|
Mal que les pese a muchos de sus detractores, Juan Román Riquelme es ya, por derecho propio, el jugador de fútbol argentino más importante de la era postmaradoniana. De los numerosos herederos oficiosos y oficiales que han aspirado a suceder al máximo futbolista de la historia (algunos designados por el propio Maradona), sólo Riquelme ha demostrado y sigue demostrando una voluntad inquebrantable de permanecer al más alto nivel, desafiando a las veleidades del marketing, a los inexplicables 'códigos' del fútbol moderno, y -por si faltaba algo- ridiculizando con cada pase, con cada tiro libre, con cada gol, al 'sabio' Pellegrini y a la esclarecida directiva del Villarreal.
 | | Riquelme festeja uno de sus dos goles a Bolivia | Empeñado en contradecir a sus detractores y convencido de que el objetivo del Villarreal no es otro que el de aniquilar por venganza su carrera futbolística, Riquelme despliega con la Selección Argentina un repertorio de arte al alcance de muy pocos jugadores en el mundo. Aun parado varios meses y con la moral erosionada por un conflicto que está empujando al Villarreal al Libro Guinness de los récords (el de la estupidez ya lo tiene asegurado), Riquelme ha demostrado esta tarde que está al mismo nivel -y si acaso, un poco más- que Lionel Messi, Sergio Agüero, Carlos Tévez o Gabriel Milito, que sólo esta temporada ya han disputado quince veces más partidos oficiales que Riquelme y que están dando un rendimiento extraordinario en los clubes en los que militan.
El fútbol de Riquelme no conoce de oportunidades, de cotizaciones, de titularidades, de suplencias, de sanciones encubiertas ni de venganzas. Al crack de Don Torcuato le da igual. Aspira a jubilarse trotando la cancha con el mismo paso cansino, como una burla perpetua a quienes pretenden etiquetarlo como 'lento', 'distraído' o 'escasamente comprometido'. Riquelme disfruta silenciosamente el suplicio de sus contradictores futbolísticos y encuentra en la discreción su principal aliado, su mejor escenario.
Riquelme no lee 'Marca' ni los insultantes comentarios que le dedican algunos 'inteligentes' hinchas españoles. Pero contesta a estas sagaces mentes que le tachan de "revienta-vestuarios" con ese despliegue de gestos que afirman su liderazgo dentro de la cancha y dejan al descubierto las corrientes de afecto sincero que le prodigan sus compañeros (Agüero, Messi, Tévez, Mascherano, Cambiasso, etc.). Es curioso, pero quienes hablan de que Riquelme es una 'mala influencia', nunca han pisado un vestuario; sólo bares frecuentados por gente poco ilustrada.
El partido contra Bolivia por las eliminatorias para el Mundial 2010 no significó una gran producción para la Selección Argentina. Sin embargo, fue una buena ocasión para ver, por primera vez desde el arranque, a una línea ofensiva formada por Riquelme, Messi, Tévez y Agüero. Si bien el experimento no falló, porque Riquelme anotó dos goles y Agüero el restante, el cuarteto ha dejado la impresión de que su eficacia puede ser mucho mayor en un campo de juego en mejores condiciones y frente a un rival que no juegue al cerrojo como el de esta tarde.
Televisión lunar
Si el campo de juego de la cancha de Ríver estaba en pésimo estado, no hay palabras para describir la calidad de las imágenes generadas en la Argentina para la televisión europea, que, por razones que sólo los que trafican con los derechos de televisión saben, son diferentes a las que se ven en la Argentina y en el resto del continente americano.
Europa y Medio Oriente reciben la imagen tomada por cámaras que se encuentran en el lateral opuesto a las que televisan para la Argentina. El resultado es un insoportable contraluz que impide una correcta visión del partido.
La calidad de las imágenes es probablemente la peor de entre las que se generan en los países americanos. Y así nos ven en países como el Reino Unido, Alemania, Italia, Holanda o Francia, en donde la calidad de las retransmisiones futbolísticas es insuperable.
Un párrafo especial merece una de las cámaras dedicada a la repetición de algunas jugadas. Su pésima calidad y sus colores mortecinos recordaban a históricas filmaciones como la del asesinato de Kennedy en Dallas o las de la llegada del primer hombre a la Luna en 1969. Nuestra televisión ha vuelto a avergonzar a cientos de miles de argentinos que residen en Europa y Asia. |