Ancianos de Salta: pasar de los halagos a la basura PDF Imprimir E-Mail
Por Guadalupe Alcántara - Publicado a las 11:17 | lunes 05-11-2007 (leído 829 veces)   
El, hasta ahora, oficialista diario El Tribuno publicó este “chiste” gráfico en su edición del martes 30 de noviembre, página 2. De modo desafortunado, el humorista agravia a los ancianos. Pero cabe preguntarse: ¿Es esto un chiste? ¿El humor negro llevado a extremos de crueldad, es humor? ¿Cuántos se rieron con esta ocurrencia?
ImageLa situación muestra a una mujer que, con el brazo extendido, hace señas para detener un camión recolector de basura mientras se sitúa al lado del indicador de la parada de una de las líneas urbanas de ómnibus, llamada “Troncal”. Su hijo entonces le aclara que el vehículo que se aproxima no es el bus; ella contesta que ya lo sabe, pero que quiere se lo lleven al viejo, o sea al anciano encorvado y con bastón que está a su lado.

La primera sugerencia del sintético diálogo es, sin duda: “el viejo” es una basura. Luego, yo puedo deshacerme de él y decirlo así, sin empacho, alegremente. Hasta el domingo 28 de octubre miles de esos ancianos fueron halagados, manipulados y políticamente acosados por el oficialismo de Salta que, durante años, los utilizó como número en sus actos públicos, exigiéndoles adhesión política cambio de subsidios, medicamentos, lentes, prótesis y otras ayudas,

Chiste malo¿Qué dijo, qué hizo el niño después de eso? No sabemos. Quizá corrió a abrazar a su abuelo y a impedir que sea descartado así de su vida, de la vida. O quizá aprendió la escueta lección: los viejos no sirven, se los puede llevar el basurero. Días antes de las elecciones, el organismo gubernamental que atiende problemas de la tercera edad organizó, con alegría primaveral, la elección del “rey y de la reina de la tercera edad”.

El diario no sabe –o tal vez sí sabe y por eso lo hace- que los chistes son leídos por más lectores que los que tienen otros artículos. Que los chistes, por serlo, suelen no ser sometidos a análisis lógicos pero que eso no impide que sus mensajes sean percibidos y absorbidos, sobre todo por los menores.

Que los contenidos de un chiste son reveladores de ideas, prejuicios, sentimientos o estados de ánimo que pueden trasmitirse y eso es lo que hace una creación humorística: comunicar en su propio lenguaje, en su peculiar estilo todo eso que los demás explicamos con expresiones verbales, y a veces con extensos argumentos.

Lo que está pasando en otras sociedades más adelantadas, quizá más responsables, es que no se pueden publicar así nomás chistes de judíos o de gallegos, por ejemplo, si contienen algún resabio de discriminación o de burla, o si pudieran contribuir a la formación de un estereotipo prejuicioso y desfavorable. Pero a Salta no parece haber llegado ese criterio.

Esto es lo grave. El diario, así como quien no quiere la cosa, ha dicho en su página 2, una de las más leídas, que una persona mayor puede ser mandada al camión triturador por otra más joven, su hija o su nuera, en presencia de su nieto. ¿Acaso podemos reírnos? Ninguna forma de desprecio puede ser calificada de humor. Es cierto que el humor es una crueldad pequeña que suele ocultar una crueldad mayor. Pero, en este caso, la crueldad es mayor, sin atenuantes.
 
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