Salta debe revisar sus relaciones con Bélgica
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Por Juan V. Cino - Publicado a las 08:22 | lunes 21-07-2008 (leído 290 veces)
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La historia de las relaciones entre el atormentado Reino de Bélgica y nuestra Provincia no ha sido jamás estudiada por nuestros universitarios ni demás actores políticos. Pero entre estas dos comunidades nacionales (si se me permite definir de esta forma a la Salta profunda), hay algo así como un amor no correspondido, a juzgar por las asimetrías con que ambas encaran sus vínculos.
 | | Fabiola de Mora y Aragón y el rey Balduino | |
| Vaya uno a saber por qué, Bélgica, su monarquía y su gente están enamorados de Salta, sociedad ufana que paga con indiferencia y agresividad los requiebros inclaudicables tanto de flamencos como de valones.
Tras sucesivos fracasos en el empeño de instalar una cabecera de puente en Salta, los Belgas decidieron, a comienzo de los años 60, enviar nada más y nada menos que a la pareja reinante: Don Balduino y doña Fabiola.
El pretexto era muy simple: Pese al sabio comportamiento de su esposo, la reina no quedaba embarazada, poniendo en peligro la continuidad dinástica. Fue entonces cuando el primogénito del marquesado de Tojo (el único salteño estrechamente vinculado a la nobleza europea), aseguró a los monarcas que una visita a Salta y una peregrinación ante el santuario de sus Patronos, convertiría a la castiza doña Fabiola en una madre prolífica. Como argumento de peso, el Marqués enumeró casos notorios de beneficios concedidos a parejas locales y visitantes.
El hecho es que don Balduino y doña Fabiola emprendieron el trayecto, sin imaginar que un grupo de amigos de inspiración izquierdista intentarían arruinarle la visita rememorando la historia imperialista de la Bélgica leopoldiana. Dos de esos aguerridos amigos leyeron proclamas, agitaron las calles circundantes al Hotel Victoria Plaza y terminaron quemando la bandera de Bélgica.
Inútiles fueron las amabilidades del señor Gobernador, don Ricardo J. Durand, de la Comisión de Damas del Club 20 de Febrero, y de aquella audaz jovencita que piropeó a SM e Rey. Tampoco sirvieron para recomponer las relaciones aquella célebre visita de los monarcas europeos a un barrio pobre de Salta donde fue convidado con empanadas caseras en medio del patio de tierra que la dueña de casa había engalanado con malvones.
Han pasado más de 40 años desde aquella célebre quemazón. Y justo cuando los empeños del elegante señor Terey y los de nuestro no menos atildado Canciller (don Hernán Cornejo) comenzaban a dar sus frutos, al equipo local de rugby que gira con el nombre de “Los Mayuatos”, se le ocurre infligir la segunda ofensa institucional a la paciente Bélgica.
Nuestros Mayuatos, liderados por Emanuel Caro (pariente cercano del Gaucho amigo de Lugones, y pariente lejano de este cronista), vencieron a un seleccionado belga por un escandaloso 47 a 5.
El triunfo deportivo dejó, al menos, dos cosas en claro: La potencia de nuestros jovenes pechadores, y los benéficos efectos del cambio en la dieta alimentaria de nuestras clases pudientes; un cambio que está extirpando la obesidad, la calvicie y la abulia que, tiempo atrás, amenazaba la tradicional virilidad y bizarría de los habitantes de ambos valles.
Si bien los belgas no se han destacado mucho dentro del panorama del rugby global, tamaño resultado sólo se explica por aquel furor güemesiano que, de tarde en tarde, nos asalta a los salteños en diversos campos de actividad.
Como diría aquel “gran intuitivo”, si para llevarse los tres puntos basta con un 1 a 0, ¿para qué sirve esta explosión de potencia deportiva? Los gritos de cinco exaltados presentes en las tribunas de Gimnasia y Tiro (“humille Salta, humille”), no son argumento suficiente. |