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19 jul 2008
Salta - Iruya.com

La razón de Riquelme o la fuerza de Pellegrini

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Por Iruya.com - Publicado a las 16:45 - miércoles 10 de octubre de 2007 (leído 883 veces)   
Recientes declaraciones del entrenador chileno Manuel Pellegrini, revelan que el conflicto que mantiene apartado a Juan Román Riquelme de los terrenos de juego no tiene otra causa que la particular visión del llamado "principio de autoridad" que sustenta el técnico del Villarreal.
Juan Román Riquelme, el diez argentino
Juan Román Riquelme, el diez argentino
Según se ha podido saber en las últimas horas, la causa oficial de las pérdidas millonarias que experimenta el Villarreal Club de Fútbol por mantener a un jugador de primer nivel mundial fuera de sus convocatorias deportivas, mientras sigue pagando su elevado salario, es la "delegación de facultades disciplinarias" efectuada por el presidente Roig en beneficio del ingeniero Pellegrini cuyo objeto no fue otro que demostrar al díscolo Riquelme "quién manda aquí".

El técnico ha admitido que frente a la indisciplina de Riquelme solicitó al presidente Roig que tomara medidas y que éste le delegó todo el poder en la materia. Lo que está en tela de juicio ahora es la forma en que Pellegrini ha ejercido estas facultades.

Según las explicaciones del entrenador, Riquelme no juega, cuando debiera, simplemente porque "no demuestra un compromiso con el Villarreal".

Estas declaraciones ponen de relieve que Pellegrini ignora profundamente las reglas legales del sistema laboral español. Desde hace más de un cuarto de siglo, a los trabajadores de este país -futbolistas incluidos- no se les puede exigir legalmente un "compromiso" con las empresas para las que trabajan, sino simplemente un genérico deber de "buena fe" contractual. Ésta es la consecuencia práctica de la derogación del llamado "deber de fidelidad" contenido en la vieja Ley de Contrato de Trabajo española de 1944.

Al exigir "compromiso" a su futbolista, Pellegrini no sólo revela su desconocimiento de las reglas legales sino que degrada la esencia del fútbol profesional, pues pretende convertir a una sociedad anónima deportiva en una "empresa de tendencia" en la que los empleados (los jugadores) estén obligados a compartir una misma ideología (el compromiso) y en la que éste se erija en condición sine qua non para la permanencia en el puesto de trabajo.

También la razón


Pero no sólo la ley está del lado de Riquelme en esta sórdida disputa. La razón también lo está.

Cuando Pellegrini asume la responsabilidad de ejercer su "autoridad" para castigar el comportamiento insumiso y escasamente comprometido de Riquelme, sostiene que "en esto alguien tiene que mandar, con razón o sin ella".

La frase parece un calco del lema del escudo nacional de Chile que dice aquello de "por la razón o por la fuerza", de la que Pellegrini se muestra evidentemente partidario.

Probablemente ignora Pellegrini que el primer fundamento filosófico de la autoridad es la razón y que el ejercicio de la autoridad en ausencia de razón no supone otra cosa que el ejercicio puro de la fuerza. Y es sabido que el recurso a la fuerza implica siempre el fracaso del ejercicio de la autoridad.

Dice Hannah Arendt en su ensayo ¿Qué es autoridad? que “la autoridad excluye el uso de medios externos de coacción", pero Pellegrini sigue fiel a su manual, escrito -según sugieren algunos- con indeleble trazo pinochetista.

Al parecer, al entrenador del Villarreal no le entusiasman mucho las "soluciones razonadas" y, con razón o sin ella, prefiere resolver algunos problemas con la misma energía y "autoridad" con que algunos coterráneos suyos creyeron resolver los problemas de Chile en los años ochenta.

La razón, desde luego, es de Riquelme, quien, aún sin jugar, sigue metiendo goles en la canasta del míster Pellegrini.
 
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