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Ayer, en decenas de pueblos millares de salteños rindieron culto a la Pachamama. Otros muchos paisanos la homenajearon en la intimidad de sus hogares. Todos cumplieron con una tradición que años tras año consigue nuevos adeptos fervorosos. Pueblos y familias eligieron ceremonias diversas dentro de un marco común no escrito.
 | | Culto a la Pachamama | |
| En nuestra Salta nadie considera incompatible estos masivos homenajes y ruegos a la Pachamama, con las plegarias ortodoxas que esos mismos salteños “elevan al Altísimo” siguiendo ritos no originarios de estas tierras.
Sé de muchos casos de tabacaleros que antes de ayer rezaron a San Isidro Labrador y ayer enterraron alimentos y bebidas para engordar a la Pachamama. El pedido era el mismo: “líbranos del granizo; consíguenos aumentos en el Fondo Especial”.
Si en otro tiempo el culto a la Pachamama era cosa de agricultores y de campesinos, hoy los devotos trajinan oficinas públicas, viven sábados desenfrenados, son prolijos profesionales universitarios o negligentes empleados de comercio, ejercen antiguos oficios como el de amas de casa, ebanistas o chóferes (esos aurigas de la era del automóvil).
Entre los nuevos devotos hay también políticos, mecánicos dentales, monotributistas, peluqueras, enfermeros y hasta un Senador Nacional mandato concluido.
La lista de cosas y favores que los salteños piden a la Pachamama es sencillamente infinita, por lo que no intentaré siquiera una enumeración somera.
La ocasión ha sido aprovechada por los oportunistas de siempre que montaron escenas para confundir a los turistas. Así ocurrió en sitios sin ninguna vinculación con la Pachamama como la calle Balcarce o la Intendencia Corimayo.
Y hablando de engaños a turistas, séame permitido dejar constancia aquí del escandaloso fraude que sufrieron ayer los que concurrieron a comer empanadas en una coqueta Peña ubicada donde antes funcionaba el Molino de los Jesuitas, muy cerca del actual Mercado Artesanal: Las empanadas eran en realidad, picadillo de carne con papas envuelto en una extraña mezcla de harina, agua, sal y manteca de cerdo.
Volviendo al tema central, puede decirse, con las cautelas del caso, que en este primero de agosto han omitido rendir honores a la Pachamama, solamente los ateos y los pocos afrancesados sesentistas sobreviven, y los mas informados y ortodoxos profesantes de las religiones construidas alrededor de los Grandes Libros.
Nuestro sitio, en su afán por palpitar el acontecimiento, comisionó a dos corresponsales que viajaron, de riguroso incógnito, a San Antonio de Los Cobres en donde asistieron a una de las ceremonias más pegadas a las auténticas tradiciones aborígenes.
Cometimos, sin embargo, un error al comisionar a dos jóvenes porteñas que se ofrecieron gentilmente para el cometido; ambas pretendías mezclar el placer turístico con el rigor profesional.
El hecho fue que ambas cronistas, tras sacudirse el embrujo del paisaje, saludar a las amables autoridades locales y sorprenderse por la presencia de un rubio oficial del Ejército, siguieron a pié juntillas el guión previsto por el Intendente y por el chaman que le asesora.
Varias cosas sorprendieron a nuestras enviadas:
Una de ellas fue el carácter abiertamente mestizo de las ceremonias (a punto tal que el chamán terminó rezando, de hinojos, un Padrenuestro), que combinaron ritos probablemente calchaquíes o diaguitas con signos del mas ortodoxo cristianismo.
Otra fue la ceremonia con hilos de colores que, a tenor de los animadores locales, purificaban cuerpos, almas y mentes, aun de aquellos pecadores en situación extrema.
El manejo del fuego, del humo y del alcohol les resultó también sorprendente, tanto como el comunitarismo de ingestas y unciones.
Todo fue bien hasta que las dos niñas que representaban allí a Iruya.com se atrevieron a beber de un trago ese inmenso vaso que contenía una explosiva mezcla de chicha muqueada, whisky nacional, cerveza paceña, fernét, anís seis hermanos, vodka porteña, licor dos plumas y sidra la farruca.
Tamaña imprudencia dio con sus gráciles cuerpos en tierra. Los servicios municipales de emergencia presentes en el acto, evitaron males mayores.
Repuestas del mal trago, Vero y Maca se animaron a contemplar a prudente distancia la evolución de la larga fiesta que terminó en una noche inenarrable que puso a prueba la resistencia de los san antoninos a los efectos del alcohol más agresivo.
La hermética caracterización de nuestras corresponsales logró, incluso, engañar al Primer Matutino en Offeset Integral del Norte que, violando el severo código de la casa, incluyó en su edición de hoy una foto que muestra a nuestras dos bellas delegadas.
Deseamos fervientemente que, si el Inclemente (verdadera antítesis del personaje que inspirara a Mozart y a Metastasio) se entera de este error de su sufrido fotógrafo, no tome medidas en su contra. |