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Ayer, aprovechando uno de los últimos días de la feria judicial, dediqué mi mañana a caminar bajo el tibio sol invernal, característico de la Ciudad de Salta (o, si lo prefiere, de la Intendencia Isa, aunque difícilmente las autoridades comunales se atrevan a declararse hacedoras del benéfico clima local).
 | | Calle Balcarce en Salta | |
| 1. Antes, subí a mi vehículo a una campesina y a su hijo menor de edad que “hacían dedo” en las cercanías del Río Castellanos. Al preguntarle su itinerario, la señora me dijo que venían caminando hacía cuatro horas desde su casa, en los cerros aledaños, y que se dirigían a la Municipalidad de Vaqueros (también conocida como “Intendencia Alemán”) a donde calculaban llegar alrededor del mediodía.
O sea: Llegar caminando a la Municipalidad le insumía 6 horas desde su casa.
La amable señora me comentó también que no había podido aprender a andar en bicicleta, que su caballo no estaba disponible, y que lamentaba la desaparición del ómnibus de la empresa Chávez que antes hacía el trayecto desde Salta hasta Los Yacones (“seai muerto el chofer y no pasa ma el ónebu”).
Mi ocasional pasajera albergaba varias esperanzas: acceder a algún subsidio de esos que reparte el Intendente, y conseguir un alma caritativa que la acerque de vuelta a su casa allá en los cerros.
Por si es usted un desprevenido lector que visita esta páginas desde “la vieja Europa”, desde el Norte poderoso, conviene precisar que esta injuria a la civilización ocurre (varias veces al día, desde hace siglos, y puede que por los próximos siglos) a escasos 11 kilómetros de la ufana Intendencia Isa.
A decir verdad, el servicio de transporte que presta la empresa SAETA dentro de esta zona, deja mucho que desear.
2. El caso es que arribado a la ciudad capital, me vi gratamente sorprendido por unas señales callejeras que anunciaban, con diseño y colores que nada tienen que envidiar a los de las ciudades suizas, un bus turístico.
Como sucede en las grandes capitales del mundo, Salta cuenta desde ayer con un espléndido servicio de transporte pensado por los turistas y curiosos que deseen visitar, a precio módico, los sitios más atractivos de la ciudad: Plaza 9 de Julio, Monumento a Guemes, Iglesias (como La Viña o San Francisco), Legislatura y Mercado Artesanal.
El excelente servicio está, por raro que parezca, a cargo de la misma empresa SAETA que se caracteriza por su acabada incompetencia para identificar a sus autobuses de línea.
Bien es verdad que -en esta materia de la señalética- algo parece estar moviéndose dentro de la compañía (sobre todo gracias a que uno de sus anteriores directivos fue consagrado como “Diputado de Romero” y ahora probablemente se aburre en la Legislatura pero ha dejado en paz a los enfermos y transeúntes): Las unidades están incorporando carteles luminosos que facilitan su identificación.
3. Luego de agotar mi ración reglamentaria de mandarinas, que comí en los cómodos bancos de la Plaza 9 de Julio, y tras recoger cáscaras y semillas, caminé hasta la remodelada calle Balcarce.
Una idea simple, bien ejecutada y mejor concebida, ha cambiado el rostro externo de esta calle que se ha convertido en cita obligada de noctámbulos, artesanos, turistas, ociosos, analistas políticos, cazadores de damas desprevenidas, vendedores ambulantes (de coca, libros, fotos, quinielas y periódicos), lustrabotas y algún que otro “mal entretenido”.
La Balcarce luce estupenda. Ha disminuido el tránsito de vehículos. Los peatones se sienten soberanos y desafían a las insolentes 4x4. El viejo Café Madrid (Bar – Billares) y aquél hotel que no recibe clientes por hora (o, de recibirlos, se entiende que han de pagar el día completo) abren orgullosos sus puertas a clientes nuevos y veteranos.
La iluminación y el engalanado de las rejas de la antigua Escuela Normal de Maestras, merecen un comentario aparte.
Las nuevas y potentes farolas han sido copiadas de las mejores avenidas parisinas.
El negro y el dorado de las rejas de la Escuela, son un claro, merecido y discreto homenaje a la abuela del Gobernador, insigne educadora.
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