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lunes
06 oct 2008
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Cosas de la Salta de hoy (2): Abrumador despliegue de la Policía Municipal

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Por Juan V. Cino - Publicado a las 15:59 | domingo 14-10-2007 (leído 707 veces)   
La celebración del tradicional "Biatlón de la Cumbre", fue ocasión propicia para que la Policia de Tránsito, tantas veces ausente, tirara la casa por la ventana.
Especimen del parque automotor de Salta
Especimen del parque automotor de Salta
La escasez de semáforos, la falta de preparación de los conductores (recuérdese que los permisos de conducir se otorgan, en varios municipios, con el solo requisito de la firma del interesado), la negligencia de los peatones y ciclistas, junto a un parque automotor donde coexisten lujosas 4x4, renoletas modelo 1960, y coches de a caballo, hacen del tráfico urbano en Salta un auténtico caos.

Cualquier turista podría sospechar que la ciudad carece de una Policía especializada en asuntos de la circulación de automóviles y de personas. Una sospecha que, ciertamente, no alberga ningún salteño que haya vivido en tiempos de los señores Cirer y Burgos que supieron ser, por mucho tiempo, Jefe y Sargento Mayor de la primera unidad motorizada de Policía de Tránsito.

Así y todo, las sospechas de nuestro hipotético turista están más que fundadas.

Usted puede circular a pie, en bicicleta, a lomo de mula o en automóviles, horas, días o semanas, sin toparse con un agente uniformado de la Policía de Tránsito. Y si por una de esas casualidades tropieza con uno, lo más probable es que esté llevando un oficio a la ciudad judicial.

Es así como resulta habitual presenciar faltas y contravenciones cometidas en las propias narices de este esporádico motociclista encargado del orden urbano, y sorprenderse de sus omisiones. Los escasos agentes se comportan como auténticos neoliberales, en el sentido de que dejan hacer cualquier cosa.

Pero hoy esas sospechas han quedado desmentidas para siempre.

El Jefe de la Policía Municipal (el mismo que se negó a “hacer la vista gorda”), para honrar la candidatura imbatida e imbatible de nuestro Lord Mayor, dispuso que todos los patrulleros, todas las motos, todos los teléfonos móviles, todas las sirenas y todo el personal de la repartición se pusieran al servicio de la Gran Biatlón que -para más inri- gozaba de las bendiciones (si así podemos llamarlas) del prestigioso matutino que hace las veces de Boletín Oficial de la Provincia y de azote de opositores.

Los desprevenidos transeúntes que se dirigían a la tradicional misa de 11 en la Catedral, si vieron de pronto sacudidos, aturdidos, alarmados por el ulular de la batería de sirenas de los patrulleros de la Policía Municipal (reforzados por el 611).

Como la diferente preparación física de los atletas extendió la distancia entre uno y otro participante hasta límites increíbles, se dio el caso de que cada uno de los 20 o 30 corredores que encabezaban la carrera se deslizara precedido de una moto y seguido de un patrullero.

Concluido el acompañamiento de los participantes más rápidos hasta los soportales del Cabildo Histórico, los patrulleros emprendían veloz regreso en busca de los rezagados a quienes escoltaban también en su entrada triunfal.

El diseño del servicio (inspirado seguramente en aquellas películas del oeste donde diez yanquis se distribuían para que los indios pensaran que conformaban una brigada), hizo pensar a propios y extraños que la Policía de Tránsito tenía varios centenares, quizá miles, de motos y patrulleros.

Además de saludar la iniciativa y felicitar a los participantes que, con independencia de edades, etnias, niveles de nutrición y género, dieron una muestra de deportividad y exhibieron las excelencias de la salteñidad, destaco tres pequeñas anécdotas:

La primera, la del competidor que tras llegar entre los primeros 20 inexplicablemente arrojó al suelo, enfurecido, la medalla símil oro que le colgó el organizador al cruzar la meta.

Otra, lo sugestivo y brilloso de las copas (cerca de 200) de material plástico o latón, preparadas para entregar a los que alcanzaran la meta.

Por último, la cantidad de sesentones que lograron anticiparse a participantes muchos más jóvenes.

En síntesis: Una exitosa iniciativa en una bella mañana.
 
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