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Salta Noticias

lunes
06 oct 2008
El blog de Carlos Vázquez Iruzubieta

La jubilación de José Antonio Maldonado, todo un 'cambio climático'

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Por Soledad Moya Grondona - Publicado a las 04:53 | viernes 11-07-2008 (leído 215 veces)   
La imagen del sevillano José Antonio Maldonado -el meteorólogo de Televisión Española- es, por virtud de la globalización de las comunicaciones, una imagen ya universal.
José Antonio Maldonado
José Antonio Maldonado
La previsión del tiempo, junto con los telediarios, son programas que la cadena pública española viene, desde hace años, colocando invariablemente en la grilla de todas sus emisiones para el extranjero, cualquiera sea el satélite que transporte la señal o el continente a la que se dirige.

Maldonado, por tanto, es tan popular en Cádiz como en San Petersburgo; en Abu Dhabi como en San Francisco; en Salta como en Perth.

Por este motivo es aún más de lamentar la noticia de que el señor Maldonado se ha acogido a la prejubilación que, en los últimos dieciocho meses, ha venido dejando al ente público español sin sus principales figuras (Paco Montes de Oca, Julio César Iglesias, Rosa María Calaf, Juan Manuel Gozalo, Cristina García Ramos o Antonio Gasset Dubois).

Maldonado era uno de los pocos -sino el único- presentadores de programas "del tiempo" titulados como meteorólogos. Quizá por esta razón, sus análisis y predicciones eran las más fiables, aun teniendo en cuenta que la mayoría de sus colegas utilizan, como él, la información de la Agencia Estatal de Meteorología como base para la elaboración de sus pronósticos.

España, castigada por el cambio climático, la desertificación, el aumento de las temperaturas y la sequía, extrañará seguramente al único presentador meteorológico que jamás mostraba sus emociones frente a la llegada del calor, del frío, de la lluvia o la nieve, y dejaba que cada quien experimentara sus propias sensaciones frente a los cambios del tiempo.

Neutralidad frente a la información meteorológica


Curioso asunto éste, pues de un tiempo a esta parte, tal vez por el enorme poderío que tiene el sector turístico en España, las olas de calor, los soles de justicia, la ausencia de lluvias y la casi perenne inmovilidad del Anticiclón de las Azores, son fenómenos anunciados por los presentadores del tiempo como "noticias estupendas", por lo menos en comparación con la llegada de los frentes fríos y los cielos grises (muy esporádicos, cuando no inexistentes, en esta época del año) a los que se califica, poco menos, que de "tragedias nacionales".

Frases tan usuales, incluso en nuestro medio salteño, como "por fin llega el calor" o "por fin se va el frío" deberían ser desterradas del lenguaje periodístico por su falta de neutralidad y de objetividad. No se puede -y menos en estos tiempos de cambio climático- identificar el calor con lo bueno y el frío con lo malo, ni a la inversa.

La alegría del "sol y del calor" que transmiten irresponsablemente los medios de comunicación le cuesta a países como España millones de euros por año, pero los españoles se empeñan en ignorarlo.

Las olas de calor disparan el consumo de energía eléctrica hasta límites que se superan a sí mismos casi todos los años, y la energía eléctrica se produce en este país con un petróleo carísimo que además se importa en más de un 80%. Los días de mayor insolación hacen saltar todas las alarmas por los altos niveles de ozono troposférico que se alcanzan en las ciudades, que superan los límites saludables, y se produce un sustancial aumento de la contaminación del aire. Los calores persistentes, al evaporar los pantanos, también hacen disminuir las escasas reservas de agua que tiene este país para abastecer el consumo humano.

El "buen tiempo" favorece, cuando no determina, masivos desplazamientos de automóviles por las carreteras. Las sucesivas "operaciones salida", como se conoce en España al caos circulatorio que se produce en los inicios de los periodos vacacionales, suponen más consumo de petróleo, más contaminación, más muertos en la carretera, más gasto sanitario y en servicios públicos de seguridad vial.

Son demasiados precios y muy altos, sólo para apuntalar una industria, como la del turismo, que según los indicadores, es la que mejor está resistiendo la crisis económica en la que está inmersa España.
 
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