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La agencia alemana DPA informó hoy que la exprimera ministra británica Margaret Thatcher, de 82 años, sufre demencia, según la confirmación proporcionada por Carol, hija de la antigua líder conservadora.
 | | The four stooges | |
| La hija de Thatcher ha dicho que su madre confunde "palabras y recuerdos" y que descubrió que algo fallaba en su mente cuando en el año 2000 se dio cuenta de que Margaret confundía la guerra de Bosnia con la de las Malvinas.
Antes de aquel año -sostiene Carol- su madre tenía "una memoria como la una página web", pero después hubo que recordarle, incluso, que su marido Dennis había fallecido en 2003.
El sentimiento humanitario conduce inmediatamente a lamentar la enfermedad de la exprimera ministra que llevó adelante la última guerra que tuvo a la Argentina como protagonista, pero no impide poner de manifiesto la casualidad de que otros líderes internacionales que jugaron un importante papel en aquella guerra, terminaron, como Thatcher, afectados de una demencia más bien grave.
Es el caso de Ronald Reagan, el exactor que fue dos veces presidente de los Estados Unidos y el del general Augusto Pinochet Ugarte que gobernaba Chile en 1982 y que colaboró activamente con el Reino Unido contra la Argentina en aquella guerra. Ambos presidentes acabaron sus días formalmente reconocidos como "dementes". Más grave en el caso de Pinochet, que esgrimió su demencia para librarse del juicio de sus compatriotas por su responsabilidad en las violaciones a los Derechos Humanos, y menos en el caso de Reagan, cuya enfermedad sólo se conoció cuando ya se encontraba muy avanzada.
Si a este triste panorama sumamos el hecho de que el también finado Leopoldo Fortunato Galtieri, responsable de haber llevado a la Argentina a la guerra en 1982, pasó a la historia por haber decidido embarcar al país en tamaña empresa sin estar en pleno dominio de sus facultades, como lo han destacado la mayoría de los historiadores, se podría pensar que la guerra de las Malvinas, que costó miles de vidas humanas en ambos bandos y que desesctructuró al país de una forma pocas veces vista, fue un suceso, o bien conducido por "dementes" (actuales o potenciales), o bien que terminó trastornando la vida y la mente de los personajes que, desde la alta política, lo protagonizaron.
Al parecer, no sólo la demencia de los líderes se encuentra en la raíz de algunas guerras. Según Seinfeld, Lyndon B. Johnson -que solía dar instrucciones a sus colaboradores desde el cuarto de baño *, mientras hacía sus necesidades e, incluso, celebraba allí reuniones de seguridad nacional- ordenó el bombardeo de Hanoi en pleno pico espasmódico de un persistente desarreglo de vientre, provocado por una ración de comida thailandesa (bad Thai meal).
Los acontecimientos parecen confirmar que la guerra del Atlántico Sur no sólo dejó veteranos discapacitados y dependientes de por vida de la ayuda psicológica, sino que también afectó -y profundamente- la psiquis de los que la dirigieron, de un bando y del otro.
Es obligación lamentar cualquier consecuencia disvaliosa que las guerras provocan en los seres humanos y compadecerse sinceramente con sus víctimas, pero habiendo dejado claro esta premisa, no podríamos condenar a nadie que -a la vista de esta sorpresiva epidemia de demencia- se atreviera a la calificar a la de Malvinas como "una guerra de locos".
(*) Ver el libro The Years of Lyndon Johnson: Master of the Senate, de Robert A. Caro. |