar que muchas cosas aquí en Salta evocan al inmortal tango “Gólgota” (BIAGI y GORRINDO) que, entre otras verdades, dice:

“Arrodillao, hay que vivir, pa merecer algún favor, que si de pie te ponés para gritar, tanta ruina y maldad, crucificao, te vas a ver, por la moral de los demás”.
 
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