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Críticas al anteproyecto de Ley de Educación del gobierno de Salta

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Por Iruya.com - Publicado a las 04:32 | jueves 28-08-2008 (leído 324 veces)   
El anteproyecto de Ley de Educación Provincial elaborado por el gobierno de Salta, a través del Ministerio de Educación, está siendo cuestionado desde varios sectores de la sociedad, sin que sus impulsores -especialmente el ministro Leopoldo Van Cauwlaert- acierten a salir al cruce, con elegancia y eficacia, a las críticas de las que el anteproyecto está siendo objeto.
Leopoldo Van Cauwlaert, ministro de Educación de Salta
Leopoldo Van Cauwlaert, ministro de Educación de Salta
Una de las cuestiones que merecen mayores reparos, de entre las muchas que plantea la iniciativa gubernamental, es la definición de la llamada "educación humanista moderna" como una "modalidad" educativa, lo que con razón ha sido cuestionado por la diputada radical Susana Gispert, integrante de la Comisión de Educación. La legisladora ha dicho que el "humanismo moderno" como tal modalidad educativa "no existe" y que no hay en el anteproyecto de Ley una definición al respecto.

Al parecer, la iniciativa está vinculada con una visión elitista que el gobernador sustenta alrededor de la educación pública y gratuita, que es precisamente, objeto de regulación en este anteproyecto. Baste recordar que don Juan Urtubey ha cursado su educación obligatoria en dos prestigiosos institutos privados de propiedad de la Iglesia Católica (la Escuela Parroquial de La Merced y el Bachillerato Humanista Moderno) y no en la escuela pública salteña cuya calidad contribuyó a cimentar, entre otras, la abuela materna del mandatario.

Los críticos del anteproyecto creen ver en la iniciativa un efecto de "deslumbramiento" del gobernador no sólo por la enseñanza de las humanidades clásicas (no ausentes, por cierto, de los contenidos curriculares actuales) sino por la asombrosa capacidad de aquellas instituciones de "formar líderes".

No ha faltado quien recordara que otro "gran líder" (el exgobernador Romero) es también un producto de aquella educación elitista, lo que ha dado pie para afirmar que aquella visión educativa "ha dado muchos líderes, muy poderosos, pero muy pocos humanistas y muy poco modernos".

Educación religiosa a cargo del Estado


Pero lo que ha revuelto las aguas es la idea de implantar una suerte de "educación religiosa obligatoria", como asignatura evaluable, que, a la hora de impartirse, no tendría otros interesados, entre las confesiones autorizadas, que la Iglesia Católica.

El ministro Van Cauwlaert no ha estado muy acertado al defender la redacción del artículo 8.L del anteproyecto que habla de que el Estado asegurará a los niños la educación religiosa en la escuela pública "de acuerdo a las convicciones de los padres". Intentando quitar hierro al asunto, el ministro ha dicho que "los alumnos que tengan otras creencias tiene derecho a no participar de estas clases, sin verse afectados en el desarrollo de las demás materias".

El problema, según los expertos, no se plantea con los alumnos que tengan "otras" creencias (evidentemente con esta expresión el ministro alude a los no-católicos, a quienes muy dudosamente podría imponérseles el dictado de una asignatura de religión católica), sino con los que son católicos y que no desean recibir (o que sus hijos reciban) este tipo de instrucción en la escuela pública, es decir, fuera de la Iglesia y de las instituciones creadas por ésta para formar a sus feligreses.

¿Estarán obligados a concurrir a clase de religión por el solo hecho de ser católicos? ¿Sufrirán algún tipo de discriminación los católicos que no deseen acogerse a esta "oferta pública y gratuita" de enseñanza de su religión? ¿Será "pecado" no acudir a estas clases?

Otros, quizá más prudentes, han afirmado que "el ministro no sabe dónde se mete", dando a entender con ello que el funcionario no ha calculado adecuadamente las proyecciones que tiene este debate en todo el mundo y la creciente sensibilización, tanto de católicos y no católicos, sobre la injerencia del Estado en cuestiones religiosas.

Si la idea del gobernador de "formar líderes sociales", es decir, de utilizar el sistema educativo para intentar "hacer fotocopias de sí mismo", no es mala de suyo (salvo en la medida en que esta idea impacta sobre las aspiraciones de igualdad entre los ciudadanos), ya es menos buena la idea de que el Estado, llamado a asegurar la máxima igualdad y la no discriminación en la educación pública y obligatoria, se meta a manipular conciencias, pues éste no es su cometido.
 
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