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Gauchos piadosos, elegantes, pero negligentes

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Por Juan V. Cino - Publicado a las 19:01 | lunes 07-07-2008 (leído 369 veces)   
En Salta, los gauchos ocasionales y los gauchos a secas, son un complemento imprescindible en toda fiesta patria o religiosa. Su altiva presencia engalana las calles de nuestra vieja ciudad en septiembre (cuando se rinde masivo homenaje al Señor y a la Virgen del Milagro), para las fiestas mayas y julias, en abril (mes en el que fuera fundada la ciudad) y, como no en junio, cuando los salteños expresan su amor por la Virgen del Perpetuo Socorro.
Procesión de la Virgen del Perpetuo Socorro
Procesión de la Virgen del Perpetuo Socorro
Si bien hay pocos estudios acerca de la vigencia contemporánea de las tradiciones gauchas, es notorio el crecimiento del número de salteños y salteñas bien montados que lucen el tradicional poncho rojo y negro que, según los relatos mas acreditados, usaron los Infernales de Guemes y otras formaciones militares del siglo XIX.

En los últimos doce meses he asistido a casi todas aquellas celebraciones, sin dejar de sorprenderme por la bizarría de nuestros gauchos, por la esbeltez de sus caballos y la elegancia de su atuendo.

Pero este domingo, mientras asistía a la procesión de la Virgen del Perpetuo Socorro, cuya imagen es venerada en la Iglesia de mi barrio (el antiguo y el actual), vale decir, la Iglesia de San Alfonso, si que advertí algunas novedades.

No en la masiva concurrencia de a pie y a caballo. Tampoco en la unción de las familias que acompañaban a la Virgen. Menos aún en el centenar de artesanas catamarqueñas que, puntuales en cuanta cita masiva hay en Salta, exhiben sus dulces primorosamente blancos.

La diferencia estaba en el atuendo de los gauchos. Mientras que en las citas anteriores de este año el paisanaje asistió con ropa elegante pero ordinaria, por lo normal, en esta oportunidad concurrieron con trajes de gala.

Especialmente engalanados iban los gauchos, y también sus caballos, lustrosos, repeinados, cargados de guardamontes (meramente simbólicos, tras la depredación de los bosques que autorizó el anterior Gobierno de la Provincia), y de aperos con detalles de plata boliviana.

La razón de este énfasis y de esta pulcritud era (me enteré al caer la tarde) muy simple: La Virgen del Perpetuo Socorro es considerada por nuestros piadosos hombres de campo como la “Virgen Gaucha”.

El pasado domingo, los Fortines compitieron en galanura, número y bizarría; los hombres exteriorizaban su fe y mantenían en reserva sus encomiendas y ruegos; y los caballos, como si comprendieran la trascendencia del acto, acompañaban briosos y marciales.

Sin embargo, dos acontecimientos afearon el lado civil de la ceremonia.

En primer lugar, la imprudencia de un grupo numeroso de gauchos que permitió que sus cabalgaduras destrozaran los canteros de la Plaza Guemes. Solo nos cabe esperar que los esforzados jardineros municipales logren restañar las heridas de la bella Plaza Guemes.

El segundo hecho lamentable es la lentitud de la “Intendencia Isa” en levantar los excrementos de los caballos que, hasta bien entrada la tarde del lunes, permanecían con su carga de mal olor y de mal gusto en las calles y veredas aledañas a dicha Plaza.

Muchas vecinas, a la par que comentaban indignadas la negligencia del Intendente (Lorenza, una de las mas enteradas, susurraba: "Seguro que este hombre no dejaría que esta hedentina cayera sobre su Colonia"), salieron a barrer las veredas para restablecer el aroma de un barrio acostumbrado a los azahares, a la colonia Atkinson, y a los desodorantes con base en el humo de los braseros invernales.
 
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