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Salta Noticias

viernes
05 sep 2008
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Chispeantes contactos entre lo divino y lo diabólico en Salta

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Por Juan V. Cino - Publicado a las 11:26 | domingo 20-07-2008 (leído 360 veces)   
Nuestra ciudad es, desde siempre, ámbito de encuentros “amistosos” -pocos- y “rabiosos” -en la mayoría de las ocasiones-, entre los Arcángeles, Serafines y otras potestades, y los emisarios de Belcebú. Los primeros, a causa quizá de contar con un menor número de aliados terrestres, suelen sufrir transitorias derrotas en manos de la legión de endiablados, sobre todo los sábados a la noche y en los ominosos tiempos del carnaval.
Lo sagrado y lo profano
Lo sagrado y lo profano
Pero centrémonos en tres casos de la crónica periodística de hoy.

El primero da cuenta de la caída de un precoz asaltante de iglesias, gracias a la reconocida eficacia de las fuerzas del orden. La polecia local, tras una cinematográfica persecución (es decir, después de corretearlo por varias cuadras), atrapó a un jovenzuelo que había robado hasta tres veces una Iglesia de un barrio de clase media ubicado en el camino que lleva a Cafayate.

Hasta aquí, “todo bien”. Lo curioso es que el autor del robo sacrílego se alzó con una parte del arsenal que guardaba el curita párroco. El ministro, hombre de endiablada puntería (que afina en el Tiro Federal de Salta), hace fe de aquello de “a dios rogando y con el mazo dando”.

El segundo de los casos que muestran estos contactos tangenciales entre lo angélico y lo diabólico, sucede en una coqueta residencia sacerdotal, donde es común ver por las mañanas a piadosos tonsurados haciendo sus oraciones, mientras en esos mismos jardines se pasea un perro asesino, cuyos ojos inyectados en sangre evocan al mismo demonio, y que, a no ser por la acerada cadena que lo sujeta, gozaría devorándose al primer cristiano desarmado que acierte a pasar por ese sitio recoleto y consagrado.

El último es un caso algo más complejo: Una vez más y como viene sucediendo desde que algunos audaces antropologos se dedicaron a expoliar tumbas de habitantes originarios, Cachi ha sido elegido como pista de operaciones de platos voladores del tamaño de un estadio de fútbol.

Pese a los discursos postconciliares que admiten la existencia de vida creada por Dios en otros planetas y galaxias, los salteños creemos mayoritariamente que los extraterrestres son cosa de Mandinga y que nada bueno cabe esperar de sus incursiones.

La novedad de esta enésima aparición de lo que eufemísticamente se conoce como Objeto Volador No Identificado (OVNI), es que su presencia ha sido certificada por cuatro intelectuales que viven en aquel bello pueblo calchaquí, entre ellos un esforzado investigador -mundialmente reconocido- que se pasa las horas esperando nuevas apariciones.

Como la política, en su versión menor, lo tiñe todo en Salta, no han faltado los agoreros que preanuncian estragos como celestial castigo a la doble postergación que viene sufriendo uno de los hijos más ilustres de Cachi: Primero, cuando unos miles de desagradecidos dejaron de votarle y, luego, cuando el Senado que reparte premios y castigos al dictado del matrimonio gobernante, demora su encumbramiento como Embajador de nuestra república en un país centroamericano.
 
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